2011/06/16

Sobrenombres, Alias y apodos




El sobrenombre es una forma aparentemente cariñosa de agredir y discriminar; significa el intento de rebajar al otro a la altura del que se atreve a etiquetarlo, subrayando usualmente una falla, un defecto o una característica física anormal, expresando la disposición de no considerarlo digno de ser llamado por su propio nombre.

Un sobrenombre puede acompañar a una persona hasta su tumba, porque se seguirá llamando “chiquito” aunque sea grande, “gordo” aunque haya adelgazado, “petiso” aunque haya crecido normalmente, negra aunque sea blanca, vieja aunque sea joven.

Los sobrenombres en general degradan e intentan poner a la víctima en ridículo.

Los alias describen una singular característica o un calificativo, como alias el chino, el doctor, el maestro, el guapo, etc., generalmente usado en los grupos de barrio y en las pandillas callejeras.

Es que cuanto más fracasan los amigos y más torpes se muestran, mejor se pueden sentir quienes no tienen nada de que enorgullecerse.

Mi hermana mayor se llama Marta, pero mi tío la llamó Negra desde que nació, porque era blanca pero de pelo negro.

Mi tía me llamó Malena pero mi verdadero nombre es María Elena.

En aquella época, llamarse Malena significaba tener que contestar a todos los que me preguntaban, que no era la Malena del tango.

Como era inútil resistirse, porque los sobrenombres se graban a fuego en el inconsciente colectivo de todos los que nos rodean, decidí aceptar llamarme Malena para los íntimos, pero para los de afuera era María Elena.

Tener dos nombres es una pesada carga, produce problemas de identidad, baja autoestima y uno se siente como si fuera dos personas.

Por fin un día me rendí, me entregué, dejé de luchar y ahora soy Malena para todos: mejor dicho, Malena Lede, que en realidad es un nombre falso, porque ni soy Malena ni soy Lede, porque mi nombre verdadero es María Elena Bernardi de Lede.

Desde el punto de vista psicológico, si tuviera que interpretar esta cuestión del doble nombre falso diría que soy un fraude, alguien que prefiere el apellido de su marido al suyo y que usa el sobrenombre, a pesar de haberlo odiado siempre, en lugar de su nombre verdadero. Una contradicción que a mi misma me cuesta entender; pero todos sabemos que nadie es perfecto y yo menos.

Tengo entonces plena autoridad para afirmar que los sobrenombres afectan la autoestima, producen problemas de identidad y si son discriminatorios o señalan defectos físicos, que no es mi caso, resultan ofensivos y degradantes.

Los sobrenombres dejan una huella profunda a nivel neuronal, o sea que influyen en la química de las conexiones nerviosas del cerebro y pueden condicionar la conducta.
Sin embargo, la plasticidad cerebral permite salir de ese condicionamiento y dejar de ser el “Gordo” o el “Loco”, porque también depende en gran parte de ellos mismos.

Lo que más puede afectar es el rótulo despectivo que ponen los seres queridos, porque son los que se consideran ciertos, los que se creen, los que convencen a la persona que fue etiquetada así, de que es inútil pretender ser alguien diferente.

Todas las personas, desde que nacen son dignas de respeto y denigrar con un sobrenombre humillante a alguien que no se puede defender porque es pequeño, es cosa de cobardes, de personas resentidas que necesitan agredir a los débiles porque saben que no pueden responder adecuadamente.

Antes de poner un sobrenombre a alguien hay que pensarlo muy bien, principalmente si es de la familia; intentar primero ponerse en su lugar y tomar conciencia que a esa persona seguramente le será difícil erradicar ese apodo mientras viva; que se convertirá en una carga más de las muchas que deberá llevar en su vida.

7 comentarios:

  1. Hola, increiblemente interesantes tus articulos. Queria ver si me podrias orientar un poco, no se si habria otro medio para explayarme, en fin, a groso modo, tengo un apodo desde la infancia el cual me fue otorgado en una ceremonia de un grupo al que pertenezco, me gusta mucho, mucho mas que mi nombre, y ahora -varios años despues- me presento como tal, tambien menciono mi nombre, pero en todos lados me conocen por mi apodo, y hay algunas personas que se empeñan en llamarme por mi nombre de pila, mucha gente me conocio asi y me llaman asi y no me importa, pero de ciertas personas que creen que ya soy un adulto, no debo usar mi apodo y se empeñan en reiterarmelo me afecta y molesta. Bueno quiza me podrias orientar un poco, te lo agradeceria, espero y no hay inconveniente alguno. Un saludo y fuerte abrazo.

    Jacala

    ResponderEliminar
  2. hola Jacala, los apodos en general son una expresión de afecto de las personas que nos quieren. Existen países donde la gente adulta puede cambiarse el nombre que lleva en el documento y aún el apellido. Tu eliges llamarte Jacala porque te agrada y está bien, pero no puedes borrar tu pasado. Algunos de identificarán con tu nombre anterior porque tienen una historia común y te quieren.
    Mi apodo es Malena, porque yo me llamo María Elena. Mi tía más joven me puso ese nombre cuando nací y casi todos me conocen por Malena, incluso en el blog. Pero hay gente que me llama María Elena porque me conocieron con ese nombre en la escuela o en lugares que no eran familiares.
    .Cuando era más joven tener dos nombres me confundía. Cuando me preguntaban no sabía cómo contestar si Malena o María Elena y ahí elegía uno de los dos.
    Ahora ya me decidí ser Malena definitivamente y acepto cuando alguien me dice María Elena, lo dejo porque me doy cuenta que se sienten más cerca, como si me conocieran más que los demás como para tomarse la atribución de elegir el nombre que les gusta para mi.
    saludos malena

    ResponderEliminar
  3. Hola, Malena, lindo artículo. Soy Martín, tengo 23 a. A mí siempre me pasó algo extraño desde joven (y especialmente en la adolescencia lo sufría mucho) que cuando me ponían un nombrete (o apodo) me empezaba a sentir mal. Pero nunca fue bronca en sí, sino malestar. Y la última vez que me pasó, también me ocurrió lo mismo. No considero que mi nombre sea muy lindo, es más, ni me gusta mucho, pero aún así, siempre preferí que me llamaran por el mismo. Para mí es muy importante cómo me llamen. En fin, en mi país (Uruguay) es muy común que se les ponga nombretes a muchas personas, a sí que si no tenés un nombre que fonéticamente suene relativamente bien o que no suene cómodo (como el mío) que ni siquiera se suele abrereviar, es común que se le apliquen apodos, es como que es imposible escapar... tarde o temprano siempre aparece alguno... En fin... llega un momento en que uno piensa si el problema está en uno mismo, sospechando si el problema estará en mi mente...¿cómo puede ser que muchas personas acepten un nombrete y yo no? Ni yo entiendo mi propia mente, es muy extraño, pero lo peor es que esta forma de actuar me empieza a limitar a formar parte de determinado grupos sociales, pues cuando alguien ya no me llama por mi nombre, adquiero una conducta evitativa hacia esas personas... En fin, yo sé que puede ser una "idea irracianal", y que soy un obsesivo, y he pensado si en algún momento debería ir a un psicoanalista o si una terapia hipnótica sea lo mejor para borrar estas molestias psíquicas que tanto me generan... no sé... Me gustaría saber su opinión "Malena" (yo la llamaría Elena, pues es un lindo nombre jeje) pero buen... Saludos!!

    ResponderEliminar
  4. Hola Martín, los sobrenombres existen para nosotros desde que nacemos y son las personas que más nos quieren las que inventan esos apodos.
    Un sobrenombre, a menos que sea despectivo, suele expresar afecto, de manera que habría que aceptarlo sin sentirse herido. Pero si fuera con la intención de agraviar, entonces se puede utilizar la conducta espejo y contestar con otro apodo ridículo para el que se atreve a provocar con un sobrenombre molesto.
    Tu te llamas Martín y tienes que responder a ese nombre y a quien intente llamar tu atención con otro nombre que no sea ese, no le contestes, porque a palabras necias oídos sordos,
    Puede ser que tu también tengas ese mismo hábito, sin darte cuenta, por ejemplo en tu comentario me pones "yo la llamaría Elena, pues es un lindo nombre..." Para ti es lindo para mi no, por eso prefiero que me llamen por mi apodo que es Malena.
    Pero hay que evitar se tan susceptible y tener mayor tolerancia a la frustración cuando las relaciones nos critican o nos defraudan. No darle importancia a un apodo es lo mejor porque en los grupos se busca la reacción y si tu no reaccionas se les termina la diversión.
    saludos, malena

    ResponderEliminar
  5. Hola Malena, gracias por la respuesta. Qué importante eso que dijo sobre la tolerancia a la frustración, el tema es cómo desarrollarla (y si seré apto para hacerlo), cosa que no es fácil, pero bue... ¿habrá que aceptar pasar por situaciones que no nos gustan? no sé... Y disculpe sobre el comentario de su segundo nombre, mi intención fue solo comentar. En realidad, suelo llamar a las personas por cómo ellos aceptan ser llamados, como al principio de mi comentario que la llamé Malena.

    Saludos y disculpe las molestias!!

    ResponderEliminar
  6. Hola Malena , Mira desde pequeño tengo un sobrenombre que es richi , pero cuando llegue a media me pusieron sobrenombres por mi apellido la verdad al principio no me importaba pero ahora me fastidia me molesta , pero ellos siguen y no en forma de burla si no porque están acostumbrados.

    ResponderEliminar
  7. Hola Richi, tienes que tomarte el trabajo de corregir cada vez que lo hace, a quien te llama con el apodo que no te gusta, de buen modo. Es cuestión de paciencia y pensando siempre que todo es posible cuando estamos en positivo. saludos, malena

    ResponderEliminar

Recuerda escribir tu nombre o apodo que te identifique.
Consultas anónimas no serán respondidas.
Gracias por participar de este espacio!