2017/07/13

VIVIENDO CON LOS SUEGROS - http://psicologia -.malenalede.blogspot.com




Sebastián se mudó con su familia a la casa de sus suegros.  Su esposa Romina no estaba de acuerdo, porque temía que la convivencia con sus padres no fuera fácil, pero como les habían aumentado el alquiler, pensó que si ese dinero lo ahorraban, tal vez, con el tiempo, la suma reunida podría servir de adelanto para comprar una casa propia y eso bien valía un sacrificio

Los chicos están contentos porque en el verano podrán disfrutar de la pileta y jugar en el jardín con sus amigos y con el perro.

Pero los padres de Romina se levantan temprano y de lunes a domingo prenden el televisor a todo volumen para escuchar las noticias desde la cocina.

El tema de las comidas también es controvertido porque todos tienen horas distintas para desayunar, almorzar y cenar y la abuela tiene que estar todo el día en la cocina.

Las compras se han multiplicado y se hace difícil controlar los gastos. ¿A quién le corresponde hoy pagar la cuenta del Supermercado?; porque ahora se han duplicado.  Y lo que los deja boquiabiertos son las cuentas de la luz, del gas, del cable, del teléfono fijo y de los impuestos.

Los abuelos viven a lo grande porque pueden,  pero los jóvenes están en otra situación, no le dan tanta importancia a la comida y como están poco en casa los gastos fijos son más bajos.

Este mes no pudieron ahorrar, tal vez el mes que viene sea diferente, pero fue peor, porque se usó la calefacción, la cuenta del gas y la luz fue mayor y la señora que hace la limpieza aumentó.

Resumiendo, vivir en casa de los abuelos es para ellos como estar en un hotel cinco estrellas y el alquiler que pagaban por el departamento les sirve para pagar esa diferencia.

Pero además perdieron su libertad y su intimidad y tolerar sus quejas,  porque los chicos entran a la cocina con los pies embarrados, porque están muy desabrigados, porque sólo les gustan las hamburguesas y las papas fritas, porque se acuestan tarde, porque se van a la escuela sin desayunar, porque dicen malas palabras y no los reprenden y porque se pasan el día con la computadora o con el teléfono.

Es difícil que dos generaciones de muchos años de diferencia coincidan en algo, por eso, el próximo fin de semana, Romina y Sebastián como prioridad uno, vuelven a buscar un departamento para alquilar; porque aunque hubieran podido ahorrar, ni Romina ni Sebastián estaban dispuestos a seguir viviendo con los abuelos de los chicos ni un día más.

Malena Lede - Psicóloga 

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