2013/04/10

Estrategias para lograr la longevidad



La persona que nace hoy, tiene mayores probabilidades de llegar a vivir hasta por los 78 años. Hace cien años, en Estados Unidos el promedio de vida era de 54 años.

Se puede afirmar que las expectativas de vida se han prolongado considerablemente, aunque no tanto como debería esperarse, según los espectaculares adelantos científicos de los últimos años; porque al mismo tiempo surgen otros factores que atentan contra la salud relacionados con el ambiente, la contaminación y la cultura, que aún son difíciles de controlar y que producen estrés y crean el campo propicio para desarrollar graves enfermedades.

Existen dos estrategias que guían las investigaciones de los científicos en el campo de la longevidad. Por un lado, se dedican a encontrar fórmulas para curar enfermedades o a desarrollar tratamientos de reemplazo de órganos utilizando células madres; y por otro intentan detener, o por lo menos demorar el proceso de envejecimiento a nivel molecular y celular.

Sarah Harper, gerontóloga del Instituto Oxford del Envejecimiento, está convencida que si se llegan a curar enfermedades como el cáncer y las dolencias cardiovasculares y se consigue reemplazar los órganos y los tejidos deteriorados del cuerpo mediante tratamientos con células madre, la humanidad podría alcanzar los ciento veinte años con buena calidad de vida.

Ya se han logrado generar maxilares y tráqueas con células madres, de modo que a este ritmo, el reemplazo de tejidos, órganos y huesos por otros nuevos fabricados en un laboratorio, será una realidad en poco tiempo.

Según la doctora Harper, los avances en la investigación con células madre y en técnicas genéticas harán posible alargar considerablemente las expectativas de vida de los seres humanos.

Algunos científicos consideran el reemplazo de órgano una solución parcial, ya que el cuerpo envejece en su totalidad y la posibilidad de sustituir sus partes no garantiza el buen funcionamiento del resto del organismo. Para ellos lo más eficaz sería retrasar el proceso de envejecimiento a nivel molecular.

La doctora S.Jay Olshansky, de la facultad de salud Pública de la Universidad de Illinois en Chicago, forma parte de esta corriente de opinión; y junto a sus colaboradores ha comenzado un ambicioso proyecto destinado a frenar el envejecimiento; objetivo que podría permitir alargar la vida siete años en los próximos diez o veinte años.

Olshansky está estudiando a personas privilegiadas que han llegado a los 100 o 110 años en forma saludable tanto física como mentalmente; porque cree que la gente longeva tiene un envejecimiento celular más lento que resiste mejor el estrés oxidativo.

Este equipo de investigadores afirma que una forma eficaz de frenar el envejecimiento, además de incluir una dieta saludable y ejercicio físico, se podría llegar a lograr con una píldora, pero para llegar a eso es necesario realizar estudios científicos serios.

Seguramente los recursos conocidos para prolongar la vida y la posible píldora de la longevidad no sean suficientes, porque también será necesario haber logrado un buen nivel de estabilidad emocional, una mente libre de conflictos y una adecuada realización personal que permita una armoniosa inserción social.

Todavía hay demasiada gente que muere en forma violenta, víctima de guerras, revoluciones políticas, accidentes, catástrofes naturales o en manos de delincuentes.

En este sentido los individuos no se diferencian tanto del hombre primitivo, que tenía que lidiar todos los días con fieras salvajes para defender su territorio y conseguir su sustento.

La jungla de asfalto obliga al hombre actual a vivir a la defensiva, enfrentar una competencia feroz y exponerse diariamente a la ley de la selva; porque todavía son muchos los que matan para vivir.

Prolongar esta vida solamente tiene sentido si además de lograr un cuerpo saludable mucho tiempo, valga la pena seguir viviendo.

Malena

Fuente: “Investigación y Ciencia”; Edición española de “Scientific American; “Cumplir los cien años”; Katherine Harmon, redactora de “Scientific American.

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