2009/11/03

Servidumbre de Amor




Muchos afirman que el amor nace cuando se cruzan dos miradas y que es difícil que pueda surgir un sentimiento entre dos personas cuando una sola de ellas es la que mira, mientras el otro está en otra cosa.

Sin embargo, muchas mujeres se empeñan en atraer a quien no las mira arriesgándose a padecer siempre con esa persona la misma indiferencia.

También les pasa a los hombres, pero ellos están acostumbrados a darse vuelta cuando ven pasar una falda, atrevérsele a cualquier mujer y a ser rechazados de plano, entonces, lejos de desesperarse o sufrir por eso, esperan que pase otra para intentar hacer lo mismo.

El hombre busca hasta que al fin encuentra, la mujer espera y si es inteligente elige entre aquellos que se manifiestan muy interesados.

No deben existir mujeres jóvenes que no sean asediadas por los hombres, porque por lo general, ellos no suelen ser demasiado exigentes cuando quieren tener a una mujer al lado, y además las ven con otros ojos, no con los de ellas que se fijan de manera obsesiva en los más minúsculos detalles, la media corrida, el color de sus labios, una uña quebrada disimulada con el esmalte, la cartera que no es del mismo exacto color que los zapatos, el pelo que le quedó demasiado ondulado o lacio.

Ellos no se dan cuenta si son altas o bajas, si son gordas o flacas, blancas o negras, europeas o asiáticas, sino que perciben el conjunto, prestando mucha atención a la armonía que tiene su cuerpo, principalmente de la cadera para abajo.

Una mujer tiene que comportarse con su pareja tal cual es, debe sentirse cómoda y no tener que fingir ser otra, ni tratar de maravillar con sus conocimientos, su experiencia o su conversación, porque en general los hombres las prefieren calladas, con poca historia para contar y si es posible con sólo el ciclo básico aprobado.

Porque si una mujer desea tener una conversación intelectual que le haga sentir una satisfacción tan intensa como un orgasmo, tendrá que hacerlo frente a un espejo o en su trabajo o con alguna amiga que sepa algo.

Porque el hombre no puede evitar competir con una pareja que amenaza con saber más que él, porque para eso ha sido hecho, para la guerra, entonces toda mujer tiene que evitar el enfrentamiento y tener la sagacidad para darse cuenta si está hablando de más o si está más informada que él de algo.

Tan bajas exigencias hace que el mundo esté hecho de puras parejas que están juntos y al mismo tiempo separados y que terminan andando cada una por su lado, tratando de encontrar un alma gemela para poder expresar lo que no puede con su pareja.

¿Dónde están los hombres y las mujeres que saben escuchar, que se interesan en qué es lo que está sintiendo el otro, que se acuerdan de los cumpleaños y de los aniversarios y que se compran regalos mutuamente pensando en el otro?

¿Dónde se encuentra ese hombre desinteresado, generoso y amoroso, dispuesto a salir después de haberse sacado el traje y la corbata; y esa mujer sensual, perfumada y delicada, decidida a ir a la cama para un encuentro cuerpo a cuerpo con su amado?

Estos seres son sólo arquetipos, ideas, entelequias que pueden ser posibles en otras dimensiones, pero no en ésta, tan densa y pesada, que nos obnubila el pensamiento, nos hace subir de peso y nos embota la mirada, dejándonos incapaces de hacer nada.

























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