2015/05/04

Vivir apurado - Psicología Malena Lede


El tiempo que tenemos en este mundo es limitado y se nos escurre de las manos cada vez más rápido, pero si vivimos apurados perdemos la conciencia de los momentos vividos.

El tiempo apurado es de baja calidad, se cometen errores que producen graves trastornos y más pérdida de tiempo, no se puede disfrutar plenamente, no permite reflexionar ni concentrarse y lo peor es que para ahorrar tiempo perdemos el sentido de la existencia.

La premura se convierte en un fin en sí mismo, no importa para qué nos apuramos sino la rapidez con que somos capaces de hacer las cosas, tratando de ganarle la carrera al tiempo.

Hasta la música clásica se ejecuta en menos tiempo, porque la gente no tiene ni paciencia ni tiempo.

¿Dónde nos conduce vivir a toda velocidad? ¿Acaso obtenemos mejores resultados si nos apuramos o es que la ansiedad y la urgencia están en nuestro interior y sólo nos impulsa la imperiosa necesidad de huir hacia adelante?

Somos esclavos del reloj desde que se inventó, porque hasta no hace mucho tiempo la gente se guiaba por el Sol y no existía otra referencia más que el reloj biológico.

¿Cómo hacer para detenerse para pensar, para meditar, para contemplar la naturaleza, para vivir el aquí y ahora, si somos arrastrados por los demás, por la falsa necesidad de tener cosas y de pertenecer?

Permitir ser llevado por la corriente, nos aleja cada vez más de la motivación propia y cuando la necesidad de autorrealización personal se hace más acuciante, no podemos parar para concentrarnos en nosotros mismos, para descubrir quiénes somos y para saber cuál es nuestro propósito.

En un mundo que padece la enfermedad de la prisa sin motivo que la justifique, todo es fugaz y efímero, nada tiene sustento, tampoco nosotros.

Nos hemos convertido en máquinas que funcionan de nueve a cinco, y luego, no nos podemos desenchufar porque tenemos que seguir funcionando en piloto automático, que es una forma de huir de nosotros mismos.

Tenemos que tomar conciencia de quiénes somos y de cuáles son nuestros talentos para ponerlos al servicio del mundo en que vivimos y de todos aquellos que queremos, para recuperar el verdadero sentido de la existencia; y eso exige tiempo no apurado.

No podremos lograr ese objetivo si no nos detenemos a reflexionar, si continuamos huyendo para terminar renunciando a nuestro más profundo anhelo, saber quiénes somos.

Malena

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