2010/01/27

La Dieta y la Actividad Física



Pensar en bajar de peso exige un cambio de conducta en la alimentación y la necesidad de incorporar a la vida cotidiana más movimiento.

Hay que estar dispuesto a cambiar y a renunciar a modos de vida que nos obligan a ser sedentarios, a caminar poco, a permanecer sentados mucho tiempo y a trasladarnos en auto o vehículos públicos a todos lados.

La televisión y la computadora son actividades pasivas que no exigen ningún esfuerzo físico y a veces podemos estar varias horas frente a un televisor o una computadora casi sin darnos cuenta.

El problema de la obesidad es como cualquier otro problema, o sea, no darse cuenta de las consecuencias de las acciones que nos pueden perjudicar, como en este caso comer o beber en exceso, o hacer una vida sedentaria.

Todas las personas pueden estar en condiciones de aumentar su movimiento, sin límites de edad o aparente impedimento físico, porque moverse es saludable.

De modo que mejor que estar acostado es estar sentado, mejor que sentado es estar parado, mejor que parado es caminar y mejor que caminar es correr.

Caminar es la mejor opción para bajar de peso y también la más económica; la cuestión es hacerlo en forma metódica y no en forma ocasional.

Quince minutos de caminata diaria es bueno, media hora es mejor y una hora es excelente.

Toda dieta da mucho mejor resultado si a la vez se realiza alguna forma regular de actividad física.

Lo ideal es hacerlo con gusto y crear un hábito, por eso es conveniente elegir una actividad física que agrade.

Tanto la dieta como la actividad física son condiciones que deberían formar parte de la vida siempre; no sólo para vernos bien, sino también para recuperar la buena salud.

La actividad física ha brindado la posibilidad a muchos enfermos del corazón de salir de la lista de espera para transplante, de manera que en algunos casos puede evitar intervenciones quirúrgicas riesgosas o por lo menos postergarlas.

La vida es movimiento y se puede decir que casi todos pueden realizar caminatas en forma regular todos los días por más ocupados que estén.

Trabajar todo el día no es un obstáculo, porque basta con estacionar el auto a veinte cuadras de la oficina o bajarse antes del transporte que nos conduce a casa o al trabajo.

Las caminatas diarias modifican nuestro metabolismo, permiten recuperar el vigor, la agilidad, el optimismo y la alegría de vivir; principalmente por el hecho de saber que estamos haciendo algo que es bueno para nosotros mismos.

La vida sencilla y saludable y los buenos hábitos, favorecen el cambio de la perspectiva, mejora el humor, levanta la autoestima, ofrece nuevas oportunidades, disminuye la posibilidad de conflicto y favorece la salud mental.



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