2015/09/10

Escucha lo que te dicen y no imagines otra cosa - Psicología Malena Lede


Muchas veces, en la comunicación humana suele ocurrir que el que escucha, en lugar de atenerse a lo que una persona le dice, interpreta un mensaje oculto que cree que el otro no se atrevió a decir directamente.

Las mujeres son las más sensibles emocionalmente en lo que se refiere al mensaje hablado. ¿Qué me habrá querido decir? es la pregunta frecuente que se hacen ellas cuando sus parejas les dicen algo que para cualquier otro sería inocente, común, incluso pueril; pero que para una mujer, con su supuesto poder de leer la mente, puede llegar a significar otra cosa.

No existe ninguna razón lógica que indique que la comunicación entre dos personas tiene que contener forzosamente mensajes ocultos, sin embargo, muchos no pueden evitar interpretar subjetivamente el mensaje hablado.

El contenido explícito de un mensaje deja poco margen para la duda; sin embargo, puede tener distintos significados según el tono de voz y los gestos que se emplean, datos que para el que escucha puede tener mayor importancia que las palabras.

Captar intenciones, no palabras, describe bien la sensibilidad de quien se empeña más en percibir emociones que en escuchar explicaciones lógicas, adelantándose a lo que cree que va a oír y elaborando posibles significados que son los que inconscientemente teme.

Otra barrera para la comunicación es la falta de interés en el tema sobre el cual el interlocutor está hablando. Por ejemplo, si en un diálogo, alguno de los dos comienza a hablar de algo que al otro no le interesa, éste deja de oír todo lo demás, porque supone que tampoco le va a interesar y lo descarta de antemano, antes de terminar de escucharlo.

Ciertas personas, cuando conversan con otra, adoptan una postura defensiva, como si el objetivo fuera ganar una competencia o si se pusiera en duda su capacidad intelectual y esta eventual sospecha las ofende.

Cuando una persona está convencida que siempre tiene la razón, no escucha porque ya tiene todas las respuestas y cree inútiles otras alternativas.

Estas barreras y también otras que existen en la comunicación hacen que después de veinte minutos de haber escuchado hablar a alguien, sólo se logre recordar un 65% de lo que ha dicho, y porque además la concentración de la atención sólo dura poco tiempo y resulta difícil escuchar en forma asertiva.

Escuchar en forma asertiva permite aprender del otro, sacar el mayor provecho de una conversación y resolver conflictos. Lo esencial es mantener la atención, involucrarse personalmente con el tema, hacer preguntas para disipar dudas, pedir ejemplos que clarifiquen lo que dice; tratando de trascender las limitaciones que representan mantener un enfoque parcial y no poder controlar los propios prejuicios.

El deseo de juzgar al otro está en todos nosotros y es difícil de superar; por otra parte, la mayoría elige escuchar lo que quiere, entre todo lo que el otro le está diciendo.

Pocos son los que logran una buena comunicación empática, o sea, poniéndose en el lugar del otro, no cambiando de tema para evitar el compromiso y evitando dar consejos que resultan operantes para ellos pero impracticables para el otro.

La habilidad para escuchar se adquiere y significa dar señales para que el hablante se pueda dar cuenta que es escuchado con atención y que el que lo escucha no lo interrumpa y le demuestre está interesado en todo lo que está diciendo.

Si el que habla no obtiene en poco tiempo ninguna respuesta, llegará a la conclusión que el que lo escucha no tiene ningún interés, que no comparte lo que está oyendo o simplemente que no lo entiende.

Estos conceptos pueden aplicarse y ser útiles para todo tipo de relación humana.



Malena
Fuente: “Las 5 habilidades esenciales para tratar a las personas”; Dale Carnegie Training.

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