2011/10/21

Tips para crear bienestar




Reírse parece ser la fórmula de la felicidad, pero es difícil reírse cuando uno está deprimido, furioso, cansado o simplemente si no tiene ganas.

Sin embargo, solamente cambiando un gesto adusto por otro sonriente, o mejor aún, ser capaz de expresar una buena carcajada aunque no se justifique, como lo hacen los actores en las comedias, puede ser un instrumento curativo muy útil, porque fortalece nuestras defensas y reduce las hormonas del estrés.

La risa libera endorfinas, que es la hormona de la felicidad, pero también serotonina, dopamina y adrenalina, todas sustancias naturales que produce el cuerpo para lograr el equilibrio emocional.

Reírnos nos llena de energía y vitalidad, mejora nuestras relaciones, logra propósitos y contagia a los demás, haciendo que nuestro alrededor se llene de ondas positivas.

Al reír, cambia inmediatamente nuestro estado de ánimo y nos volvemos más optimistas, más tolerantes, menos impacientes y mucho menos agresivos.

La cuestión es tratar de aumentar las oportunidades de vivir emociones placenteras y percibir la parte ridícula y cómica que tienen todas las cosas.

El que tiene la risa fácil es alguien que está agradecido, que es optimista, que ve la vida con buenos ojos y que piensa que todo va a salir bien a pesar de las dificultades.

Es importante ser bueno con uno mismo, prodigarse recreos, diversiones sanas, tener momentos propios, saber relajarse, reconocer las señales de cansancio, no hacer más de lo que uno puede y disfrutar de lo que nos gusta.

Es bueno ejercitar la mente cambiando de forma de pensar, cuando tenemos un pensamiento negativo. Este ejercicio no permitirá que cambie nuestro estado de ánimo porque tendremos la fórmula para evitarlo.

Robin S. Sharma que escribió el libro “El monje que vendió su ferrari” propone este ejercicio mental que hasta puede llegar a ser divertido y puede liberarnos de preocupaciones e influencias negativas si lo convertimos en un hábito.

A veces, nos imponemos obligaciones demasiado ambiciosas que si no podemos cumplir nos ponen de mal humor; dejamos las cosas que nos hacen bien para después, tratamos de solucionar todos los problemas el mismo día, vemos la realidad según nuestro estado de ánimo, somos incapaces de pedir ayuda, no podemos expresar nuestros sentimientos, somos intransigentes u obstinados y demasiado exigentes con nosotros mismos.

Todas estas condiciones nos predisponen a estar amargados y deprimidos; pero si logramos ser más flexibles, perdonar nuestros errores y aflojarnos para tomarnos nuestro tiempo, despojándonos de nuestro censor interior y nos atrevemos a actuar diferente, estaremos de mejor humor y hasta descubriremos que podemos reírnos de muchas cosas que antes no veíamos.

Estar bien no depende de los problemas que tenemos ni de ningún hecho que creemos fortuito sino que es la decisión de tener una actitud positiva siempre, aún en los peores momentos; y eso depende solamente de nosotros mismos; porque somos nosotros los que decidimos qué actitud vamos a adoptar frente a lo que nos pasa.

La gente de mala cara es la que no está satisfecha pero que tampoco se atreve a salir de esa condición, porque cree que no puede, que no se lo merece, que la felicidad no existe, que en el mundo sólo hay caos y que el sufrimiento es necesario.

Seamos capaces de cambiar al mundo comenzando nosotros primero a reírnos de todo, principalmente de nosotros mismos, cuando nos tomamos muy en serio y estamos demasiado identificados con nuestro ego.

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