2011/11/02

Accidentes evitables




Todos los días nos enteramos de accidentes que pudieron haberse evitado.

Contrariamente a lo que se supone, la mayoría de los accidentes que se producen ocurren en el ámbito hogareño, pero también muchos otros ocurren en la calle.

El hogar puede transformarse en el escenario de una tragedia aunque parezca el lugar más seguro que existe para muchos.

Hoy, a dos cuadras de mi casa, un niño de siete años cayó desde un séptimo piso y milagrosamente salvó su vida al caer parado sobre el techo de un garaje, presuntamente tan flexible como para amortiguar su caída aunque obviamente no pudo evitar quebrarse ambas piernas y un brazo.

Ayer, a pocos metros de mi domicilio, cuando se disponía a hacer un asado en el patio de su casa, un joven decide acelerar el proceso echando combustible altamente inflamable al fuego. La explosión le produjo quemaduras en todo el cuerpo y hubo que llamar a una ambulancia y a los bomberos.

En otro lado de la ciudad, en una obra en construcción, un obrero cae de un andamio y fallece instantáneamente y no lejos de allí, un derrumbe sepulta y mata a un operario al desmoronarse una pared mientras hallaba trabajando en una obra.

Un niño de once años que participaba en una competencia de kartings, choca en una curva y resulta mortalmente herido como consecuencia de un traumatismo de cráneo.

El conductor de una camioneta cruza imprudentemente un paso a nivel del ferrocarril con las barreras bajas y es arrollado por dos trenes que venían en direcciones opuestas.

¿Se podría haber evitado alguno de estos accidentes, o el fin temprano de estas vidas era su destino?

Creo que el destino, si existe, no se merece que le adjudiquen todas estas consecuencias, cuando las estadísticas muestran que la mayoría de los accidentes se producen por negligencia, inconsciencia, imprudencia o ignorancia.

Se puede evitar que un niño se caiga de un balcón, simplemente poniendo una red de prevención cuando en la casa hay menores. Estas redes son bajo costo y fáciles de colocar y el beneficio que otorgan no tiene precio.

Los obreros de la construcción muchas veces trabajan sin contar con ninguna norma de seguridad; pero también suelen desafiar el peligro y se arriesgan sin necesidad haciendo equilibrismo.

Hay jóvenes que no saben que un combustible inflamable explota si está cerca de una fuente de calor, como un fuego encendido y se atreven a alimentar el fuego arrojándolo directamente desde el recipiente que tienen en sus manos, sin tener conciencia del peligro que corren.

Un niño de once años participa en competencias de kartings que circulan a más de ochenta kilómetros por hora, con la autorización de los padres y todas las medidas de seguridad que corresponden, que con este fatal accidente se comprueba que no son suficientes.

Un menor de esa edad no tiene registro de conductor por razones obvias, por lo tanto tampoco debería estar habilitado para conducir kartings y menos para participar en competencias.

La proximidad de un tren es evidente, más cuando están las barreras bajas; sin embargo algunos parecen confiar en su intuición y no en sus sentidos y se atreven a cruzar las vías sin mirar.

Alguien dijo una vez:

Toda muerte es un suicidio

Todo encuentro una cita

Todo accidente deliberado

Creo que es cierto, porque consciente o inconscientemente todo mortal parece elegir su destino.

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