2013/08/20

Adultos en patineta


La patineta se ha popularizado entre los jóvenes que cada vez se atreven a ser más audaces y a aventurarse a realizar las más difíciles acrobacias con ellas.

Pero también se ven hombres de más de treinta años balanceándose sobre sus ruedas, intentando emular a los chicos haciendo piruetas.

Hoy en día, la patineta podría ser útil como medio de locomoción para trasladarse de un lugar a otro, si se tiene la precaución de cuidar la integridad física de los rigores del tránsito, pero cuando un adulto hace una exhibición de su habilidad, tal como lo hacen los chicos, puede arriesgarse a sufrir algunos sinsabores, como fracturarse una muñeca, romperse una pierna, dislocarse un hombro o quebrarse un tobillo, y además enfrentar el papelón de que todos se enteren por qué faltó al trabajo; aunque no le sirva todo esto para darse cuenta que simplemente ya no está para eso.

Me pregunto qué es lo que lleva a un hombre de treinta años a subirse a una patineta y competir con los chicos, arriesgándose a fracturarse algún hueso, ya que es obvio que a esa edad ya no se tiene la elasticidad de los niños ni tampoco el adiestramiento que tienen ellos, porque obviamente tienen más tiempo.

Tengo entendido que en esta ciudad existen grupos de hombres, incluso profesionales, que se reúnen para recorrer algunos lugares de Buenos Aires en patineta. Sin duda, se trata de quienes aún conservan cierto espíritu infantil como para disfrutar de un juego que por lo general divierte sólo a los chicos.

Creo que el hombre en patineta es un símbolo de cómo viven los hombres de esta época, en que las relaciones se caracterizan por la falta de compromiso, el “toco y me voy” o hasta que cualquier cosa nos separe.

El fenómeno del hombre en patineta refleja las características del hombre actual y el estilo de vida que elige vivir, un modo “light”, dedicado a sí mismo, sin obligaciones ni compromisos, sin familia, esposa ni hijos, pero con una patineta que lo está esperando impaciente detrás de la puerta.

El grupo de los que se reúnen para circular en patineta se identifican entre sí pero pocas veces logran relaciones duraderas, son simples conocidos, como todos los demás que los rodean, porque cuanto menos intimidad tengan también será menor el compromiso.

Surge así una nueva generación de hombres solos que en sus ratos de ocio buscan entretenerse sin compartir nada porque han descubierto la ciencia de tomar a su propio ombligo como referencia.

A estos hombres solitarios, los está uniendo una patineta, ese sencillo adminículo sobre ruedas que se caracteriza por su simpleza, que les permite deslizarse por las calles haciendo un pequeño esfuerzo pero que al igual que las redes sociales por internet, les brinda la ilusión de estar conectado pero sin correr riesgos, o sea tener la audacia de crear un verdadero vínculo con otro.

Malena

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