2013/06/06

Trastornos orgánicos que afectan la mente



Mucha gente pasa años tomando psicofármacos y haciendo psicoterapia y continúa padeciendo los mismos males sin hallar una solución.

Estos pacientes se quejan de distintos trastornos, como cambios de humor, hiperactividad un día y al día siguiente depresión, deseos de llorar sin motivo, sentimiento de minusvalía, cansancio sin explicación, palpitaciones, náuseas y dolores articulares.

Ante estos cuadros algunos médicos pueden diagnosticar colon irritable, depresión, trastorno de la personalidad, ansiedad, y hasta esquizofrenia.
Estos estados aparecen de repente y a veces se relacionan con la menstruación.

Son personas que deambulan de consultorio en consultorio hasta que por fin, en el mejor de los casos, encuentran a un profesional que descubre el verdadero origen de sus males.

La porfiria, por ejemplo, es una enfermedad metabólica hereditaria, poco conocida y difícil de diagnosticar, que produce varios síntomas somáticos y psíquicos que parecen no pertenecer a ninguna patología específica y que empeora con muchos medicamentos.

En general, los trastornos físicos que producen problemas psíquicos demoran en reconocerse y muchas veces, estas patologías son ignoradas tanto por los psicólogos como por los médicos.

Se puede observar que las enfermedades orgánicas, aún un simple resfrío o una gripe, pueden causar cambios anímicos, como cansancio, debilidad, falta de concentración y hasta depresión; y que cuando estos trastornos se hacen crónicos, pueden provocar falta de fuerzas y agotamiento durante meses; sin embargo, la mayoría de las veces son derivadas a un psicoterapeuta.

Una infección de larga data puede relacionarse con trastornos psíquicos graves como la depresión crónica y la esquizofrenia; según afirman los psiquiatras Norbert Müller y Markus Schwarz de la Clínica Universitaria de Munich.

Por ejemplo, las infecciones durante el embarazo pueden dar origen a una enfermedad autoinmune que produce un desequilibrio neuronal que favorece la manifestación de un trastorno psíquico y por otro lado, se sabe que las hormonas determinan en gran medida la conducta y el estado de ánimo.

Algunos investigadores atribuyen la crisis de la adolescencia en la pubertad, al aumento de la producción de hormonas sexuales; y en cuanto al síndrome premenstrual puede producir alteraciones del sueño, cambios de estado de ánimo y otros trastornos; incluso en algunas personas puede contribuir a generar una depresión grave.

El parto también es una circunstancia en que se producen grandes desequilibrios hormonales que según los neurólogos del equipo de Bennard Doornbos, de la Universidad de Groningen, pueden producir trastornos anímicos que suele afectar hasta el 70% de las madres (afección conocida como depresión post-parto). Pero lo más frecuente son las alteraciones de la glándula tiroides cuyo funcionamiento es el control del metabolismo de todo el cuerpo.

Las personas que padecen de hipertiroidismo pierden peso, se agitan fácilmente, tienen problemas para dormir, tienen ataques de ira y sufren de frecuentes estados de angustia.

En cambio, cuando se trata de hipotiroidismo (trastorno que sufre el 1% de la población), es más difícil de diagnosticar, porque sólo se registra un ligero aumento de peso, cansancio permanente y un estado de ánimo abatido.

En estos casos, es común que las personas con desequilibrios en la glándula tiroidea terminen consultando a un psicoterapeuta, cuando se puede tratar eficazmente con medicamentos.

Tomar poco líquido puede acelerar el ritmo cardiaco y aumentar la presión arterial, lo que puede producir agitación nerviosa y desencadenar una crisis de angustia o un ataque de pánico, mareos, dolor de cabeza, dificultades de concentración y problemas de memoria.

Una alimentación sana puede evitar a una persona caer en una hipoglucemia si ha seguido una dieta estricta hipocalórica, y sentirse irritable, que le falta energía y que la puede llevar a sufrir de carencias de vitaminas y minerales y a comer en forma incontrolable.

La falta de calcio puede afectar el buen funcionamiento del sistema nervioso, la humectación de la piel y la digestión; y también puede producir depresión.

Los desequilibrios psíquicos también pueden producirse debido a una intolerancia a ciertos alimentos que contienen lactosa, gluten o histamina, lo que ocasiona eventualmente malestar general, dificultades de concentración y depresión.

Tanto médicos como psicólogos deben tener pleno conocimiento especializado para poder realizar un diagnóstico correcto y evitar posibles padecimientos a sus pacientes, que son innecesarios.

Malena

Fuente: “Mente y Cerebro”; “Investigación y Ciencia”; No.54/2012; “Trastornos somáticos que afectan la psique”; Erich Kasten, profesor de psicología médica en la Universidad de Lübeck.

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