2013/11/05

Mentes Saludables


Todos podemos tener motivos suficientes como para sentirnos preocupados, deprimidos, iracundos y hasta furiosos, pero no todos responden de la misma manera frente a las circunstancias adversas.

Una persona saludable psicológicamente tiene problemas como todo el mundo, la diferencia es cómo vive esos problemas.

Lo bueno es que esa actitud saludable para enfrentar las situaciones difíciles de la vida se pueden aprender y desarrollar y de esa forma lograr mejorar la calidad de vida y las relaciones.

Todos los días suceden cosas inesperadas que no siempre dependen de nosotros y no siempre son agradables. De nada sirve proyectar nuestra contrariedad y descontento en los que nos rodean para desahogarnos, porque lo único que lograremos es aumentar los motivos para estar disgustados.

Las personas inflexibles creen que no pueden cometer errores y no aceptan que los demás se equivoquen, principalmente porque se imponen una rígida disciplina, sienten que no pueden fallar, que no pueden concretar sus objetivos y tampoco están dispuestos a cambiar de planes.

Estas personas no pueden tolerar el fracaso ni la frustración y cada experiencia la utilizan para probarse a sí mismos y a los demás, que valen.

El costo de este comportamiento es muy alto, porque de nada vale tener la vida tan planificada porque la realidad es que nadie está seguro de nada porque todo está en perpetuo cambio; y una vida demasiado ordenada no permite aceptar el presente ni ver el horizonte.

El valor de una persona no pasa necesariamente por lograr todo lo que se propone, ni por ser siempre eficiente o autosuficiente; porque existen otros valores humanos además de los logros y la eficacia.

Estas personas también les exigen a los demás el mismo comportamiento y se enfadan si no cumplen con sus expectativas.

Todos podemos cambiar de actitud y de manera de pensar para incrementar nuestra sensación de bienestar, pero para lograrlo tenemos que modificar la forma de interpretar el mundo y las cosas que nos pasan.

La vida está hecha de imprevistos, sin embargo, hay gente que no los puede aceptar y atribuye el fenómeno a motivos que se podrían haber evitado; adopta una actitud crítica de intolerancia, se desequilibra emocionalmente y crea las bases para experimentar una serie de emociones negativas, como depresión angustia, culpa, ira, etc.; y el sentimiento de fracaso.

Son personas que no ven los matices y para ellas todo es blanco o negro o bueno o malo, son perfeccionistas y se sienten obligadas a cumplir con sus férreos mandatos internos, sin ninguna compasión por sí mismas.

Por supuesto, este tipo de personalidad es la que tiene mayores probabilidades de sufrir estrés crónico y el mayor riesgo de sufrir hipertensión, diabetes, problemas digestivos, colon irritable, etc.

La forma de salir de este estado es tomando conciencia de las creencias irracionales que subyacen a su conducta, dándose cuenta que no necesitan la aprobación de los demás ni tampoco tienen que esperar que los demás sean amables, comprensivos y justos y que a la vida tienen que aceptarla como es, no como quieren que sea.

El que busca la perfección y espera que todo le salga bien, no es realista y se arriesga a que la realidad lo frustre.

Aceptar la realidad nos permite corregir el rumbo, hacer los cambios necesarios, poder seguir adelante con nuestros proyectos y cumplirlos.

Malena

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