2009/08/05

Confesiones de un Condenado



(Extraído de una crónica de la vida real)


Los días transcurrían todos iguales y la esperanza de salir en poco tiempo era lo único que lo sostenía.

Siempre fue un hombre difícil, con la tendencia a andar por mal camino y juntarse con tipos como él, pendencieros y desconformes, incapaces de hacer algo bueno.

Aunque en ese lugar no se podía confiar en nadie, pudo conectarse con alguien como él, el hombre que tenía al lado, con una vida desperdiciada, siempre metido en líos y navegando por aguas turbias, pero que le pareció estaba dispuesto a escucharlo.

Quería desahogarse, porque llega un momento en la vida en que el peso de la conciencia es tanto que se puede llevar a anhelar la muerte para poder liberarse.

Le confesó que toda la vida había robado para vivir y para drogarse, y hasta ese último intento en que cayó preso por asaltar un banco, nunca lo habían atrapado.

Una sola vez había tenido que que matar a un hombre. Era un anciano, cuando asaltó su casa una noche y el viejo intentó amenazarlo con un revólver.

Tenía un martillo que había encontrado en una caja de herramientas al entrar al garage, que estaba abierto, y lo golpeó con él con tanta fuerza que le rompió el cráneo, impidiendo que el pobre hombre pudiera disparar un solo tiro con su pistola

Esa muerte le pesaba en el alma, porque después pensó que no había sido necesaria. Con sólo haberle dado un leve golpe lo hubiera desmayado y hubiera podido desvalijar la casa tranquilo. Sin embargo no se pudo contener y en un arrebato de violencia lo había matado.

El otro preso lo escuchó en silencio pero pudo ver con inquietud que sus ojos brillaban de un modo extraño.

Por fin quedó libre después de haber pagado su condena y volvió a su mísero cuarto.

Lo único que tenía cerca para mojar la garganta con alcohol, era un pequeño boliche de mala muerte a pocas cuadras, donde podía comer algo, planear algún golpe o hablar con alguien cuando la bebida le hacía soltar la lengua.

Se encontró con dos hombres de dudoso aspecto que parecían estar planeando algo. En un principio los sujetos lo ignoraron pero después comenzaron a interesarse en él cuando les dijo que había estado preso.

Juntos proyectaron algunos trabajos y entraron en confianza; y una noche, cuando los tres parecían estar alcoholizados empezaron a hablar de sus hazañas.

Fue allí cuando ingenuamente el ex presidiario se animó a alardear de su asesinato y pudo sentirse más importante al ver que los otros dos, con atención, se quedaron escuchando.

Cuando terminó con su detallada confesión, esos dos hombres sacaron sus credenciales y se dieron a conocer como policías, deteniéndolo y llevándolo a prisión para ser enjuiciado.

Él nunca llegó a saber que su compañero de celda lo había denunciado y que para evitar poner en evidencia al informante, la policía esperó que saliera de la cárcel para que con la ayuda de dos agentes encubiertos lograran que este asesino confesara su delito aberrante.

Cuento publicado en el Foro de Cuentos del diario "La Nación" con el seudónimo Malena2005, escrito por Malena Lede

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