2013/09/25

Caso Mangieri, Renuncia el abogado defensor


El asesinato de Ángeles, tan comentado y tan sembrado de confusión y dudas por quién sabe qué misteriosos intereses, es bastante claro, mucho más que otros delitos que ocurren en un descampado o en algún lugar desolado donde es más fácil eludir la acción de la justicia y permanecer impune.

El sólo hecho de aparecer ADN del único sospechoso en las uñas de la víctima ya es prueba científica suficiente como para que sea condenado con todo el peso de la ley, sin embargo, el acusado tiene la suerte de tener un protector adinerado que puede pagarle un abogado defensor, obviamente inaccesible para el bolsillo de un encargado de edificio, que hasta ahora se encargó de poner palos en la rueda, incriminando a otros, sembrando dudas en las pericias judiciales y apelando a todos los recursos que existen para intentar conseguir que el sospechoso de tan terrible crimen se salve de ir a la cárcel.

Eso es lo que hacen algunos abogados de gente influyente, que no importa lo que hayan hecho sus defendidos, logran salir libres aprovechando las limitaciones de la ley y los medios legales disponibles que conocen bien sus abogados para utilizar en su provecho; mientras no son pocos los que siendo inocentes están presos por falta de recursos.

En este caso particular, el acusado no es alguien influyente, pero sí está apoyado por quien tiene el dinero suficiente como para ayudarlo incondicionalmente.

No se discute que un abogado defensor defienda a su cliente de la mejor manera, y que en el caso de que su defendido haya tenido participación directa en el hecho, intente encontrar todos los atenuantes que tenga a su alcance.

Lo que pone en duda la actuación de un profesional es cuando utiliza recursos discutibles como la teoría de una conspiración, sin ningún fundamento, insinuando la participación de otra persona, que nunca se pudo comprobar, con la clara intención de implicar a otros supuestos agresores, que definitivamente no existieron, elemento que podría influir en alguna medida tanto en la opinión pública como en la de los jueces.

De esta forma, es común observar que ciertos abogados no reparan en esgrimir cualquier argumento en favor de su cliente, con tal de no arriesgar su prestigio, sin importarle demasiado lo que haya hecho, cuando además, puede ser una buena oportunidad para promocionarse.

Esto no ocurre solamente en nuestro país sino en todo el mundo ya que por ejemplo, se sabe que Al Capone, que en su momento fue jefe de una mafia que operaba en Estados Unidos, sólo pudo ser encarcelado por evasión de impuestos y nunca por los crímenes que se sospechaba había cometido.

La justicia tiene sus grandes aporías y la más importante se encuentra en la propia ley que con su ambigüedad puede ser utilizada tanto a favor como en contra.

Una aporía es una contradicción; según el diccionario: “un razonamiento en el que, a partir de algo de apariencia evidente, se deduce una conclusión manifiestamente falsa”.

Todas las teorías tienen esta especie de talón de Aquiles o puntos débiles a partir de los cuales se pueden refutar sus argumentos y eso es lo que pasa también con la ley; que se puede interpretar de distintas maneras.

Siempre será difícil circunscribir los hechos humanos a la fría e insuficiente letra de la ley, que lamentablemente nunca alcanzará para hacer justicia.

El abogado a cargo de la defensa de Mangieri hoy finalmente renunció por cuestiones personales. Es probable que lo hayan desbordado los hechos y que no esté dispuesto a pagar el costo de un fracaso, o que no quiera defraudar a quienes lo aman haciendo declaraciones para el circo mediático, por eso cede su lugar a otro para que siga, y evitar que los resultados lo salpiquen.

Malena

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