2010/02/19

La Ley de Causa y Efecto


Lo que se manifiesta en el presente se puede entender si buscamos su causa en el pasado.



Cada acción, pensamiento o intención es como un boomerang, porque produce un efecto que vuelve, en forma consciente o inconsciente.



Cada cosa que sembramos, luego cosechamos. Es un sistema de premios y castigos que tiene la naturaleza que va guiando de esta manera nuestra conducta hacia la perfección.



Mucha gente se niega a creer en esta ley y no aceptan que sea verdad que las acciones tengan su consecuencia justa, aunque lo vivan en carne propia; prefieren creer en cambio que lo que les sucede no tiene ninguna relación con su conducta del pasado y que lo que les pasa ahora sólo es producto de la casualidad o la mala suerte.



Cualquier acción, por insignificante que sea produce una reacción en el Universo. Somos productos del ayer, desde el punto de vista psicológico, emocional y material y según nos comportemos hoy así será nuestro futuro inmediato o lejano.



Y sin embargo, somos seres libres. Libres de elegir qué hacer con nuestros actos y modificar de esta manera nuestro futuro.



Si esto es cierto, todo ser humano está en condiciones de visualizar cuál será su futuro en virtud de las decisiones que tome.



Podemos hacer que nuestra vida sea excelente y exitosa, cuidando solamente nuestras actitudes y actuando en forma correcta, sin dañar ni molestar a nadie con la palabra, con nuestros actos u omitiendo hacer lo que nos corresponde.



Si generamos buenas acciones cosecharemos buenos resultados.



Las personas tienden a entender que lo que les pasa desagradable es injusto, porque no todo lo que hemos hecho en el pasado está presente en nuestra memoria en forma consciente. Muchas veces han sido acontecimientos o emociones vividas inconscientes.



Esta ley está influyendo en nosotros y en nuestra vida todo el tiempo, sin embargo la mayoría no le da importancia y cree que no estará sujeto a ella.



Somos producto del material genético de nuestros padres; lo que comemos produce un efecto en nosotros, las pérdidas de nuestros familiares nos afectan y además afectaremos y nos afectará todo grupo con el que nos relacionemos.



De modo que si le damos alegría y felicidad a los que nos rodean también nos proporcionará lo mismo a nosotros.



Los deseos crean intenciones, las intenciones le dan forma a nuestros actos y según sean nuestros actos será nuestro destino.



Por eso es importante no vivir en forma automática sino ser consciente de todos nuestros actos y ejercer nuestro libre albedrío.



Si una persona está siempre de mal humor y se comporta en forma agresiva, solo si toma conciencia de este estado de ánimo puede cambiarlo y modificar su destino.



Convertirse en un observador de uno mismo hace que la conciencia adquiera el mando y dirija la vida hacia donde uno desee.



Por esta razón el que cambia de forma de actuar puede cambiar su vida, porque somos esclavos de nuestros condicionamientos.



El hombre tiene oportunidad de cambiar solamente cuando está en crisis, porque si le va bien en todo jamás cambiará.



Las crisis son las que permiten cambiar el rumbo y crecer, de modo que toda adversidad tiene también un beneficio.



Por eso, para el que todavía no cree en la ley de causa y efecto, trate de prestar atención a los acontecimientos, tanto propios como ajenos y podrá comprobar si funciona.



No lo atribuya al azar y trate de ver la causa que subyace.

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