2010/08/23

El Destino de las Ideas




Creo en el libre albedrío y en nuestro propio poder para elegir nuestro camino; creo que todos nosotros nacemos con una tendencia que nos orienta en la vida para hacer algunas cosas y no otras; pero también creo que nuestra conducta, puede a veces estar condicionada por la experiencia que hemos tenido y por el aprendizaje, condicionamientos que hacen que hagamos oídos sordos y la vista gorda a las oportunidades que nos ofrece la vida, por miedo, inseguridad, baja autoestima y poca confianza en nosotros mismos.

La tarjeta de crédito se ha convertido en poco tiempo en un elemento imprescindible en casi todo el mundo civilizado.

Estoy convencida que el dinero de plástico reemplazará finalmente al papel moneda tradicional y todo, absolutamente todo se podrá adquirir con una tarjeta.

Actualmente, en varios países, hasta se puede dar una limosna en las iglesias católicas con tarjeta de crédito, se puede comprar el diario, cigarrillos en cualquier esquina y hasta pagar el taxi.

Los medios de transporte público ya están incorporando plástico para los pasajeros cotidianos, liberándolos de la esclavitud de contar con cambio.

Recién en 1950 se puede decir que fue el verdadero comienzo de la era de las tarjetas de crédito; después que el empresario Frank McNamara, se encontró en una situación embarazosa en un restaurante de lujo, cuando se dio cuenta que no tenía dinero para pagar la cena.

Esa situación le abrió los ojos para ver un posible negocio, y junto con su abogado Ralph Schneider fueron los creadores de Diners´Club, tarjeta que podía utilizarse en 27 restaurantes de Nueva York.

Al principio, los portadores de la tarjeta fueron doscientos empresarios destacados, pero después de un año ya contaba con veinte mil miembros que la utilizaban en más de mil establecimientos.

En el año 1958 le siguió la compañía American Express, que se dedicaba al negocio de los cheques de viajero y poco tiempo después el Bank of America creó la primera tarjeta de crédito bancario que en 1977 pasaría a llamarse VISA.

Así, a partir de un hecho que se podría llamar fortuito, una cena con un amigo y un papelón mayúsculo, apareció la idea de difundir el dinero plástico por todo el mundo.

Y así como esta idea, muchas fueron las ideas que se gestaron en el garage de una casa particular, terminando siendo la semilla de un emprendimiento millonario.

La idea es todo, el dinero es secundario, porque cuando uno tiene una buena idea, todos quieren invertir en ella, sólo hay que creer firmemente en ella, tener audacia y confiar en uno mismo.

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