2013/12/11

Qué es hoy un lujo


El verdadero lujo bien entendido hoy en día, no se relaciona con los objetos sino con algo tan abstracto como es la posibilidad de elegir cómo pasar el tiempo.

¿Qué lujo puede ser gozar de un alto poder adquisitivo que permite tener todo lo que se desea si no se dispone del tiempo suficiente como para disfrutarlo?

El tiempo es un lujo cada vez más escaso principalmente para los que viven sus vidas ocupados en hacer más y más dinero.

Tener tiempo para hacer lo que a cada uno le gusta en cualquier momento es un lujo que casi nunca se pueden dar los que tienen llenas sus agendas.

Pero el lujo no es solamente tener tiempo libre, porque hay mucha gente que no hace nada que dispone de mucho tiempo, sino en poder elegir qué hacer con él.

No todos pueden disfrutar del ocio, cuando están obsesionados con su trabajo y eso es lo único que eligen como la única manera de pasar el tiempo. Sin embargo, el ocio es necesario para vivir bien, o sea tener la oportunidad de pasar tiempo haciendo algo que a uno le guste sin el objetivo de obtener una ganancia de ello; porque el ocio no es negocio.

Se trata de poder otorgar valor a otra actividad que no genere beneficios económicos, algo que solamente alimente el espíritu.

No todos disfrutan de su tiempo libre haciendo las mismas cosas, ni tampoco se trata de tener mucho dinero para gastar, porque muchos sólo están deseando desenchufarse para sentarse a descansar y no pensar, salir a caminar, quedarse mirando un atardecer en un jardín o leyendo un libro mientras toman un café en un bar.

Lo importante es poder salir de una rutina acelerada y poder bajar de revoluciones, entrar en la onda lenta y recuperar el valor de lo simple, una comida al aire libre, una buena compañía, una charla informal, una siesta, buena música o salir a remar y poder experimentar el verdadero placer de la libertad.

Aunque los agentes de viajes nos quieran convencer que no hay nada mejor que un spa, el verdadero lujo es tener tiempo libre para no hacer nada, estar ocioso, atento a la experiencia de no tener ningún apuro, de relajarse, de no pensar en nada, de moverse libremente, de tener tiempo de observarlo todo, con calma e interés, poder tener conciencia del bienestar, de la brisa en el rostro, del olor y la belleza de la naturaleza y de poder elegir sin ninguna traba, qué hacer.

La gente busca la diversión en la velocidad y en la acción, sin embargo la lentitud y el no hacer, para muchos, no son cosas aburridas, al contrario, buscan desconectarse, pasarse al carril lento y disfrutar del paisaje sin pensar en llegar a algún lado o alcanzar alguna meta.

Se trata de lograr parar y cuestionarse qué es lo que se está buscando corriendo de un lugar a otro sin tener tiempo para sí mismo y poder cambiar de actitud y de filosofía de la vida, darse tiempo para el placer, para poder pasar con nuestros seres queridos, sin la televisión encendida, para poder dialogar y compartir momentos que de otra forma, se habrán perdido.

No permitamos que el remolino salvaje de las grandes ciudades nos hunda en una vida reducida al consumo y la productividad y elijamos detenernos para ver esa otra realidad que nos exige otra mirada más profunda para aprender a disfrutar del tiempo libre y hacer lo que realmente nos gusta.

Malena

Fuente: “Elogio de la lentitud”; Carl Honoré.

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