2013/08/07

Relaciones de pareja enfermas


Aunque como nunca antes estamos viviendo momentos de inusual libertad para elegir un vínculo afectivo, muchas relaciones de parejas no pueden evitar agudas crisis, acuciadas por la sombra de la violencia, los celos, el aburrimiento, la intolerancia, la indiferencia, la infidelidad o el desamor.

Convivir con otra persona es un arte que trasciende la atracción que los une; porque quienes logran dominar esa difícil habilidad son los que pueden elevarse por encima del enamoramiento y conciliar la pasión con la responsabilidad y el compromiso.

Estar en pareja brinda la posibilidad de expresar nuestras más profundas emociones, de descubrir y desarrollar nuestro más genuino potencial, de formar una familia y de trascendernos a nosotros mismos.

Sin embargo, cuando se interpreta la relación de dos como una limitación o un obstáculo, puede significar la sensación de estar privado de la libertad y de estar cumpliendo una condena.

La vida cotidiana refleja que muchas relaciones afectivas terminan mal, por distintos motivos; porque ambos se sienten atados, porque se sienten insatisfechos, desanimados, impotentes y se han resignado a vivir en perpetuo estado de desamor, desarmonía y desinterés mutuo.

La relación de pareja está enferma y es necesario analizar las causas de esta enfermedad que atenta contra un vínculo necesario en la sociedad cuyo progresivo deterioro puede tener consecuencias impredecibles.

Así como todos necesitamos tener momentos de soledad para poder encontrarnos con nosotros mismos, también necesitamos al otro para tener conciencia de nuestra individualidad como seres únicos y distintos.

La individualidad se enajena cuando se interpreta erróneamente, que estar en pareja es una opción y no el complemento necesario para que un individuo pueda lograr una vida plena.

Una pareja no es alguien a quien aferrarse para sostenerse o un bastón para sentirse apoyado, es la condición ideal para compartir los ideales y hacer posible el total desarrollo.

En una pareja, la actitud hacia el otro es lo que le permite garantizar a cada uno, la libertad para realizarse como persona individual. Una actitud decidida apoyada por una convicción firme, que no ofrezca la más mínima duda. Porque solamente cuando una persona sabe lo que quiere obtiene lo que busca cualquiera sea su condición de vida.

Para ser libre en pareja hay que aprender a dejar libre al otro sin obstruir con desconfianza, celos o envidia, su crecimiento; porque cuando en la pareja alguno de los dos deja de crecer y de asombrar todo termina.

No hay que olvidar que el amor se sostiene con el respeto por el otro y con la admiración, y los que permanecen esclavos por un amor mal entendido, se tornan dependientes y frustrados.

Malena

Fuente: “Sanar la pareja”; Sergio Sinay.

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