2016/04/01

Elige ser optimista - Psicología Malena Lede




Si a un grupo de personas se le muestra imágenes difusas que pueden sugerir distintos significados, podremos comprobar algunos aspectos de la personalidad que predomina en cada uno de ellos e inclusive detectar con bastante precisión, las eventuales circunstancias que en ese momento están experimentando.

Ciertas imágenes para algunas personas, pueden ser disparadores de emociones positivas, en tanto que las mismas imágenes, para otras, pueden dar lugar a emociones negativas.

Esta diferencia se relaciona con distinta forma de ver la realidad y depende de las experiencias previas y de las circunstancias que están atravesando.

Siempre estamos proyectando lo que pasa en nuestra interioridad, si estamos bien vemos todo bien y si estamos mal vemos todo mal, o sea, que es difícil para muchos ver la realidad tal cual es, dado que siempre está teñida del color del cristal con que la miran.

Donde el pesimista ve sólo obstáculos que lo paralizan, el pesimista ve oportunidades que puede aprovechar.

El pesimista le teme al futuro porque ha perdido las esperanzas y se adhiere a la ley de entropía, que afirma que todo sistema ordenado tiende a desordenarse, por lo que evita realizar cualquier intento; mientras que el optimista cree en el progreso y en que en todo desorden existe un orden, por lo tanto se arriesga.

Si nos dejamos vencer por el pesimismo es probable que cualquier esfuerzo que realicemos resulte infructuoso, mientras que si somos optimistas tenemos mayores oportunidades de conseguir lo que queremos.

Todo lo que es similar tiende a agruparse mientras que todo lo que es opuesto a rechazarse, lo que puede hacer que el optimista atraiga energías positivas y el pesimista energías negativas.

El optimista puede ser exitoso si se lo propone, puede sentirse más saludable y feliz, puede disfrutar de mayor bienestar material, porque ama la vida y la acepta como es.

El pesimista se programa para fracasar porque tiene la firme convicción que no se merece nada bueno.
El optimista saca provecho de lo malo y lo bueno que le ofrece la vida, puede ver las oportunidades y sacar ventajas de las crisis y hasta de las malas rachas.

El pesimista abandona la lucha antes de empezar y se resiste a creer en algo.

Las emociones positivas nos acercan a la gente y nos permite relacionarnos mejor, las negativas nos aíslan y sólo sirven para engrosar la fila de los perdedores.

No perdamos el optimismo en ninguna circunstancia, porque además nos predispone mejor a recibir todo lo que nos toque y a eludir lo que no queremos.

Se puede elegir ser optimista y despojarse de toda negatividad, siendo agradecido y creyendo en uno mismo y en el orden natural.

Malena

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