2015/06/06

Hijos inaguantables - Psicología Malena Lede







Cuando tuve a mi hijo varón me sentí muy feliz, pero después de unas horas comenzó a ponerse amarillo debido a un rechazo sanguíneo, bastante común en los recién nacidos, por lo que tuvo que ser sometido a un lavado sanguíneo y permanecer internado diez días.

Luego de ese incidente pudimos volver a casa sin ningún otro inconveniente.

El médico nos dijo que en esos momentos se estaban investigando las consecuencias que podia tener ese trauma en los recién nacidos, ya que exige un lavado sanguíneo, porque se estaba observado durante el desarrollo de estos niños una constante de conductas hiperactivas y dispersas.

En esa época los bebés recién nacidos permanecían en la nursery y de vez en cuando, eran llevados al lado de sus madres, quienes generalmente no eran molestadas durante la noche porque las niñeras se encargaban de darles la mamadera.

Esto afortunadamente cambió, porque luego las investigaciones demostraron que el niño recién nacido debe permanecer el mayor tiempo posible al lado de la madre para evitar que sufra privación del contacto materno, que posteriormente puede provocar trastornos en la personalidad.

Si comparamos al homo sapiens con otras especies, hay un ejemplo que demuestra cómo influyen en la conducta las primeras experiencias al nacer.

Los patos recién nacidos tienen el instinto innato de seguir a sus madres. Si alguna de las crías al nacer, por alguna razón, no llega a ver la figura de la pata, no podrá realizar el aprendizaje que requiere su instinto de seguimiento para activarse, por lo tanto, su conducta será errática, se quedará solo y morirá de hambre o devorado por algún depredador.

En los humanos, la privación afectiva temprana puede ocasionar severos trastornos de la personalidad y hasta la muerte, según lo demostraron las experiencias del médico vienés René Spitz, a mediados del siglo pasado, al investigar sus efectos en el desarrollo de niños huérfanos internados en hospitales, durante su primer año de vida; y su relación con la neurosis obsesiva.

Volviendo a mi hijo; efectivamente, en la niñez fue un niño hiperactivo con dificultades de atención en la escuela, afortunadamente sin ninguna consecuencia para su normal aprendizaje y su desarrollo posterior.

Pero en cuanto a su relación conmigo, me costó mucho controlar su comportamiento porque hacía lo imposible para sacarme de las casillas.

Comencé a la carrera de Psicología cuando él tenía siete años y su hermana doce, y recién allí me di cuenta de todos los errores que había cometido con él, al involucrarme con sus berrinches y poniéndome a la altura de él.

Yo fui una madre sobre protectora rechazante, que lo sobre protegía debido a la culpa que sentía por rechazarlo y no poder tolerarlo, pero que lo rechazaba a la vez.

Recién a los nueve años comenzó a dar las primeras señales de adaptación, a mejorar su relación conmigo y a tener una conducta normal.

Trabajó desde muy joven y siempre ha sido muy independiente, responsable y muy apreciado por sus amigos.

Hoy es un hombre felizmente casado que ya tiene tres hijos.

Afortunadamente, esta historia termina bien, pero no siempre es así. Yo tuve la suerte de aprender mucho sobre la conducta infantil y sobre todos los problemas que pueden ocasionar a los niños la falta de comunicación y la mala relación con los padres.

Logré cambiar mi comportamiento con él, asumir mi rol, poner las reglas, cumplirlas y hacerlas cumplir.



Malena
 

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