2013/04/16

Liberarse de la dependencia familiar



El ser humano es la especie que depende más de sus progenitores desde que nace y hasta mucho tiempo después; es más, su vida peligraría si fuera abandonado a su suerte siendo aún niño, a diferencia de otras criaturas de la naturaleza que tienen mayores esperanzas de subsistir si quedan solas.

La relación de dependencia con los padres, en las sociedades modernas, a medida que pasa el tiempo, se prolonga más y más, en muchos casos, hasta que son adultos.

Pero cuando más tarde sea el desprendimiento más difícil le será a una persona, liberarse de la dependencia familiar, tener convicciones propias, permitirse vivir su vida a su modo, desarrollarse como persona individual y hacerse cargo de sí mismo.

La dependencia no depende solamente de las características de un individuo en particular sino también de la actitud que han tenido sus padres para con él.

Cuando alguien ha sido criado con excesivas gratificaciones, no se le ha permitido valerse por sí mismo, no se ha sabido confiar en sus propias habilidades y se lo ha convencido que no puede hacer nada solo; es difícil para cualquier sujeto salir de ese cómodo modo de vida, aunque le resulte frustrante y hasta le provoque estallidos de violencia.

Sin embargo, pocos son los que pueden vencer la inercia de gozar de ese confort y de esa comodidad de no tener que hacer ningún esfuerzo, como también no son muchos los que no sienten culpa por atreverse a tener una actitud independiente.

El deseo de independencia de los hijos a veces los padres lo interpretan como falta de afecto, cuando éstos se rebelan e ignoran sus consejos. Es mejor visto el hijo obediente, que se porta bien y que hace todo lo que ellos quieren sin quejarse ni protestar.

El conflicto del sujeto en estos casos es inevitable, porque si es rebelde tiene que librar la lucha interior entre ser fiel a sí mismo o no perder el amor de su familia y según lo que elija, si es que elige y no se vuelve neurótico, así será su destino.

Según la teoría Psicoanalítica, la relación con los padres puede definir la orientación sexual de un sujeto, dependiendo ésta del progenitor con el que se identifica, que según como ha sido el vínculo con cada uno de ellos, no necesariamente puede terminar siendo el que se espera.

La identificación positiva es cuando el varón se identifica con el progenitor del mismo sexo y el hijo quiere ser como él para tener a su madre como objeto de amor, hasta llegar a elaborar su complejo de Edipo, o sea cuando pueda cambiar de objeto de amor por otro, no incestuoso.

En el caso de la mujer la identificación positiva es cuando logra identificarse con la madre para tener al padre; aunque el proceso femenino Freud reconoce que es más complicado y exige un mayor análisis, que él no realizó.

El heredero del complejo de Edipo es la instancia de la estructura de la personalidad que el Psicoanálisis denomina “Superyo”, o ideal de yo del sujeto.

Para que este proceso se produzca de esta forma, es necesario que los progenitores cumplan cada uno su rol adecuadamente o sea, brindándole al hijo el afecto que necesita y el marco familiar que espera.

Los niños en el hogar tienen que tener oportunidad de tomar las decisiones que le corresponden, que deben ser pequeñas como ellos; y esta posibilidad tiene que ir aumentando a medida que crecen, debiendo mostrarles sus padres que confían en ellos y reconociendo su propia capacidad para elegir, lo que permite sentar bases sólidas para una sana autoestima.

La independencia de un individuo no significa el abandono total de la familia sino la posibilidad de la continuidad de la relación familiar con el mutuo respeto, por la vida que ha elegido vivir cada uno.

Cuando los padres envejecen necesitan a sus hijos casi como sus hijos pequeños alguna vez los necesitaron a ellos. Se debilitan sus fuerzas, se sienten solos y pueden volverse dependientes.

Siempre hay un hijo que responde mejor que otro a estas expectativas, por eso es mejor tener varios hijos y que alguno de ellos o todos, en el mejor de los casos, hagan lo mismo que sus padres hicieron con ellos, no subestimarlos, respetar sus iniciativas y permitirles que vivan a su modo.

La relación con los padres puede seguir siendo estrecha sin perder cada uno su libertad, sólo cuando hay verdadero y desinteresado afecto; y liberarse de la dependencia exige ser lo suficiente fuerte como para atreverse a renunciar a todo, menos a ser uno mismo.

Malena

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