2014/02/22

La Gratitud



Vivimos una época en que la gente ha olvidado ser agradecido, una virtud que ayuda a sentirse mejor consigo mismo y que mejora las relaciones de convivencia.

Muchos han aprendido a ser desconfiados y no pueden creer que haya alguien capaz de hacer algo en su beneficio,  por nada y que sin duda lo que busca con su actitud generosa es obtener algún provecho.

Sin embargo todavía hay gente que practica la virtud de hacer el bien sin mirar a quien y sin ningún interés personal.

Sin ir más lejos, son las madres las que hacen todo por sus hijos sin esperar nada a cambio, reconfortadas solamente por el hecho de verlos sanos y felices.  Pero sólo a pocos se les ocurre ser agradecidos con sus madres a quienes les deben ante todo el hecho primordial de estar vivos.

La gratitud es el acto que expresa el reconocimiento de haber recibido algo como prueba de estima y amor, merecido o no.  Es el sentimiento que refleja haber tenido en cuenta la generosidad de una persona hacia uno.
Pero lamentablemente, esta época se distingue por la falta de generosidad y el egoísmo de la gente, tan centrada en sí misma,  que le resulta imposible  ponerse en el lugar de otro.

La generosidad es un don, es una energía humana que era común en los pueblos primitivos pero que resulta escasa en las culturas actuales regidas por la competencia y las reglas del mercado.

Sin embargo, la generosidad, que vence la lógica de defender el propio interés, hace posible la apertura a nuevas relaciones de cooperación social que puede beneficiar a todos.

Ser generoso, altruista, caritativo o desprendido en estos días, suele ser considerado  por los escépticos, como actitudes que ocultan la satisfacción de sentirse superior a los demás y de disfrutar de ello.  Punto de vista que les sirve para evitar el compromiso.

Algunos viven el acto de agradecer un favor,  como una humillación frente a alguien que puede más que ellos, ignorando que siempre, hasta el más desposeído de los mortales puede dar algo.

La gente olvida que es mucho más gratificante dar que recibir,  en su afán de subir la pesada cuesta que representa en esta sociedad,  la búsqueda de lo que tienen todos aunque no lo necesiten, privándose de la satisfacción de ayudar a quienes pueden y la oportunidad de abrir un canal de cálido afecto entre ellos.

En lugar de dar las gracias ahora se da una propina, para evitar de paso el acercamiento que impone el agradecimiento y mantener así la distancia para no involucrarse en los problemas ajenos.

Malena 

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