2010/12/02

Adicción a los medicamentos



Entré a la farmacia y me sorprendió la cantidad de gente que estaba esperando ser atendida.

No pude evitar pensar: ¡cuántas personas enfermas!, y eso que estamos casi en verano y ya nos despedimos de las usuales enfermedades del invierno, como las gripes, las anginas, las toses espasmódicas, las alergias y los resfríos.

Pero la mayoría lucía saludable, entonces pensé, tal vez no estén enfermos y estén haciendo lo mismo que yo en este momento, comprar remedios por si acaso. Por si acaso tienen un dolor de cabeza, un malestar estomacal, estreñimiento o diarrea, un resfrío de verano, tortícolis, urticaria o una uña encarnada.

Nadie está exento de sufrir una lumbalgia por levantar algo pesado o hacer un mal movimiento, ni de hacerse una lesión jugando al fútbol, ni de tener un sarpullido, una picazón, un dolor de garganta o una hinchazón.

La gente que estaba en la farmacia compraba remedios de venta libre, de los que hay muchos, cada vez más, porque las farmacias han diversificado sus ventas, de modo que no sólo se pueden comprar medicamentos sino una cantidad de cosas más que no necesitan una enfermedad como fundamento.

Como complemento nutricional las vitaminas son las preferidas por las personas mayores, y para bajar el colesterol malo la lecitina de soja, las pastillas de colágeno mejoran la piel y es buena para la caída del cabello, y el ginkgo bilova es lo mejor para la circulación de la sangre del cerebro.

La visita a la farmacia se complementa con un paseo por la dietética, que es donde venden todas las semillas necesarias para mejorar distintas funciones del cuerpo.

¿Qué presupuesto aguanta tener que comprar tantas cosas para mantenerse entero y bien? Aunque lo más probable es que ya figure en nuestros genes el día y hora de nuestro fallecimiento.

Pero como somos lo que creemos, nos sentimos mejor teniendo en casa todo un arsenal de remedios para defendernos de los supuestos malestares que seguramente nunca tendremos, y que deberemos tirar a la basura ni bien expire la fecha de vencimiento.

Sin embargo, la sensación de estar haciendo algo para sentirnos bien con la intención de tener una mejor calidad de vida, y no tener que depender de otro, hace que valga la pena esta manía aunque resulte costosa; que beneficia sin ninguna duda a los laboratorios que fabrican todas esas cosas.

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