2011/08/04

El ángel de la guarda o Yo mismo




Stephanie Schawabe perdió a su marido, Rob Palmer, mientras buceaba. Sin embargo, esa tragedia no fue un obstáculo para continuar con su trabajo como Geomicrobióloga que la obligaba a buscar en el fondo marino de las Bahamas muestras de sedimentos.

Un día, al terminar con su tarea y disponerse a emerger, se dio cuenta que había perdido el cable que le servía de guía para salir del intrincado laberinto donde se hallaba y que no sabía dónde estaba la salida.

Cuando vio que sólo le quedaban pocos minutos de oxígeno en los tanques se aterrorizó y no supo qué hacer.

De pronto, en medio de la desesperación, vio una luz y sintió la presencia de otro ser que le dijo que se calmara y eso la tranquilizó. Miró hacia arriba y pudo ver la cuerda sobre su cabeza y al mismo tiempo la presencia desapareció.

Este es un fenómeno misterioso que han experimentado y experimentan muchas personas en situaciones extremas.

John Geiger, periodista canadiense, escribió un libro titulado “El tercer hombre” que reúne muchas historias como estas, recopiladas durante diez años de investigación.

Algunos piensan que el “tercer hombre” es producto de una alucinación cuando una persona se encuentra en una circunstancia de vida o muerte. Otros creen que se trata del ángel de la guarda y también existen quienes creen que se trata de algo absolutamente real.

Lo cierto es que estas historias coinciden y que quienes las experimentan son intelectuales, científicos, expedicionarios, exploradores y aventureros que suelen pensar racionalmente.

Fernando Garrido, místico español que se especializa en la exploración de montañas de gran altura, confiesa haber vivido experiencias límites y la presencia de acompañantes durante sus peligrosas travesias.

En 1987, mientras escalaba el monte Cho-Oyu en el Himalaya, durante el invierno, estando a punto de alcanzar la cumbre, cansado y con poco oxígeno, notó que lo seguían unos árabes con quienes mantuvo una conversación.

Garrido reconoce que esas experiencias pueden haberlas provocado el agotamiento y la absoluta soledad en que se encontraba.

En el Aconcagua, en Los Andes de Argentina, este singular alpinista estableció un record de permanencia, quedándose solo durante dos meses a siete mil metros de altura. En esa oportunidad veía a gente entrar y salir de su tienda y sentía su compañía.

El neurólogo británico Macdonald Critchley tiene la hipótesis de que este fenómeno proviene del interior del ser humano y no del exterior.

Ernest Henry Shackleton (1874-1922), que fue uno de los exploradores más sobresalientes, en su diario de ruta refleja haber estado acompañado por la providencia.  Mientras atravesaba extensos glaciares y montañas en compañía de dos compañeros, siempre sintió la impresión que no eran sólo tres en esa travesía sino que eran cuatro; y en su segunda expedición al Polo Sur, uno de sus compañeros le confesó que había tenido la sensación de que había otra persona con ellos.

Charles Lindbergh, también tuvo una extraña experiencia en su primera travesía en su avioneta de Nueva York a Paris sobre el Atlántico, en 1927.  El vuelo duró más de treinta horas y llegó un momento en el que el cansancio lo doblegó, perdió el control de la nave y se rindió. Pero antes le cedió el mando tranquilamente a presencias fantasmales con quienes había estado conversando, convencido de que una realidad superior se había hecho cargo de la situación.

Los científicos han tratado de recrear en un laboratorio las mismas condiciones mediante la estimulación de ciertas zonas del cerebro, pero lo que consiguieron fue que los participantes sintieran una sensación de una compañía desagradable.

En cambio, cuando se manifiesta una presencia en la realidad, se trata de alguien que ayuda, brinda apoyo y compañía y hasta le salva la vida a quién la percibe.

En algunas ocasiones, estas apariciones se relacionan con seres queridos fallecidos, como le ocurrió a Cesar Pérez de Tudela, alpinista, escritor, abogado y periodista, en el Aconcagua,  al llegar al límite de sus fuerzas.

Al sentirse al borde de la muerte, pidió protección a sus amigos y familiares muertos y fue entonces cuando se hicieron presentes. Él cree que fueron ellos los que lo ayudaron para volver en sí y alcanzar la cumbre.

Fuente: "Más allá de la ciencia", No.253.

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