2014/10/16

Embarazos tardíos



Empresas tecnológicas como Facebook y Apple han sorprendido al mundo con la controversial idea de darles veinte mil dólares al personal femenino que ocupa funciones jerárquicas, para que pueda conservar sus óvulos congelados y postergar su maternidad, tratando de evitar que un eventual embarazo afecte su carrera laboral.

La creatividad al servicio de la buena marcha de los negocios no tiene límites, y una vez más, las compañías que más ganancias han acumulado en los últimos años,  intentan implementar un nuevo recurso,  discutible y poco ético, ofreciendo intervenir en forma más que inapropiada en las decisiones privadas de la gente, otorgando un importante incentivo para lograr entorpecer la libertad individual de satisfacer el deseo legítimo de formar una familia cuando quiera.

Aunque es indudable que la planificación familiar es necesaria por muchas razones,  debería tratarse de un asunto estrictamente personal y circunscribirse al ámbito privado,  sin injerencias ajenas que pretenden modificar posibles acuerdos previos de las parejas y manipular sus estilos de vida, ya que es evidente que sólo persiguen beneficios propios.

La cruda realidad para las empresas es que los cambios tecnológicos son cada vez más rápidos y el más nuevo de los inventos puede quedar obsoleto en poco tiempo; por lo que una coyuntura demasiado dinámica puede no ser lo suficientemente rentable y amenazar su continuidad y desempeño. 

El objetivo de las empresas es ganar dinero, de modo que cuando tratan de mantener los niveles de ganancias y ahorrar recursos, suelen elegir la opción más barata.

Más barato que reemplazar a una funcionaria ejecutiva por otra, enseñarle el trabajo y hacerse cargo de un doble presupuesto en ese cargo por el lapso que dura un embarazo; es ofrecerle a las mujeres potencialmente fértiles, elegir postergar su maternidad y congelar sus óvulos, sin tener en cuenta que se trata de una decisión estrictamente privada que incumbe solamente a la pareja y que en buena medida se ajusta armónicamente a un proyecto de vida propio.

Además, no es lo mismo ser madre antes de los treinta años que después de los cuarenta y cinco.  A esa edad, una mujer que ha desarrollado actividades empresariales, con una vida activa socialmente y físicamente, se ve obligada de pronto, cuando ya muchas mujeres son abuelas, a criar niños pequeños y eventualmente sentir que tiene la obligación de enclaustrarse en la casa con ellos.

La vida de una mujer moderna tiene que estar llena de matices, ni estar dedicada de lleno al trabajo, ni solamente a la familia, porque todos, hasta el último día de la vida,  tenemos que tener la posibilidad de desarrollar todo nuestro potencial y crecimiento.

Una mujer está dotada de la habilidad de compatibilizar funciones disímiles, por lo que muy bien puede ser una excelente cocinera y madre cuando es necesario,  como una excelente funcionaria ejecutiva con un amplio caudal de creatividad en otro momento.

Los niños se adaptan a las circunstancias que les tocan vivir y si tienen una madre versátil, aprenderán a ser versátiles, a no estancarse y a no temer a los desafíos.

La maternidad es un hecho natural y desde todo punto de vista ha sido probado que es mejor para los hijos tener madres jóvenes. Estudios realizados muestran que hasta los niños de pocos meses responden con mayor frecuencia con una sonrisa frente a una cara joven.

Una madre joven comprende mejor a un niño, puede jugar con él e interesarse más por sus cosas porque ella tiene más presente a su niñez.  Conserva la suficiente dosis de frescura como para no preocuparse demasiado por pequeñeces y puede adaptarse mejor al bullicio y el desorden que producen sus hijos.  Se pueden poner en su lugar y volver a ser niñas sin dejar de ser responsables.

Una madre añosa puede cargar demasiado temprano a sus hijos de responsabilidades, tender a tratarlos como adultos, ser demasiado exigente o al contrario muy permisiva como suelen ser las abuelas,  tener expectativas demasiado ambiciosas, ser menos comprensiva y menos paciente.

No es casual que las instituciones educativas tengan como norma elegir mujeres jóvenes para atender niños de jardín de infantes y preescolar.

Malena 

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