Publicado por Malena el lunes, 20 de diciembre de 2010

La Crisis de la madurez



¿Hasta qué punto es cierto que el avance de la edad produce una crisis en si misma?

Estudios sociológicos revelan que sólo el 26% de los adultos entrevistados de más de cuarenta años aceptaron haber experimentado tal experiencia. Esto no significa que no tengan ningún problema sino que el sufrimiento que suelen experimentar no se refiere tanto a la edad que tienen sino a las pérdidas de sus seres queridos.

Freud era el que pensaba que a la mitad de la vida la persona sufre una crisis vital, principalmente debido al temor a la muerte.

Aunque es verdad que la gente se resiste a envejecer y hace lo posible para continuar luciendo joven, a esa edad es cuando refieren sentirse más felices y satisfechas que los adultos más jóvenes.

Estas personas están viviendo plenamente, se han desarrollado en sus trabajos, pueden ver gran parte de sus proyectos cumplidos y a sus hijos crecidos.

Tal vez puede ser que se sientan en crisis aquellos adultos mayores que no han cumplido con sus expectativas por alguna razón, en general por propia iniciativa, porque decidieron no formar un hogar, no tuvieron hijos o no se comprometieron con ningún interés laboral ni con ninguna actividad artística.

Sentirse bien no tiene que ver con la posición social ni con los bienes materiales, más bien es una cuestión de equilibrio interno, de sentir que se está en la senda de un camino personal hacia el cumplimiento de un objetivo propio.

Cuando se está más cerca de la vejez y los hijos se alejan, la pareja normalmente se une más y tiene la oportunidad de vivir de nuevo como cuando no tenían hijos.

La relación se hace más estrecha, se entienden mejor y se aceptan y difícilmente necesiten discutir o pelear por cosas que antes parecían importantes.

La edad no tiene nada que ver, son las circunstancias las que tal vez se vuelven críticas, cuando existen desavenencias conyugales, o problemas laborales.

Estamos diseñados para aceptar la edad que tenemos y seguir adelante; y la sabiduría que dan los años permiten pensar que bien vale la pena llegar a viejo.




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