2008/09/23

La convivencia


La convivencia puede ser el comienzo de una buena vida o puede ser una experiencia devastadora.

Cuando la pareja es muy joven es más fácil que acepten mutuamente sus antiguos hábitos, que cuando se trata de personas de más de treinta años, pero la convivencia suele representar un verdadero desafío para todos, porque hasta que una persona no convive con otra, no la conoce y a veces aunque vivan juntas a algunas personas tampoco se las llega a conocer nunca.

La defensa del territorio también es un instinto humano y si la nueva residencia es pequeña pueden comenzar los roces sólo porque alguno de los dos se da cuente que en el único placard que hay en la casa apenas cabe su propia ropa.

Ceder parte de un placard que uno necesita y crear nuevos espacios para guardar las pertenencias, es una tarea de titanes que exige mucho ingenio y paciencia, mientras tanto los dos piensan lo cómodo que estaban en sus respectivos domicilios de solteros.

Claro que una pareja se puede recuperar de esos contratiempos con solo unos mimos, pero sólo hasta que llega la hora de comer y descubren que en la heladera solamente hay soda y cubitos.

Pero esta contrariedad hoy puede ser subsanada inmediatamente con un delivery y los tortolitos pueden resolver su problema y disfrutar en el flamante hogar común de su primera cena juntos, comprada afuera.

A los jóvenes, les gusta vivir a su manera, dejar sus cosas desparramadas por la habitación, amontonar ropa sucia y comer cuando tienen hambre, siempre que haya alguien dispuesto a ocuparse de esos menesteres.

Si subsiste el desorden y no hay nada para comer mientras se dedican a ver el partido, tal vez se pongan de mal humor y no sepan muy bien por qué.

Es increíble la dependencia que crea una madre solícita que nunca se cansa y que siempre está disponible para prepararle una minuta a su querido hijo con amor.

Pero las cosas cambian y ya no es la madre la que vive con él sino su pareja, que tiene el mismo derecho a que le sirvan la cena.

Por lo tanto, cuando termina la luna de miel comienza la etapa de la lucha por el poder.

El primer intento es tratar de manipularse mutuamente con los silencios y los monosílabos, o peor aún levantando la voz y pisando fuerte ensayando poses como para probar el efecto de la estrategia.

La lucha por el poder puede no terminar nunca y entonces se pueden llegar a convertir en dos enemigos, o puede ser que uno de los dos ceda y quede establecido quien manda; o bien podría ocurrir algo mejor, que los dos se acepten mutuamente como son y proceder a atenderse por si solos sin esperar que el otro sea su lacayo.

Pero si hay amor verdadero, ambos en forma alternada, querrán cocinar, lavar la ropa y asear la casa para los dos.

Para llegar a este nivel hay que aprender a negociar antes de discutir, porque en una relación de pareja todo puede ser moneda de cambio.

La negociación es la mejor manera de llegar a un acuerdo consensuado en buenos términos, equilibrado, justo, como dos personas civilizadas para evitar las eternas discusiones por las mismas cosas y mantener definitivamente la armonía entre ellos.

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