2016/04/06

Cuento para pensar - Madre Soltera - Psicología Malena Lede



Rosa es una chica provinciana que vino a vivir a la Capital con la ilusión de lograr un destino mejor.

Aquí se enamoró de Raúl, y aunque él no tenía trabajo y tampoco tenía estudios ni oficio alguno, igualmente lo aceptó, porque ella era mesera de un restaurante y también muy generosa, y en ese momento pensó que lo que ella ganaba les alcanzaba para vivir los dos.

Raúl también había venido de la provincia, pero con la intención de pasarla bien y disfrutar de todo lo que la ciudad le ofrecía. Hacía algunas changas de vez en cuando, como para sobrevivir y pagar la pensión pero nunca se le ocurrió pensar en el futuro.

Cuando Rosa se enteró que estaba embarazada se alegró, pero ni bien el hombre que ella amaba supo de su embarazo, la dejó.

Rosa lloró desconsoladamente los primeros días pero luego, cuando pudo recuperar la calma, pensó que el padre de su hijo no se merecía ni una sola de sus lágrimas; y como no quería volver a su pueblo después de esta experiencia ni preocupar a su familia, sabía, que tenía que pensar rápido otra salida.

La experiencia de Rosa es una triste historia repetida, sin embargo, todavía existen muchas jóvenes como ella que siguen viviendo situaciones parecidas.

Esa lamentable trampa en la que todas caen por ser incrédulas las convierte en presas fáciles para los hombres sin escrúpulos que se aprovechan de ellas.

Para colmar su capacidad de desdicha, ocurrió que el restaurante donde trabajaba cerró por quiebra, todo el personal quedó cesante y los dueños desaparecieron dejando un tendal de deudas.

La situación de Rosa era poco menos que desesperada, sin embargo, como ella creía en la providencia, nunca perdió las esperanzas.

En el hospital de su barrio donde la atendían, como era madre soltera, la ayudaron; y además le aseguraron que después del parto le darían alimentos y una asignación mensual hasta que consiguiera trabajo.

Cuando sólo le quedaban unos pocos pesos en la billetera, la señora del dueño del supermercado, que la conocía y sabía de su situación, le preguntó si quería pasear a su mascota dos veces por semana porque ella no podía, prometiéndole que le pagaría por mes una suma fija.

Rosa aceptó y tuvo la idea de ofrecerle ese mismo servicio a otros dueños de mascotas que conocía.

Un cliente trajo a otro cliente y éste a otro, la cosa es que Rosa, en poco menos de un mes tenía seis perros para pasear.

Paseó a los perros durante todo su embarazo hasta que tuvo familia y luego continuó paseando a las mascotas como siempre pero llevando a su hijo en el cochecito..

Malena

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