2015/08/14

Cuento para pensar - Jugando a la escondida - Psicología Malena Lede



Alicia había vivido en esa casona mucho tiempo. Allí habían nacido sus hijos y también en ese lugar querido, un nefasto día, en forma inesperada, había muerto su marido.

Pasaron muchos años, pero ella nunca quiso mudarse a un lugar más chico. Se entretenía en el jardín con sus plantas, limpiando y recorriendo las habitaciones vacías.

Alicia en su juventud había trabajado pero cuando se casó eligió dejar de trabajar y quedarse en su casa. No tenía otros intereses más que los hogareños y a esta altura se estaba quedando también sin amigos.

Le gustaba ordenar los placares, hacer las camas, la comida y las compras, tener la ropa al día y todo limpio y prolijo.

Había viajado con su marido y algunas veces con sus hijos, pero ya no tenía más ganas de salir.

Alicia recordaba el pasado con nostalgia, cuando los hijos la necesitaban, cuando sentía que su presencia era indispensable y cuando todos parecían depender de ella.

Pero los años pasaron, los hijos se fueron y ella había empezado a perder la memoria. Se olvidaba de pequeñas cosas, de los detalles, de los nombres de las personas, de todo eso que parece tan trivial y que sin embargo es tan necesario.

Los hijos contrataron a una señora para que la acompañara, porque la soledad es mala compañía y acentuaba su falta de memoria.

Matilde se llamaba su empleada, una persona muy trabajadora, alegre y cariñosa que pronto se convirtió en su amiga.

Un día Alicia le dijo a Matilde que quería jugar a la lotería y con inusual entusiasmo buscó todos los juegos de sus hijos, que aún conservaba. Todas las tardes, las dos se sentaban a jugar y así se divertían.

Alicia mejoró bastante y ya no se olvidaba tanto de las cosas; todos los días jugaban a un juego distinto y a veces también salían a tomar algo o iban al cine.

Cuando se cansó de los juegos, un día le dijo a Matilde que le gustaría jugar a la escondida, aprovechando todos los recovecos que tenía su casa de dos pisos.

Comenzaron a jugar y este juego les pareció a las dos muy excitante y divertido; aunque a Matilde le resultara cada vez más difícil encontrar a Alicia.

El día del aniversario de la muerte de su marido, Alicia se escondió y Matilde nunca más la encontró.

Buscó por toda la casa, revisó hasta el último rincón del altillo, el jardín, el viejo galpón, todo, pero nada, Alicia había desaparecido.

Matilde llamó a los hijos y éstos llamaron a la policía. Varios agentes volvieron a revisar todo pero no la encontraron, entonces todos pensaron, con razón, que lo más probable es que se hubiera ido.

Por lo tanto, fue reportada como persona desaparecida. Sin embargo, Matilde no creía esa teoría, porque la había sorprendido algunas veces hablando frente al espejo del living con su marido; y cuando la descubría observándola le decía: el día menos pensado lograré saltar al otro lado del espejo para poder estar para siempre con mi marido”

A Alicia nunca la encontraron. El criterio de la policía es que se encuentra perdida y la siguen buscando; pero el pensamiento mágico de Matilde le dice que Alicia por fin logró atravesar el espejo y que está con su marido.

Malena

1 comentario:

  1. :) ¡Hola, Malena! Yo, cuando me dio el brote psicótico hace 23 años aproximadamente tenía el cómic, los chistes, como dicen en Canarias, en la cabeza. Ya esto lo he dicho. Sí. De acuerdo. Pero quiero decir algo más.

    Creía que las cosas de los cómics eran reales. Me sentía en un mundo fantástico. El que había construido en mi cabeza leyendo tebeos. Como dentro de un espejo donde la vida era diferente.

    Te creas un mundo tú solo, leyendo cómics siete horas al día. Y es como una droga. Empiezas con cómics mundanos como "Astérix y Obélix", y ya esos no los quieres leer. Prefieres de miedo, sexo, aventuras... cosas más fuertes. Como quien empieza con el hachís y ya no le hace nada, y sigue con la heroína... aunque también me doy cuenta ahora que los "Astérix" eran hurtados por obra y gracia de mi cleptomanía :D y los de miedo y demás eran comprados con el dinero de mi padre y el mío, pues yo le ayudaba algunas veces a trabajar. Uno quiere huir de las cosas malas. Y un libro robado no es buena prueba.

    Hablando de estar dentro de espejo. Eso tiene estar en mundos fantásticos siete horas al día. Que terminas viviendo en otro mundo, creyéndote un personaje de cómic. Como me dijo mi madre que le dije enseñándole una revista de ilustraciones abierta: "¡Este soy yo, mamá!". Lo que imagino que me identificaba con el personaje. Un bárbaro con un hacha de doble filo, Slaine, se llamaba, del autor Simon Bisley, un dibujante conocido.

    Lo que de identificarme con el personaje pasé a creerme que era el personaje. ¡Menos mal que no me puse con un hacha por ahí en la calle! :) ¡Menos mal que no venden hachas en mi ciudad, creo, pues no hay apenas árboles..!

    Mira, me acabo de fijar que muchas de las situaciones que se dán en la calle con gente que sale con espadas en ristre es que se creen que son personajes de cómic. Lo que la gente lo interpreta como que el portador del arma lo quiere herir con ella. Y a lo mejor se está identificando con su personaje favorito de cómic. Ni tiene ideas de herir a nadie.

    hasta lueguito, :) suerte,


    Pablo Manuel

    ¡ah!,¡y gracias por atenderme y darme buenos consejos!

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