Los Ángeles



En el libro del conocido escritor y periodista argentino, desaparecido no hace mucho tiempo, Victor Sueiro, titulado “El Ángel de los Niños”, este autor relata un episodio que pudo llegar a ser trágico, ocurrido hace veinte años, en el Edificio “Alas”, que cuenta con 41 pisos, ubicado en la Avenida Leandro Alem y Viamonte de la Capital Federal de Argentina.

En uno de los departamentos del 5º Piso, vivía Daniela Pons, que en ese momento tenía tres años.

El 23 de marzo de 1988 a la noche, la familia decidió salir a cenar afuera, acompañados de los tíos de la pequeña.

Se dirigían a los ascensores para bajar, cuando un grito desgarrador del padre de Daniela, que permanecía petrificado frente a la puerta abierta de uno de ellos, que dejaba al descubierto el hueco negro amenazante del ascensor que no estaba, los sumergió en el mismo terror de la consumación de una tragedia. En un descuido, el cuerpito de la niña había caído irremediablemente hasta la profundidad del segundo subsuelo.

El tiempo pareció detenerse y todos vislumbraron la sombra terrorífica de la muerte acechándolos para devorar a su presa.

Corrieron estrepitosamente escaleras abajo como locos, en una carrera desordenada y patética acompañada de llantos, ruegos y gritos de desesperación.

Al llegar al primer piso, como el ascensor venía bajando, uno de ellos lo detuvo para bloquear la puerta y evitar que llegara al subsuelo donde sabían que estaba Daniela, treinta metros abajo del lugar de la caída.

Cuando la localizaron, milagrosamente la niña estaba llorando y se aferró a su tío que fue el que se aventuró a bajar hasta donde se encontraba.

Inmediatamente fue llevada en ambulancia hacia el Hospital Aeronáutico, donde fue examinada y se le tomaron radiografías y con gran sorpresa de todos los profesionales que intervinieron, no le encontraron lesiones de ningún tipo.

El Dr. Camarota explica que una caída de esta naturaleza produce lesiones graves que compromete la vida de la víctima con resultado fatal en la mayoría de los casos.

Sin embargo, después de haber sido examinada por siete médicos clínicos y especialistas la conclusión unánime fue que estaba ilesa.

La realidad como la conocemos es que Daniela debería estar muerta o lesionada muy seriamente y al borde de la muerte, en cambio estaba saltando y jugando en la cama como si no hubiera pasado nada.

Cuando le preguntaron a la niña qué había sentido al caer contestó que dos angelitos celestes la habían bajado mientras ella podía ver cómo iban pasando rápidamente las luces que se filtraban por las puertas de cada piso.

Es difícil que una niña de tres años invente una explicación de esta naturaleza cuando no ha tenido experiencias previas de donde sacar esa historia.

Creo que puede haber una explicación científica para este fenómeno que todavía no conocemos. Tal vez el cuerpo de un niño tiene la suficiente elasticidad para caer lo suficientemente relajado como para no lesionarse, pero esta suposición claramente, por ahora no resiste las leyes de la física.

O también podría ser un milagro, algo que nos admira y que no tiene explicación lógica, que no condice con el comportamiento de la realidad como la conocemos y que nos hace pensar que puede existir otra realidad con el poder de cambiar el curso de los acontecimientos, principalmente para que aprendamos a no dar todo por sentado.


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