2016/08/17

La Cama Fácil - Psicología Malena Lede




Los increíbles adelantos tecnológicos y los cambios en los usos y las costumbres no son suficientes como para que la raza humana se haya liberado del todo de los prejuicios.

Hombres y mujeres siguen conservando una faceta pueblerina oculta que tratan de disimular actuando con desfachatez, pero sin poder evitar sentirse en falta.

De nada vale imitar a los demás cuando esa acción los hace sentir insatisfechos de sí mismos y los lleva a perder el equilibrio emocional y a sentirse culpables.

Son pocas las personas que pueden decidirse a elegir un propio código de valores y actuar en consecuencia siendo fieles a sí mismos, la mayoría dicen lo que se dice y hacen lo que se hace copiando patrones de comportamientos,  que aunque no logren comprender del todo,  los hace sentir incluidos y no aislados.

La mitad más uno desea sentirse integrado a un grupo y sentirse amado y respetado aunque eso implique la pérdida de la libertad, por eso necesita tener la experiencia de pertenecer.

Por todo esto en la cama fácil no se acuestan solamente los protagonistas, también estarán presentes todos los fantasmas de la historia personal, como los amigos que se quieren sorprender y los familiares que se desean contrariar.

Compartir el lecho con un casi desconocido es involucrarse en una aventura que no siempre se disfruta y que raramente termina bien.

Sin olvidar las consecuencias que pueden tener las relaciones ocasionales, es difícil para una mujer responder eficazmente cuando no existe ningún vínculo afectivo ni ninguna historia.

La falta de experiencia puede impedir entregarse de lleno a alguien que apenas se conoce;  pero aún contando con esa experiencia no se pueda evitar sentir el desconcierto de no saber bien lo que va a suceder con quien no se tiene ningún lazo en común ni referencia alguna más que el sólo impulso del instinto,  que muchas veces el temor puede llegar a traicionar.

Despertarse a la mañana, y verse al lado de un extraño puede ser inquietante.  Darse vuelta y preguntarse ¿quién es este? es lo más usual, a veces sin poder recordar nada de lo ocurrido obnubilados por el alcohol, porque rara vez una persona común puede llevar a la cama a alguien que no conoce sin la influencia de una copiosa borrachera.

El tedio de la vida cotidiana puede hacer que cualquier mujer inexperta  cometa una estupidez sólo para sentir un cambio que la haga sentir viva.

La cama en común no tiene la respuesta a los interrogantes que la abruman, sino los acentúa y les puede producir una sensación de extrañamiento como si no fueran los protagonistas sino los espectadores de una película.

Sin duda alguna se necesita coraje para acostarse con un extraño y tener también cierto grado de vocación suicida, cuando andan tantos locos sueltos hoy en día.

Malena Lede - Psicóloga

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