2011/01/03

Zoroastro

Asia Central es la tierra de los arios y esa fue la patria de Zoroastro. 

Este legendario personaje nació cerca de la actual Teherán.

El primer Zoroastro aparece hace cuatro o cinco mil años antes de nuestra era, en una tribu nómada de la más pura raza blanca.

En esa época todos adoraban al Sol y ofrecían sacrificios al fuego.

Muchos siglos después fueron invadidos por los turanios, que provenían del norte y de Mongolia, que eran más corpulentos, de ojos pequeños y piel amarillenta, raza astuta de ladrones, fabricantes de armas, afectos a la mágia y el encantamiento, ricos y poderosos que satisfacían sus más crueles deseos.

Durante la constante lucha entre estos dos frentes, nació un joven llamado Ardjasp descendiente de una familia real.

Un día un visionario le predijo que reinaría sin corona pero que tendría más poder que todos los soberanos de la tierra y estaría coronado por el Sol.

Pasó un tiempo y una mañana llegó a un valle verde y fecundo y en la parte más intrincada del bosque encontró una fuente donde una mujer vestida de blanco llenaba un cuenco.

Le dijo que en ese lugar reinaba el patriarca Vahumano, guardián del fuego y servidor del Altísimo y le advirtió que si tomaba agua de esa fuente lo abrazaría una sed inextinguible que sólo Dios podrá apagarla.

Ardjasp vivió tranquilamente de la fuente sin preocuparse por la advertencia y se fue del lugar olvidando su aventura.

Pasaron algunos años y el rey de los turanios venció a los arios, y para mantener su poder, hizo construir una fortaleza de piedra en Irán.

Ardjasp se rindió con su tribu sólo para estudiar los movimientos de sus enemigos.

El rey de los turanios reinaba con gran pompa.  Un día sus súbditos les llevaron a una cautiva, una hermosa mujer que Ardjasp reconoció como la desconocida que había encontrado en la fuente del bosque recogiendo agua con su cuenco.

El rey decidió entregarla en sacrificio, pero cuando Arduizur, la cautiva, vio a Ardjasp le gritó con desesperación para que la salvara.

Se enfrentó entonces Ardjasp a sus enemigos con su espada y cuando estaba a punto de ser vencido el rey le ofreció la vida y la mujer si aceptaba someterse a su Dios.

Ardjasp fue retenido por sus compañeros y escuchó el grito de Arduizur hasta caer desvanecido.

Cuando despertó sólo sintió sed de venganza inextinguible, de justicia y de poder, para poder liberar a Arduizur y el alma de su raza.

Corrió al galope con su caballo hasta los montes de Albordj, donde halló al patriarca Vahumano, administrando justicia a su tribu y le pidió ayuda para hacer justicia.

El patriarca sólo podría ayudarlo si poseía el don de la paciencia, renunciara a todo y podía desafiar al tiempo.

Como estaba dispuesto a todo entonces Vahumano decidió brindarle ayuda.

Le dijo que debería quedarse con ellos y abandonar a los suyos y que a partir de ese momento se llamaría Zarathustra, nombre Zenda del que tomaron los griegos la forma posterior de Zoroastro.

Se convirtió así en el discípulo del patriarca, conservador de una tradición que se remontaba a la Atlántida, y le enseñó todo lo que sabía de la ciencia divina y del mundo.

Zoroastro vivió grandes privaciones, y eternas e infructuosas esperas, sufrió lo indecible, vivió la muerte de todos los seres menos la suya. 

Pero un día el señor de los espíritus, Ormuz,  se le presentó con forma humana y desde entonces le habla día y noche, le mostró la creación del mundo, su origen, las jerarquías cósmicas, la lucha contra el espíritu del mal y de la destrucción y le enseñó a luchar contra los demonios y los impuros.

Ormuz condena la violencia y la injusticia e impone el valor como la virtud primordial del hombre.

Fuente: "Los grandes iniciados", Edouard Schuré.

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