2008/10/07

Casimiro Molina



Casimiro Molina cerró la puerta detrás de él y juró que nunca más persona alguna atravesaría el umbral de su casa.

Necesitaba encerrarse entre las cuatro paredes de su cuarto y no ver a nadie porque se le revolvía el estómago cuando pensaba en lo desagradecida e injusta que era la gente.

Pensar que él les había dado trabajo a casi todos en ese pueblo de mala muerte y sin embargo sólo le tenían envidia por ser el más rico.

Se preguntaba qué es lo que había hecho mal para recibir tanto desprecio después de tantos años, cuando ya su tiempo en esta vida se le estaba acabando. Lo cierto era que estaba muy cansado y por primera vez se sintió muy solo.

Su mujer lo había abandonado hacía muchos años, tantos que ya no se acordaba cuántos habían sido. Se había llevado a sus dos hijos que se fueron casi sin saludarlo, con apenas una valija en cada mano y sin dejar dirección alguna.

Casimiro se miró al espejo y vio su rostro envejecido y amargado. Le pareció ver que su imagen le sonreía burlona mientras él permanecía tieso allí parado.

No sabía bien que es lo que sentía, pero en ese momento hubiera dado cualquier cosa por tener a alguien que lo quisiera al lado.

Sabía bien que a él sólo lo querían por su dinero, porque nunca había sido capaz de ganarse el corazón de nadie con sus actos.

Mientras el sol afuera iba cayendo, la tristeza más y más lo iba invadiendo. Decidió entonces irse a la cama, pero no podía pegar los ojos por más que lo intentaba.

Pensar en las ganancias que día a día acumulaba, habitualmente lo deleitaba; pero ese día se sentía diferente porque no podía pensar en nada. Entonces se quedó muy quieto mirando el techo donde le pareció ver su existencia reflejada.

Necesitó toda una vida de errores para ver la verdad cara a cara, porque recién en ese preciso instante se dio cuenta que es lo que para él era importante.

Se levantó decidido y puso algunas cosas en una valija saliendo después de su casa sin rumbo fijo.

Lo poco o mucho que le quedara por vivir sería para encontrar a sus hijos.

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