Vidas y Vueltas - Capítulo XIX - El Hogar en Londres




La estadía en Londres sólo duraría siete meses, lo suficiente como para aprender el idioma y conocer a fondo ese país.

El viaje había sido maravilloso pero estar en casa nuevamente también lo era. La vida cotidiana los fue acostumbrando a una nueva rutina en una ciudad llena de sorpresas, con un ritmo moderno sorprendente pero al mismo tiempo manteniendo las tradiciones más que ninguna otra ciudad de Europa.

Martha se dedicó a aprender bien el idioma como tarea esencial programada por ella misma para su estancia en Londres.

Los chicos ya estaban ubicados en colegios cercanos y no estaban en todo el día y el servicio doméstico puesto a su disposición la liberaba de cualquier tarea, de modo que tenía casi todo el día para ella sola, ya sea para investigar, descubrir o conocer cualquier cosa que le interesara.

Lo que más llamaba su atención eran las costumbres de la gente, su modo de vida, el movimiento de la gran ciudad, la forma que tenían de hacer las cosas cotidianas, las compras de todos los días, el mercado, los negocios.

Continuamente descubría cosas nuevas que la impactaban. Sin duda conocer el mundo era el mejor aprendizaje de vida que conocía y que le permitía valorar más las costumbres de su propio país.

Las relaciones que mantenían eran protocolares, con personas que no llegó nunca a conocer más allá del trato formal; y vivir lejos de la familia fue una experiencia con matices para ambos. Por un lado los extrañaban, pero por otro significó la oportunidad de tener que enfrentar las cosas solos, sin el apoyo ni la opinión de nadie.

Sin embargo, en el breve lapso de siete meses, pudieron hacer algunos amigos, gente de la empresa, que también eran extranjeros como ellos, pero oriundos de otros países de habla hispana. Porque es evidente que el idioma es una barrera difícil de franquear mientras no se domina y que obstaculiza significativamente las relaciones.

Londres es una ciudad cosmopolita que obliga a los residentes a convivir con muchas razas diferentes, principalmente aquellos que provienen de sus colonias, quienes no siempre se adaptan, debido a las dificultades que tienen para insertarse y trabajar como ciudadanos ingleses.

Los nativos son tan ingleses, como sus ómnibus de dos pisos y sus taxis negros, como sus policías uniformados y su gusto por las tradiciones, como el te de las cinco y sus característicos pubs que lamentablemente parece que ya están en vías de extinción.

Siete meses para tener la oportunidad de conocer como vive otra gente en un lugar que alguna vez fue el centro del mundo, y poder comparar, para tratar, si es posible, ser mejores.


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