2011/08/25

El Zen



El zen es algo que no se puede describir, es un fenómeno singular de la conciencia.

No es conocimiento ni pensamiento, no es filosofía ni religión; tampoco es metafísica ni esoterismo sólo se trata de aceptar la realidad tal cual es, porque la aceptación transforma lo que es en lo que anhelamos.

Es tener abierto el ser a la existencia sin desear otra cosa, ni otro mundo más allá de lo mundano.

Sólo exige ser espontáneo y al vivir la inmediatez de la vida convertir lo mundano en sagrado.

Este es el milagro del zen: sacralizar lo mundano.

El zen nació de la unión entre las enseñanzas del Buda y de Lao Tzu, no es ni una cosa ni otra, significa ambos.

La perspectiva zen convierte la tierra en cielo.

El zen es tanto terrenal como no terrenal y representa el futuro; sin embargo el zen no tiene interés ni en el pasado ni en el futuro, porque sólo le importa el presente, que es donde el pasado y el futuro se encuentran.

El presente no es tiempo, es inconmensurable, es la eternidad en el tiempo.

La enseñanza del zen se centra en cómo estar en el presente, abandonando el pasado que ya no es y sin preocuparse en el futuro que todavía no es y echar raíces en lo que ahora es.

Un maestro no puede decir la verdad pero puede provocarla, evocarla, conmover para que surja en uno porque ya está en nosotros y forma parte de nuestra naturaleza.

La verdad no se puede transmitir, el maestro sólo puede suscitar la verdad, despertar algo en uno, ver con claridad, la claridad de la iluminación.

Cuando podemos ver claro surge una gran felicidad, un enorme júbilo, es darse cuenta de la belleza del ahora, de la dicha de la existencia, es la paz, la alegría, la experiencia del encuentro y la unión, el éxtasis, la iluminación.

El maestro sólo puede enfocar su luz cuando su discípulo está abierto, cuando se entrega y está listo y dispuesto para aprender a buscar la verdad.

Al entregarse en esta vida se alcanza una vida diferente, una vida de luz, de amor, más allá de la muerte, más allá del tiempo y del cambio.

El maestro es el testigo que confirma la evidencia de la verdad en uno, porque es la experiencia de Dios es difícil de creer.

El maestro ayuda a realizar la propia experiencia, te enfrenta contigo mismo, te hace dar cuenta de tus recursos interiores, de tu propia divinidad, sin palabras, porque las palabras hacen olvidar las experiencias.

El no conocer no es ignorancia, sino un estado de conciencia donde no hay ni conocimiento ni ignorancia porque han sido trascendidos.

El no conocer es un estado de no mente y el zen pone el acento en el estado de no conocer que es el estado más puro y elevado en la evolución humana.

El saber está siempre presente pero este saber es muy diferente del conocimiento, este saber es el no conocer, porque solamente cuando todo el conocimiento y la ignorancia desaparecen se puede ver la existencia tal cual es.

El saber ya viene con uno pero el conocimiento se adquiere y cuanto más conocimiento se tiene más se disipa el saber.

El conocimiento es el pasado, la memoria y el saber es el presente. No se puede vivir el presente si nos aferramos al conocimiento.

El saber es la entrada a lo divino y el conocimiento es la barrera que lo impide.
El conocimiento puede servir en la práctica mundana para ganarse la vida pero no hay que permitir que nos aparte del saber natural, de lo divino.

El saber es recordar, reconocer, rememorar lo que olvidamos.

Fuente: “El hombre que amaba las gaviotas y otros relatos”, Osho, Grupo Editorial Norma, 2003.

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