2013/02/22

Cómo le pongo límites a mi hijo adolescente




Los padres tienen que ponerles límites a sus hijos desde que son pequeños y actuar con firmeza,  sin ponerse a su nivel abandonando su rol de padres.

Cuando son adolescentes, los hijos necesitan diferenciarse de sus padres para poder auto afirmarse como personas diferentes, por esta razón es común que en esa etapa sean frecuentes las discusiones y los enfrentamientos.

Los padres tienen que respetar a sus hijos y ayudarlos en este proceso, enseñándoles los límites.

Un adolescente tiene que saber que su libertad termina donde empieza la libertad de los demás y que hasta la mayoría de edad sus padres son responsables de todo lo que hace.  Pero solamente aprenderá,  si sus padres actúan con firmeza y lo respetan.

La relación con hijos adolescentes no es fácil, principalmente porque hoy en día los padres se niegan a actuar como adultos y a cumplir con el rol de personas maduras.

Es común ver a padres que pretenden parecer tan jóvenes como sus hijos y que se comportan como ellos; padres demasiado flexibles, que se dejan manejar y no quieren reconocer que han crecido y que no tienen que competir con sus hijos ni tratarlos como a iguales.

Pero al mismo tiempo, cuando los hijos no se comportan como ellos esperan, les gritan, los amenazan y hasta los golpean.

Estos padres, una vez que se tranquilizan, se ablandan y se olvidan de todo, provocando que al poco tiempo nuevamente se inicie un nuevo enfrentamiento.

En estos casos, la conducta indeseada de un adolescente se ha instalado en su modo de actuar y esa es la condición para que se reitere.

Un adolescente no tiene nada que perder y es capaz de arriesgarlo todo con tal de salirse con la suya.  En cambio, sus padres, temen por la seguridad de sus hijos y perder las expectativas que pusieron en ellos.

Sin gritos ni peleas inútiles, todo padre desorientado que ya no sepa más que hacer con sus hijos, puede producir un cambio en la relación, si está dispuesto a asumir su rol de padre.

El rol de padres no se relaciona con el dominio ni con el poder sino que es la función de poner las reglas y de hacerlas cumplir.

Las reglas deben ser claras y tienen que estar escritas en un lugar visible de la casa; y el que las trasgrede,  deberá recibir una sanción, no tan severa que ni siquiera los padres la puedan mantener, ni tan leve como para que no les importe.

Se trata de enseñarles a comportarse en el seno de la familia de la misma forma en que tendrán que hacerlo en la sociedad,  cuando sean adultos.

Todos sabemos que los hijos sólo aprenden con el ejemplo, por eso es inútil que los padres pretendan inculcarles valores que ellos no respetan; por eso las reglas tendrán que ser coherentes con sus propias conductas.

Así como existen leyes para respetar, en toda sociedad civilizada, también en la casa tiene que haber normas de convivencia que todos tendrán que cumplir.

Una vez que han sido establecidas esas normas y los padres cambien, mejorará la comunicación con sus hijos y se reanudará, fomentándose de esta manera una mejor relación con ellos.

La firmeza en el cumplimiento de las reglas y de las sanciones es crucial y más efectiva que cualquier forma de violencia.

MALENA


3 comentarios:

  1. Тhanks for sharing your thoughts on гadiohеad idioteque.
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  2. Estimada Malena, antes de tomar una decisión debo saber una opinión profesional y sobretodo de la mejor, gracias anticipadamente por la respuesta y por leer cada comentario de cada usuario, por toda esa paciencia eres admirable y única.

    Tengo un hijo de 17 años, lo he criado yo solo desde los 2 años en que su madre falleció, éramos muy jóvenes cuando el llegó, ambos teníamos la edad que hoy tiene mi hijo. Recibí el apoyo de mis padres y lo sigo recibiendo hoy que trabajo lejos de casa. Éramos sólo los dos para todos lados, mi hijo y yo al parque, a la escuela y yo a la universidad (a veces con el), ver películas, hacer las tareas y todo lo que se puede compartir, y sentir la dicha de verlo sonreir. Cuando él cumplió 8 años, yo conocí a una mujer, que aprendió a compartir mi vida con la de mi hijo, y lo ha amado como tal; pero creo que los celos de mi pequeño aunque no era notorios eran deducibles, me dolía mucho verlo aislado, inseguro al entrar a mi habitación y tocar la puerta, cuando antes toda la casa era nuestra. Ver artículos nuevos en la casa y aprender nuevas reglas, el baño, el tiempo compartido, el dejarlo en casa si yo tenía una cita, pues a pesar de todo, yo no podía llevarlo a todas mis salidas con mi novia. Creí que debía hacerlo, pues yo debía enseñarle a compartir, a amar también a otra persona, tarde o temprano yo también sabía que me enamoraría otra vez.
    Esta mujer que estuvo conmigo durante 6 años, hace tres es mi esposa. Trabajo lejos de casa, y ahora mi pequeño va a mitad de carrera en la Universidad, pero últimamente, no llegó a casa; se entiende a veces por los estudios, pero otras veces era imposible de ubicar sino hasta la mañana siguiente con la excusa (que yo he creído siempre) de ir a estudiar; El ultimo fin de semana que me encontraba en la ciudad, me llamaron de una clínica, mi hijo estaba intoxicado por aspirar una sustancia prohibida; la médico que lo atendió había sido compañera mía en la secundaria, y fue sincera conmigo respecto a que mi hijo se había salvado por poco, ha estado allí por dos días, y aunque me he mostrado fuerte y no he conversado con él más que de su salud, me estoy derrumbando por dentro, ya llevo problemas con mi esposa, pues ya que en casa sólo me paso los sábados y domingos, la mayor parte del tiempo es con mi hijo. Mis padres me han apoyado demasiado en su crianza, y la situación de la clínica sólo la conocemos mi esposa y yo. Hace poco a mi madre le afectó un derrame cerebral y no la quiero impresionar con nada. He tomado la decisión de renunciar a este trabajo e ir a casa, sé que he luchado mucho por estar donde estoy ahora laboralmente, pero creo que aún no es tarde para estar al lado de mi hijo, y llevar un mejor control de su vida. Sé que el tema no es mi pareja, pero si antes el poco tiempo que me quedaba me lo pasaba entre mi hijo y mi madre, esto le hará más daño a mi relación, y por como han estado las cosas, no he tardado mucho en pensarlo. Ella me ama, y yo la amo, pero tengo que moldear aún a mi hijo y pues a mis 34 años siento que yo también puedo darme luego otra oportunidad en el trabajo. No somos adolescentes, pero tiempo separados es lo que creo que necesito hoy.
    Gracias nuevamente Malena por tu respuesta.

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  3. Hola Carlos, es admirable cómo has enfrentado la tragedia y el cuidado y atención de tu hijo en la infancia; pero la vida sigue y lo mejor es empezar de nuevo tal como lo has hecho. Los tiempos que vivimos pueden poner a cualquier persona en la situación de tener un hijo con problemas de drogas, pero el hecho de tener que trabajar en otra ciudad puede agudizarlos y además afecta a toda la familia, de modo que me parece muy acertada tu idea de renunciar a ese trabajo, porque si lo piensas bien no hay dinero que pueda compensar tu ausencia.
    La vida es más larga de lo que uno cree y siempre hay tiempo para hacer posible hasta lo imposible.
    Gracias por tus comentarios y espero haber sido útil. saludos, malena

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