2013/10/08

Aprendiendo a envejecer


Los hábitos y las creencias pueden hacer que nuestra vejez sea sinónimo de decadencia y deterioro o la oportunidad de vivir intensamente cada minuto que nos queda, evitando ser una carga, dejando una huella de afecto en la familia y mostrándoles que también se puede disfrutar de la vejez.

Retirarse para vivir sentado en una mecedora leyendo el diario o viendo televisión, sin tener nada que hacer y sin tener interés en nada, es la fórmula no sólo para envejecer lleno de achaques sino para morirse cuanto antes.

Los factores que incrementan el deterioro del cuerpo y de la mente son la desnutrición, las adicciones al cigarrillo, al alcohol, a la comida chatarra, a las drogas; y la deshidratación, la depresión y el sedentarismo.

Los que sufren más los efectos de la vejez son los hombres cuando se jubilan, principalmente aquellos que monopolizaron su vida con un solo interés: su trabajo.

Las mujeres suelen mantenerse más activas, cultivar intereses hogareños y amistades, pero tienden a decaer cuando pierden al compañero de toda la vida.

Los ancianos muchas veces se automedican o interrumpen la medicación sin control médico y esto puede traer consecuencias nefastas para su salud.

La fatiga crónica puede ser un síntoma de depresión, cuando la persona además se torna callada, retraída, apática y tiende a aislarse de su entorno.

Si bien es cierto que la vida moderna impide en gran parte que los ancianos se integren a los más jóvenes, una psicoterapia breve puede ayudarlos a comprender que este hecho no es algo personal sino que es un problema generalizado de esta época, tratamiento que puede cambiar la visión de la realidad e impulsar a las personas mayores a atreverse a comenzar una nueva vida, sin el acostumbrado agobio de los problemas familiares.

Los que han vivido siempre presionados por un círculo de personas dependientes y de pronto se encuentran solos, es probable que no se puedan acostumbrar al sabor de la libertad absoluta, como le pasa a algunos presos que recobran la libertad después de treinta años de cárcel.

El cautiverio de las obligaciones y sentirse necesario puede ser el dulce yugo que suele generar mayores desavenencias familiares y discordias.

Aprender a ser libre sin ataduras puede ser para algunos una misión imposible, cuando se han acostumbrado a tener el dominio de las situaciones y no quieren abandonar el control.

Pero el control tiene un alto costo, porque es pretender repetir historias en un momento de la vida en que ya no se cuenta con la suficiente energía como para enfrentarlas.

Cuando respetamos nuestras limitaciones éstas se trascienden y permiten que nos demos cuenta que existe otra manera de vivir, que tenemos la oportunidad de probarnos a nosotros mismos si somos capaces de cambiar y de vivir intensamente de otra forma, los últimos años de la vida.

Malena

Fuente: “Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo”; Deepak Chopra.

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