2014/12/15

La Siesta en vías de extinción


La siesta, ese breve descanso reparador al que muchos han tenido que renunciar por razones obvias, es un hábito que los habitantes de las grandes ciudades pueden considerar anticuado o una forma de perder el tiempo.

Las agendas llenas de compromisos, las horas que no alcanzan, una vida apurada para poder cumplir con todas la cada vez más acuciante exigencia de aumentar la eficacia y el rendimiento.

Los únicos merecedores de esa vieja costumbre caída en desuso son los ancianos, los niños y los perros, porque todos los demás no pueden abandonar sus prioridades, aún estando en casa, aunque se les cierren los ojos y anhelen acostarse un rato.

Solamente la vida provinciana permite a casi todos ir a comer a la casa y echarse un rato a dormir una siesta reparadora; porque los negocios cierran hasta las cuatro o cinco de la tarde, y ese lapso es más que suficiente para gozar de una buena comida casera y un descanso.

En esos privilegiados lugares, al mediodía se interrumpe toda actividad y las calles quedan vacías y silenciosas, y mientras el Sol abrasador reina implacable afuera, después del almuerzo, todo el mundo se refugia en la fresca sombra de sus habitaciones dispuesto a disfrutar de una buena siesta.

La siesta sirve para renovar el impulso después de haber recobrado la calma y el aliento, vitaliza, fortalece y nos ayudan a renovar la energía.

Algunos recuperan la siesta los fines de semana, cuando se sienten libres de hacer con su tiempo lo que les plazca. Pueden dormir, hacer el amor o simplemente hacer fiaca.

Unos pocos minutos de sueño pueden hacer milagros, por eso algunas empresas de vanguardia les brindan a sus empleados esa posibilidad para que luego vuelvan renovados, con más ganas de trabajar y con ideas nuevas.

La siesta recomendable debe ser breve para que no nos deje embotados, de mal humor y desorientados, y debe hacerse en el momento justo, o sea, no tan tarde que al despertar ya haya anochecido; porque luego perturbará el sueño nocturno y nos hará perder el ritmo.

La siesta nos promete el descanso que necesitamos, es una forma feliz de pasar el tiempo, nos relaja y nos permite tomar distancia de todas las preocupaciones cotidianas; es otra oportunidad que tenemos de soñar y encontrar la solución de los problemas.

Malena

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