2011/03/14

Transplante


En la unidad de terapia intensiva yacía inmóvil el cuerpo de Andrés, atado a una serie de cables que lo mantenían con vida, por haber quedado seriamente herido después de que su auto se estrellara contra un árbol al quedarse dormido.
Su pecho había sido aplastado por el impacto y su corazón ya no respondía.  A la espera de que un dador voluntario compatible apareciera, sus médicos mantenían por medios artificiales sus signos vitales.
La desgracia de unos se convierte en la fortuna de otros y milagrosamente un corazón puede seguir latiendo en otro cuerpo cuando ya no puede hacerlo dentro de la persona que fue su dueño; y entonces, el corazón para Andrés llegó justo a tiempo.
Un mar de lágrimas de todos los que lo querían, además de su mujer y de sus pequeños hijos, despidieron al donante del corazón en el cementerio, quien después de la caída del sol sólo sería uno más en el mundo de los muertos.
Pero su corazón seguiría vivo y latiendo en el pecho de Andrés, alguien que había estado dispuesto a arriesgar su vida para sentirse vivo y no muerto.
El transplante fue un éxito, su cuerpo respondió según lo esperado y pronto se recuperó para continuar con su vida con un corazón nuevo.
Sin embargo,  los que lo conocían se dieron cuenta que había cambiado y que no era más él mismo al poco tiempo, que parecía otro, porque ya no necesitaba correr en su auto para sentirse vivo.
En cambio, se lo veía entretenido sentado viendo el atardecer mientras hacía garabatos con su lapicera en un cuaderno.
Sentía un mandato interior de escribir que no podía evitar, una necesidad que le nacía desde sus más profundas entrañas y su cabeza llena de ideas extraordinarias jamás pensadas; y así comenzó a escribir, cosa que antes nunca había hecho.
Se sentía feliz, pleno, porque había encontrado el sentido de su vida, ser escritor, uno bueno, del que todos hablarían seguramente, porque daba por hecho su éxito.
Escribió su primera novela en un año, titulada "La espera";  y consiguió un editor que no sólo se entusiasmó al leerla sino que también estuvo dispuesto a invertir en ella.
Al año siguiente ya había escrito otra y después otra, todos verdaderos sucesos de venta; y hasta le compraron los derechos para hacer las películas.
Lo cierto es que después del accidente,  la vida de Andrés dio un vuelco; tal vez era lo que necesitaba para darse cuenta del valor de la vida y para descubrir por fin quién era. 
Tuvo el valor de empezar de nuevo; y hasta logró en su vida sentimental sentar cabeza.
Conoció a una hermosa mujer,  una viuda con dos hijos que le agradó desde el primer momento. 
Para los dos fue amor a primera vista, una atracción mutua como si de otra vida ya se conocieran, por lo que no tardaron en formalizar y casarse de común acuerdo.
El primer marido de la mujer también había sido escritor, toda la vida había tenido ese anhelo, pero cuando estuvo a punto de concretarse, se malogró su intento.
Sólo logró escribir un libro cuando súbitamente lo sorprendió la muerte debido al accidente.
Ese día, de nuevo en su casa, después de la luna de miel, la mujer, con tristeza, sacó de un cajón del escritorio un manuscrito y se lo entregó a su segundo marido para que él con su experiencia y como escritor lo leyera y le diera una opinión sincera, porque tal vez una publicación póstuma podría valer la pena. 
Él se estremeció cuando leyó el título con grandes letras: “La espera”. 
Entonces, él ¿quién era?

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