2012/10/26

Por qué el amor es sufrimiento



Existen dos formas de amar: enamorarse perdidamente o amar de manera profunda y verdadera.

El enamoramiento es un estado transitorio de enajenación en el que se puede perder la identidad, el respeto por uno mismo y también la libertad.

Principalmente es la consecuencia de la fuerte atracción que ejerce una persona sobre otra, que puede impedir el juicio crítico, ocupar totalmente el pensamiento y distorsionar la percepción, porque se ve lo que se quiere ver y no lo que es.

El que se enamora no razona ni reflexiona, solamente se deja llevar por su emoción, impulsado por la fascinación que le produce una persona, aunque ésta no le demuestre ninguna clase de interés e inclusive lo desprecie.

De esa manera, ese estado de enamoramiento que debería ser maravilloso se convierte en un calvario de sufrimiento, porque los vuelve vulnerables y débiles y los hace esclavos.

El que se enamora no le importa otra cosa; si se trata de una persona que ya tiene un compromiso, si es demasiado joven o muy madura, si trabaja o no, qué es lo que hace, dice o piensa, qué proyectos tiene, etc. Sólo quiere estar junto a esa persona sin pensar en otra cosa.

Aunque sea un amor que se concrete, no garantiza estabilidad ni duración, porque así como esa emoción irrumpe como un huracán, avasallando cualquier vestigio de orgullo, también desaparece en poco tiempo haciendo trizas muchos corazones.


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El enamoramiento se alimenta de intrigas y de sospechas, le agrada el sabor de lo prohibido y la posibilidad del peligro; pero difícilmente se convierte en un sentimiento más profundo; porque solamente puede transformarse en amor verdadero cuando es mutuo.

El enamorado se torna posesivo y celoso y se convierte en un sagaz carcelero que pretende una entrega total y la renuncia a su sí mismo, quiere ser dueño del otro, pensar, decir y ser por él.

Un amor así encadena, y cuando se comienza a razonar se puede ver que no ha quedado nadie alrededor y que se ha perdido la identidad y los propios valores.

El verdadero amor necesita saber quién es el otro, qué es lo que hace, lo que dice lo que piensa, cómo es su vida, cuáles son sus proyectos y si en ellos hay lugar para una pareja; porque no le alcanza un cuerpo, necesita también el alma.

El enamoramiento siempre produce sufrimiento, cuando no es correspondido, cuando el otro está casado o comprometido o cuando se lo quiere atrapar teniendo hijos.

El amor verdadero es armonioso y pacífico, no obnubila el pensamiento ni produce alienación, es alegría, libertad, confianza y respeto y además dura mucho más tiempo.

Para vivir un amor verdadero no debemos caer en la tentación de falsas quimeras y amar a quienes nos pueden amar y no a los que nos desprecian.

Esta forma de amar trasciende el cuerpo y aunque pasen los años y uno ya esté muy viejo, permanecerá siempre igual, porque las almas no envejecen.

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