2010/10/14

Mentes sanas en cerebros enfermos



Actualmente la expectativa de vida se ha prolongado, pero no siempre cantidad equivale a calidad.

Sabemos que a medida que pasan los años el cuerpo y la mente cambian, pero este proceso no es igual en todas las personas. Algunas mujeres tienen una madurez más dignas que otras, se mantienen ágiles, interesadas en su entorno, vivaces, llenas de vitalidad y de intereses, les gusta sentirse útiles, hacen gimnasia, yoga, asisten a conferencias, leen, se reúnen con sus amigas y hasta tienen algún amigovio cama afuera.

Este estilo de vida las preserva de enfermedades o malestares recurrentes y hasta es probable que nunca vayan al médico.

Es necesario prepararse para vivir más años con buena calidad de vida, permaneciendo entero, con todos nuestros sentidos funcionando, buena memoria y la capacidad para ser autosuficiente.

El vivir aferrados a cosas del pasado, sentir preocupación por el futuro o pensar que la edad avanzada significa nuevos achaques, pérdida de la memoria y de las demás funciones, afecta nuestra salud física y puede adelantar el proceso de envejecimiento.

No necesariamente la genética triunfa en cuanto a enfermedades se refiere, porque también se necesita el factor psicológico que puede o no permitir su desarrollo.

Monjas de la congregación de Notre Dame en Estados Unidos, participaron de un estudio cognitivo durante algunos años.

Se decidió investigar esa población por el alto promedio de edad de sus integrantes que era de ochenta años y que tenía un bajo porcentaje de enfermedad de Alzehimer.

La madre superiora que participaba de la prueba todos los años obteniendo buenos resultados, decidió donar su cerebro para su estudio.

Una vez que falleció, se procedió a hacer la investigación correspondiente y se pudo constatar que indicaba marcadores biológicos de la enfermedad de Alzehimer, sin haber experimentado nunca ningún síntoma.

Era difícil creer que una persona enferma físicamente podía haber tenido su mente sana, funcionando normalmente, sin acusar ningún indicio de enfermedad.

La respuesta a este interrogante es que la madre superiora mantenía una intensa estimulación cognitiva espontánea debido a la actividad usual que tienen las monjas en sus vidas cotidianas, participando en debates, lecturas, talleres de escritura, todos factores considerados protectores contra la enfermedad de Alzehimer.

Ese estudio hizo que los científicos comenzaran a valorar la actividad cognitiva como un entrenamiento importante para mantener la mente lúcida.

Los programas cognitivos incluyen desafíos, cambios y aprendizaje, tres factores que caracterizan a los jóvenes pero que se van perdiendo con los años.

Existen algunos ejercicios que podemos realizar en casa, como ver una película y después intentar contarla, hacer cuentas con la mente, por ejemplo en el supermercado calculando con antelación cuánto tendremos que pagar en la caja por lo que llevamos, utilizar más la mano izquierda o tratar de reconocer las voces de las personas que nos llaman por teléfono y recordarlas todas al final del día.

Por otro lado, el ejercicio aeróbico, como caminar o andar en bicicleta estimula la zona de los lóbulos frontales del cerebro, que está relacionada con la habilidad para tomar decisiones, para organizarnos y estar atentos.

El estado de ánimo también influye en la memoria, por lo que es recomendable mantener el equilibrio emocional y tener posibilidades de recreación, de hacer algún hobby, de desarrollar alguna actividad intelectual o de tener intereses culturales, una vida social y activa y oportunidades de hablar con gente joven.

Fuente: Revista Sofía “Mentes sanas y ágiles”, Teresa Torralba, Jefa de Neuropsicología del Instituto de Neurociencias Cognitivas (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

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