2013/03/08

La Meditación



Según las enseñanzas de Osho, la meditación comienza con la observación, porque presenciar es el principio,  y la culminación es el estado de no mente, al final de una larga travesía. Presenciar es el camino, la semilla que dará como resultado la ausencia total de pensamientos.

No existe una fuerza mayor que el estado de no mente, cuando la persona ya no siente ira, celos ni codicia, ni nada ni nadie le puede hacer algún daño; porque ha dejado de identificarse con sus pensamientos, puede tomar distancia de ellos y los puede observar.

¿Cómo saber que estamos transitando por el buen camino? No hay garantías ni seguridad alguna; pero sin duda, el criterio que nos da más alegría, que nos hace más sensibles, más atentos y nos produce una profunda sensación de bienestar es el que hay que seguir.

Cuando las experiencias felices aumentan es una señal de que se está avanzando. En el mejor de los casos, la meditación hace que los estados de no mente vayan incrementándose hasta durar todo el día; pero eso no quiere decir que no podamos usar la mente, significa que la mente no puede manejarnos a nosotros.

Una mente en silencio rejuvenece, se renueva, puede ser más creativa y más sensible. La creatividad es una de las experiencias de la vida más gratificantes y el modo de expresión más evolucionado.

El estado de no mente es la iluminación, la libertad, la experiencia de la ausencia de la muerte y la inmortalidad.

Cuando la mente está en silencio, sin funcionar, pasa a formar parte de la mente universal, que es cuando la mente individual está al servicio del Ser.

En ese estado, somos canales que transmiten información del universo, verdades universales, palabras que no son de nosotros porque pertenecen al cosmos. Por eso esas palabras tienen extraordinario poder y magia.

Cuando la meditación avanza, la persona se vuelve más silenciosa, cambia su cuerpo, su mirada, su forma de hablar y de caminar.

La observación puede revelar los misterios del ser, no juzga, no condena, no valora.

¿Por qué resulta tan difícil abandonarse a lo que Es? Porque vivimos en una sociedad que crea adictos al trabajo por dinero.

Abandonarse, entregarse y no resistirse más,  significa vivir en forma más sensata, cubriendo nuestras necesidades materiales y también las espirituales.

El estado de abandono es limitarse a solamente existir y en ese estado todo fluye solo.

La gente siempre está haciendo algo, hasta cuando está de vacaciones tiene todas sus horas programadas y no tienen tiempo para descansar.

Los niños pequeños son primitivos, incivilizados y están completamente relajados; hasta que sus padres le enseñan a ser competitivos, productivos, y le crean la ambición de alcanzar la cumbre.

El trabajo es necesario pero no tanto como para convertirse en la única razón de la vida; la prueba está en que cuando la persona se jubila queda vacía por dentro y sin ganas de seguir viviendo.

Los métodos para meditar son todos intentos para recuperar nuestro estado inicial de la niñez,  de completo abandono.

Primero hay que relajar el cuerpo, porque cuando todo el cuerpo está relajado casi la totalidad de la mente también se relaja; y a la pequeña parte de la mente que aún está tensa hay que observarla y con sólo observarla se disipará toda tensión y se logrará el estado inicial de la infancia, de total entrega y relajación.

La iluminación no se logra privándose de los placeres de la vida, sino liberándose del sufrimiento que ocasionan. El sufrimiento es el único impedimento.

El Buda Gautama, se dio cuenta, después de mucho meditar, que la causa del sufrimiento humano es el apego.



Fuente: “La pasión por lo imposible”; Biblioteca Osho.

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