2010/09/29

Hacerse cargo



Hazte cargo de ti mismo, de tu subsistencia, de tu aprendizaje y de tu educación, tratando de ser cada día mejor, mejor amigo, mejor compañero, mejor pareja, mejor comerciante, mejor conductor.

Hazte cargo de tus responsabilidades, pagando tus cuentas, tus impuestos, tus deudas y tus infracciones de tránsito, sin sufrir ni sentir ningún dolor.

Hazte cargo de tus hijos, cuidándolos, educándolos con el ejemplo, dándoles la oportunidad de estudiar, estimulando su vocación, tratándolos con honestidad y respeto y con amor.

Hazte cargo de tu esposa, tu amante o tu amiga íntima, aunque trabaje y gane más que tú, porque en toda pareja, toda mujer necesita que un hombre la proteja.

Hazte cargo de los gastos de tu casa, sin mezquinar el dinero, para que toda la familia pueda disfrutar de un ambiente grato y pacífico y pueda satisfacer sus necesidades afectivas y de subsistencia y la considere su mejor lugar de residencia.

Hazte cargo de tus mayores, ayudándolos de todas formas, visitándolos y haciéndoles compañías cuando puedas, llamándolos por teléfono, e invitándolos alguna vez a tu casa, para tu cumpleaños, o para los cumpleaños de tus hijos, o para Pascua o el día del padre o de la madre, o para Navidad o Año Nuevo.

Los ancianos se dan cuenta que están vivos cuando alguien se acuerda de ellos, porque si no tienen a nadie que se interese prefieren estar muertos.

Hazte cargo del consorcio de copropietarios donde vives, paga las expensas puntualmente, ayuda a tus vecinos, respeta al encargado de la portería, porque es el capitán del barco que impide que naufrague el edificio cada vez que se produce un colapso en las cañerías.

Hazte cargo de tus amigos, tendiéndolos una mano cuando lo necesiten o te pidan ayuda, apuntalándolos en las desgracias y acompañándolos en las tragedias.

Respeta a los comerciantes de tu barrio que te atienden todo el año, al panadero, al sodero, al verdulero, al diariero y al chino del supermercado; porque todos están trabajando para resolver tu abastecimiento cotidiano, intentando soportar la inflación y salir adelante con todos los gastos.

Trata de ser generoso con tu dinero y no avaro, porque el dinero tiene que circular, si no se coagula como la sangre y te marchitas; pero no lo gastes todo, reserva todos los meses el diez por ciento para cualquier emergencia o para cuando salgas de vacaciones con los chicos.

No le temas a la vida, porque si te rindes, te entregas, no te resistes, y no te empeñas en cumplir con tus modestos planes rígidos, la vida te deparará cosas que jamás te hubieras atrevido a soñar, y lo conseguirás todo desde lo más grande hasta lo más chico.

Pero todo esto siempre viene solo, como un soplo del destino, sin tu preocupación ni tu intención, dejándote llevar por los acontecimientos para que las cosas sean como son.

El mundo está perdiendo la salud, porque la mayoría no se hace cargo de sus responsabilidades, alguna vez o nunca,  como tu.

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