2011/03/12

El Aleph


En un ángulo del espejo del probador de una tienda de la Galería Pacífico de la calle Florida, tuve cierto día la extraordinaria experiencia de ver un Aleph.
Este inesperado suceso me ocurrió a mí, en una de las innumerables tiendas que existen en Buenos Aires, tal como le ocurrió a Borges aquel día en que tuvo la oportunidad de presenciarlo en la antigua casa de Beatriz Viterbo de la calle Garay, cuando el primo hermano, Carlos Argentino Daneri, lo llamó desesperado porque estaban a punto de demoler la casa.
Borges había adquirido el hábito de visitar la casa de Garay cada cumpleaños de Beatriz desde 1929, año en que su antigua amiga de la infancia dejó de existir.
No sabía por qué razón sentía la obligación de ir en esa fecha para saludar a su padre y al primo hermano que vivía con él, hombre común y corriente que escribía poemas de poco valor y que se entretenía revelando fotografías en el sótano de la casa.
El día que Carlos Argentino Daneri llamó a Borges por la inminente demolición, le contó su secreto: si demolían la casa se quedaría sin inspiración para sus poemas, porque en un rincón del sótano había un Aleph.
Le confesó a Borges que lo había descubierto en su niñez y que por eso era de él. Alguien le había dicho en ese entonces, que en el sótano había un mundo y aunque le tenían prohibido bajar, lo hizo secretamente, con tan mala suerte que cayó por las escaleras; pero al abrir los ojos vio el Aleph.
Al principio Borges no lo pudo creer, pensó que Carlos Argentino estaba loco, como lo había estado también en cierta forma Beatriz, tal vez un trastorno de familia que no se podía detectar a simple vista pero que se revelaba ante ciertas señales que sólo se pueden atribuir a la locura.
El Aleph es la primera letra del alfabeto hebreo que desde el punto de vista de la Cábala, interpretación mística de los libros sagrados judíos, tiene el significado de la divinidad. Representa la unidad del mundo y el infinito, lo sagrado, el inicio, lo potencial, la trinidad, el creador, la verdad, la revelación del secreto del universo.
Sin embargo Borges volvió a la casa de la calle Garay, a pedido de Carlos Argentino Daneri, con cierta morbosa esperanza de comprobar que el pobre no estaba en sus cabales.
Bajaron ambos por la empinada escalera del sótano hasta el escalón número diecinueve y entonces Carlos Argentino le señaló que debía recostarse en el suelo en plena oscuridad y quedarse solo e inmóvil con la vista enfocada en cierto ángulo; y diciendo esto subió la escalera y cerró la trampa tras él.
Borges sintió que había quedado en manos de un loco que tal vez lo había narcotizado con la copita de falso coñac que le sirvió, que lo había dejado encerrado en el sótano y que para ser coherente con su delirio lo tendría que matar.
Se convenció de que si no lograba ver el Aleph sería hombre muerto;  entonces decidió cerrar los ojos y asombrosamente al abrirlos lo vio.
Era indescriptible porque no había lenguaje que pudiera transmitir lo que era el Aleph.
Lo mismo que yo vi en la tienda de la Galería Pacífico, lo vio Borges en el sótano y también todos los antiguos profetas de la antigüedad, los que quisieron compartir casi inútilmente su experiencia con los demás y que muchos no pudieron creer.
Como Borges, vi el universo, todo el pasado el presente y el futuro de la humanidad, todas las geografías, todos los estados de ánimo, todas las alegrías y sufrimientos humanos, el éxtasis y el dolor, la imagen de Dios, el paraíso, el infinito, la eternidad, el milagro de la vida, la evolución, el rostro de todos los hombres mujeres y niños, el espacio y el tiempo.
¿Está vedado el Aleph para la mayoría o tal vez muchos ya lo han visto alguna vez en un espejo, en las profundas aguas de un lago o en los ojos de una bella mujer y no se atrevieron a revelar?
Puede que sea una experiencia común que nadie se atreve a contar y que luego van olvidando como se olvidan los niños de sus amigos imaginarios, tal como le ocurrió a Borges y como me paso a mi, que ya casi la he olvidado también y hasta estoy dudando si fue o no fue real.

Fuente: Basado en el cuento “El Aleph”, de Jorge Luis Borges.

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