2013/06/07

Neuroteología - El estudio neuronal de la fe



A fines del siglo XIX, James B. Ashbrook, del seminario teológico Garret de Evanston, ideó el término neuroteología para designar la investigación sobre el modo en que se manifiesta Dios en el cerebro humano.

Los escépticos percibían a esta nueva ciencia como la oportunidad de explicar la religiosidad como un simple fenómeno neuropsicológico.

La Neuroteología es la ciencia que investiga los fundamentos cerebrales de la actitud y de la fe religiosa, para poder explicar la creencia en Dios como producto del funcionamiento de un conjunto de neuronas, lo cual podría aportar información confiable sobre su existencia.

Hasta ahora sólo se ha demostrado que cuando se produce una experiencia espiritual, se puede observar una mayor actividad en los lóbulos frontal y parietal.

A pesar de lo complejo que resulta el estudio de este tema, la Neuroteología ha pasado a ser, más que una descripción demasiado simplista, una explicación social e individual de este fenómeno.

El neurocientífico canadiense Michael Persinger ideó un artefacto que denominó “casco de Dios”, con el cual aplicaba ondas magnéticas en los lóbulos temporales y parietales de los cerebros de un grupo de voluntarios. Como resultado, un ochenta por ciento de ellos manifestó haber percibido experiencias extrasensoriales.

La explicación fue que el casco provisto de electrodos provocaba pequeños ataques epilépticos en los probandos y esto les producía sensaciones espirituales.

Hipócrates, ya en su época, calificaba a la epilepsia como una “Enfermedad sagrada” y otros neurólogos después de Persinger, calificaron las vivencias místicas de muchos santos y líderes religiosos como ataques epilépticos.

El neuropsicólogo Vilayanur Ramachandran, que en la actualidad preside el Centro para el Cerebro y la Cognición de la Universidad de California en San Diego, ideó el concepto de “módulo divino” que designa el sector cerebral que se estimula en la epilepsia.

Sin embargo, la ciencia no prestó demasiada atención a este asunto, ya que posteriores estudios más rigurosos no pudieron confirmar las investigaciones de Persinger, al comprobarse que los resultados eran influenciados por las expectativas de los voluntarios. Por otro lado, los teólogos están de acuerdo en admitir que Dios puede utilizar cualquier camino para comunicarse con la humanidad.

Una nueva generación de neurocientíficos del nuevo milenio, entre ellos Andrew Newberg, de la Universidad de Pensilvania, comenzó una investigación sobre los efectos que se producían en el cerebro de personas con creencia budista y cristiana en el momento de la práctica de la meditación profunda.

Este estudio reveló que los meditadores habituales adquieren la capacidad de desactivar la zona de asociación y orientación, a través de una concentrada activación de la corteza prefrontal, que es la que interviene en la imaginación espacial, logrando reales experiencias de autodisolución y trascendencia.

Sin embargo, estos resultados se prestan a distintas interpretaciones en función a la creencia o al excepticismo que exista sobre este asunto.

Otras investigaciones llegan a la conclusión de que lo que influye en las experiencias espirituales, es lo que se aprende a creer.

Por el momento, la neuroteología parece dividirse en dos tendencias básicas; la que investiga el fenómeno de la espiritualidad como una experiencia de trascendencia personal, por medio de la meditación y la que estudia la religiosidad como la posibilidad de la conexión con una realidad superior a través de la oración o de distintos rituales grupales. Pero en la práctica, la mayoría de la gente no suele adherirse a una sola tendencia, sino a ambas.

Hasta ahora, como ocurre con el lenguaje, el arte o la música; la religiosidad tampoco puede circunscribirse a una zona cerebral única, porque también activa distintas partes del cerebro.

A pesar de las investigaciones, la neuroteología no ha podido desentrañar el misterio de Dios, dado que cada descubrimiento da lugar a más complejos interrogantes; por lo tanto, aún no ha podido demostrar ni rebatir la existencia de Dios.

Malena

Fuente: “Mente y Cerebro”; “Investigación y Ciencia”; “Tres décadas de Neuroteología”; Michael Blume, neuroteólogo, profesor de ciencia de las religiones en la Universidad Friedrich Schiller de Jena.

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