2013/12/16

Soy inseguro de mí mismo



Algunos lectores me escriben para saber qué es lo que tienen que hacer para sentirse más seguros de ellos mismos.

Vivimos en un mundo incierto donde se pueden predecir fenómenos hasta cierto punto, luego hay una barrera infranqueable donde sólo impera la incertidumbre.

Tal vez llegue un tiempo en que la ciencia podrá explicar todo, o tal vez no, pero mientras tanto, ese margen de inseguridad sobre lo que puede pasar o no, estará supeditada solamente a nuestras acciones, que es lo único que podemos controlar; y todo aquello que no somos nosotros, quedará en otras manos o simplemente se dará o no, según el azar si es que existe o según leyes que aún no conocemos.

Todos tenemos dudas sobre nosotros mismos, incluso es posible que nadie llegue alguna vez a conocerse del todo, saber quién es y quién quiere llegar a ser en este mundo, cuáles son sus límites, qué significado tiene la realidad en que vive y hacia dónde se dirige.

Sin embargo, algunos pueden estar seguros de sí mismos y cómodos con la realidad que viven, y entonces muchos se preguntan cómo lo hacen.

Básicamente, la persona insegura ha sufrido alguna vez alguna carencia afectiva, ya sea de manera objetiva, o sea que realmente no ha tenido afectos verdaderos; o en forma subjetiva, percibiendo tempranamente que no recibía el afecto que necesitaba.

Estas personas van a crecer seguramente fijadas a ese trauma infantil, según diría Sigmund Freud, o bien condicionadas a esa experiencia, según las teorías del aprendizaje.

Sin embargo, aunque cada experiencia de aprendizaje traumático haya dejado su huella neuronal en cada cerebro humano, éste posee también la suficiente plasticidad como para crear nuevas conexiones nerviosas con cada experiencia, lo que le puede permitir al individuo reemplazar su antiguo modo de pensar y su comportamiento y adoptar otras formas de ver la realidad y de actuar en ella, en forma diferente.

La seguridad objetiva no existe, porque no conocemos todavía con exactitud el funcionamiento de la realidad ni podemos controlar todas las variables que intervienen en un hecho, sin embargo, todos podemos controlar nuestras acciones y eso es lo que nos puede brindar mayor seguridad.

Las personas seguras de sí mismas respetan su propio código de valores, o sea que se expresan y actúan en forma coherente con lo que piensan.

Pensar, decir y hacer lo mismo no es lo que la mayoría hace, porque casi todos deciden no comprometerse con una manera de pensar, cambian su pensamiento según las circunstancias y entonces no son coherentes ni con sus dichos ni con sus hechos.

El que tiene una religión, supuestamente ha aceptado los valores que le enseña su religión y eventualmente tendría que hablar y actuar en consecuencia, sin embargo, también él puede estar fragmentado y en la vida real tampoco ser leal a los valores de la religión que eligió.

Algunos pueden pensar que en este mundo a los malos les va bien, muchas veces mejor que a muchos buenos, por lo menos lo que pueden ver desde afuera, su auto, su casa, las cosas que tienen.

Los que llaman “malos”, que les parece que les va bien, tienen también un código de conducta que respetan a rajatabla, que es diferente, porque contiene otras reglas que tienen que cumplir y que cumplen, que en la realidad funcionan, porque esta realidad es lógica y lo que parece funcionar no es tanto lo que es para nosotros bueno o malo sino lo que es lógico y coherente.

Podemos ser aparentemente muy “buenos” objetivamente, pero incoherentes; y bastante “malos” pero coherentes y en estos casos, seguramente los que se sentirán seguros y probablemente les puede ir mejor es a los que llaman “malos”.

Existen muchos valores que son relativos a las circunstancias, valores a los que muchos se aferran; pero existen otros valores que son absolutos, o sea, que sirven para todos, que contemplan todas las religiones y todos los códigos éticos, aún el de los mafiosos.

En la mafia, el castigo para la traición es la muerte, de modo que los mafiosos son más severos para juzgar el valor de la lealtad que las legítimas leyes.

El que le roba a un mafioso, generalmente porque no está de acuerdo en el reparto, termina muerto en circunstancias que jamás se aclaran.
En estos casos se puede ver que al que le va mal no es al mafioso, que actúa en forma coherente con sus valores, sino al que se atreve a desafiarlo siendo incoherente.

Una conducta mafiosa por excelencia es hacer negocios ilegales y ganar dinero, porque ellos están convencidos, no sin razón, que todas las personas influyentes, por lo general, son sobornables, o sea incoherentes y fragmentadas.

Los sobornables se manejan con un código doble, uno para la apariencia y otro para mantener esa apariencia, mientras el mafioso tiene perfil bajo, hace una vida normal y generalmente nadie lo conoce.

Mantener la coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos es lo que nos hace sentir seguros de nosotros mismos y eso no es fácil, porque significa comprometerse con una manera de pensar y ser fiel a ella siempre.

Cuando transgredimos nuestro propio código de valores es cuando nos va mal, porque nos sentimos mal con nosotros mismos y con el mundo, perdemos la confianza y nos sentimos inseguros.

Malena

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