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Carl Gustav Jung. Qué nos enseñan los sueños.



Los sueños representan una continuidad de la conciencia, una continuidad hacia el pasado, ya que provienen de impresiones, pensamientos o estados anímicos vividos durante el día o los días anteriores; y una continuidad hacia adelante, porque algunos de ellos producen notables efectos sobre la vida mental consciente de los sujetos.

La mayoría de los sueños los olvidamos, otros apenas los recordamos y muy pocos se pueden reproducir con exactitud.

Contrariamente al pensamiento consciente, los sueños suelen ser fantásticos y tan alejados de lo que conocemos como real que resultan absurdos; sin embargo pueden tener un significado y un sentido propio.

Un sujeto puede no ser capaz de entender intelectualmente su sueño pero tampoco puede explicar los fenómenos religiosos y sin embargo éstos pueden influir, guiar y hasta orientar su vida

Para poder analizar un sueño, como con cualquier otro proceso mental,  hay que considerar en primer lugar, los sucesos psíquicos que lo han precedido anteriormente, lo que revelará un sentido y un alcance propio; pero como esto no es suficiente, se deberá utilizar el método de las asociaciones libres relacionando la parte de la historia personal del sujeto que se refiere al contenido del sueño; o sea encontrar su causa y su finalidad.

Como dice Freud, interpretamos el sueño y vemos que éste revela un deseo sexual anterior insatisfecho que en el sueño aparece en forma simbólica en lugar de una imagen sexual clara.

Para Freud, las imágenes simbólicas tienen la intención de mitigar los sentimientos de culpa, ya que los pensamientos y la conciencia moral son incompatibles.

La moral sexual representa desde el punto de vista psicológico un factor importante para los seres humanos. Las comunidades primitivas solían tener con frecuencia reglas sexuales muy severas y la sexualidad podía hasta considerarse un asunto sagrado.

Freud reduce el significado de los sueños a la existencia de la necesidad de satisfacer un deseo reprimido.  Pero para Jung, el determinismo sexual de Freud está incompleto.

Jung relaciona el contenido de los sueños con la mitología, con el arte y con todo el residuo arcaico de la historia del desarrollo filogenético humano.

Freud explica que los sueños penosos son consecuencia del fracaso del simbolismo de la censura que no pudo impedir la emoción dolorosa y mantiene su concepción del sueño como la realización de deseos.

Jung dice que es cierto que el sueño tiene una función biológica compensadora y que protege el descanso disfrazado de símbolos,  pero también lo puede interrumpir según la intensidad de su contenido y cuando su función lo exige.

El sueño tiene una función prospectiva anticipatoria, pero no en el sentido profético sino en la capacidad de resolver problemas o de elaborar conjeturas que a veces superan a las conjeturas que se hacen en estado consciente.

Para Jung, la función prospectiva del sueño es la característica esencial del sueño y concluye diciendo que la función reductora del sueño es actualizar esencialmente deseos sexuales infantiles reprimidos (Freud); de voluntad de poder infantil (Adler) y de un residuo arcaico y colectivo de sentimientos, pensamientos e instintos.

Jung pudo constatar que los fenómenos telepáticos influyen en los sueños, particularmente en una misma familia.  No puede negar la existencia de casualidades demasiado increíbles que por supuesto no atribuye a nada sobrenatural sino que considera que se trata de hechos que aún permanecen inaccesibles para nuestro actual entendimiento.

Malena
Fuente: “Los complejos y el inconsciente”; Carl G. Jung.

El Sueño y la telepatía



Los fenómenos “ocultistas” siempre han suscitado un enorme interés, quizás porque la humanidad necesita algo en qué creer que realmente la sorprenda.

No se ha comprobado científicamente que los sueños telepáticos realmente existan, pero también es cierto que dichos fenómenos parecen sucederles a la gente.

Sigmund Freud afirma que si se llegara a comprobar algún día que efectivamente existe una relación entre los sueños y la telepatía, ello no afectaría para nada su teoría de los sueños, que según sostiene son deseos reprimidos.

Freud se muestra escéptico sobre la capacidad de predecir acontecimientos futuros a través de los sueños y así lo expresa en un artículo publicado en el año 1922 en la revista Imago.

Para desarrollar su idea, se basa en sus propia experiencia de no haber tenido jamás un sueño premonitorio y en sus 27 años de labor analítica durante la cual nunca pudo observar entre sus pacientes ningún sueño verdaderamente telepático.

Aunque reconoce haber tenido presentimientos proféticos y algunas presunciones, a estas experiencias nunca le correspondió realidad alguna, por lo que las consideró puras expectativas subjetivas.

De hecho refiere que soñó una vez, durante la guerra, en forma simbólica, que uno de sus hijos había fallecido en el frente, sin embargo, su hijo sobrevivió la guerra sin el menor rasguño.

También soñó una vez que la esposa de su hermano mayor, de 87 años, había muerto, lo que no hubiera sido un acontecimiento nada sorprendente dada su avanzada edad, sin embargo, en ese momento gozaba de buena salud y su fallecimiento no se produjo.

Al margen de sus dichos, existe la creencia popular de que los sueños de muerte no vaticinan precisamente la desaparición de un individuo sino que al contrario, le alargan la vida.

Freud afirmaba que el análisis puede revelar que los sueños de muerte son la realización de deseos inconscientes reprimidos.  

Un corresponsal alemán con quien mantenía una comunicación epistolar, le relata cierta vez un sueño que le pareció lo bastante interesante como para que Freud lo incluyera en sus estudios.

Cuando su hija casada, que vivía en otra ciudad, estaba embarazada; cuatro semanas antes de la fecha de parto, soñó vívidamente que su esposa, o sea la madre de su hija, había tenido mellizos, aún cuando en su familia no había habido antecedentes de nacimientos de mellizos.

A la mañana siguiente recibió un telegrama de su yerno, despachado el día anterior, notificándole el nacimiento de mellizos, una mujer y un varón.

Los niños nacieron a las nueve y cuarto de la mañana y él se había acostado la noche anterior a las once, y ese sueño lo tuvo esa misma noche.

Este corresponsal ya había tenido premoniciones en otras oportunidades, como por ejemplo cuando repentinamente murió su hermano de diez años, que estaba sano y fuerte, y antes de abrir el telegrama que le entregó el cartero, tuvo el presentimiento que le anunciarían su muerte.

Pero eso no fue todo, porque al contarles a sus otros tres hermanos tal experiencia, se enteró que ellos también habían presentido el inusitado fallecimiento con certeza antes de recibir la noticia.

Ante estos testimonios, Freud continuó permaneciendo escéptico aduciendo que no contaba con los elementos suficientes como para analizar  convenientemente el contenido total del sueño para poder descubrir las verdaderas motivaciones inconscientes.

Malena
Fuente: Sigmund Freud "Obras Completas"; Tomo III; "El sueño y la telepatía"

El Simbolismo que ocultan los sueños



Para el Psicoanálisis, los sueños son elaboraciones simbólicas de ideas latentes que expresan deseos reprimidos.

El simbolismo de los sueños representa la deformación ejercida por la censura, de los deseos inaceptables inconscientes.

El contenido manifiesto del sueño no suele tener ningún significado para el sujeto analizado,  que no puede lograr asociar idea alguna a partir de los elementos que aparecen explícitos en su sueño.

Esta imposibilidad de obtener asociaciones de un sueño no es una circunstancia casual sino un fenómeno que tiene un profundo significado racional.

Los símbolos humanos son universales de modo que conociendo las representaciones simbólicas del contenido manifiesto de los sueños se puede llegar a interpretar los deseos inconscientes que se expresan en ellos.

Por lo tanto, es posible para el terapeuta, en algunas circunstancias, conocer el significado latente de un sueño sin intervención del paciente.

Sin embargo, la interpretación que se basa en el conocimiento de los símbolos no es suficiente, ya que no reemplaza a la asociación que puede hacer el mismo paciente, con los datos que proporciona el terapeuta, sobre el significado universal de los símbolos.

Quiere decir, que el conocimiento de los símbolos es el complemento necesario que necesita el paciente para realizar una asociación relacionada con sus deseos inconscientes.

La mayoría de los símbolos que aparecen en los sueños son sexuales, existiendo para estos contenidos gran cantidad  de representaciones que los designan.

Todos los objetos que se asemejan en su forma pueden simbolizar al pene, así como también todos aquellos que tienen la capacidad de penetrar el cuerpo y causar lesiones. 

También, el miembro masculino puede estar representado simbólicamente por objetos por donde sale agua y por los que pueden alargarse como las lapiceras retráctiles o por los que pueden vencer la ley de gravedad, como los aviones, los globos aerostáticos, que simbolizan la erección.

En cuanto a los genitales femeninos, están representados simbólicamente por todos aquellos objetos que tienen una cavidad que puede albergar algo.

Los senos de la mujer son simbolizados por las frutas en general, los cabellos por bosques o matorrales; las golosinas representan el goce sexual y la masturbación por toda clase de juegos, caer en un abismo, tocar el piano, resbalarse, arrancar una rama.

El baile, la equitación, subir una escalera o una rampa, ciertas actividades manuales, y también un accidente violento como ser atropellado por un auto o ser amenazado con un arma representan las relaciones sexuales..

La corbata de nudo es un símbolo masculino y la ropa blanca y el lienzo son símbolos femeninos.  Los animales salvajes representan la excitación sexual masculina y los bajos instintos y el jardín y las flores designan los órganos genitales de la mujer. La llave que abre es un símbolo masculino y la habitación un símbolo femenino.

El simbolismo también aparece en el lenguaje vulgar como por ejemplo para indicar que alguien no está bien de la cabeza se suele decir que “tiene desalquilado el piso de arriba”.

La realidad del simbolismo ha sido demostrada en el mito, la religión, el arte y el idioma, todos ellos factores cargados de símbolos.

¿De dónde proviene este simbolismo? Freud no profundiza sobre su procedencia.   Carl Gustav Jung es el que se encarga de introducir en el Psicoanálisis el concepto de inconsciente colectivo y la idea de arquetipo, que son  construcciones mentales heredadas por todos los individuos, de toda la historia de la humanidad.

Malena
Fuente: Sigmund Freud; Obras Completas; Tomo II; “El Simbolismo en el sueño”. Carl Gustav Jung “Lo Inconsciente”

Interpretación de un sueño



El paciente es un hombre de 39 años, alto, delgado, bien parecido, ingeniero de profesión, que trabaja como ejecutivo en una empresa petrolera.  Vive solo, tiene una relación de pareja hace cinco años, pero de común acuerdo, cada uno vive en su casa.

El motivo de la consulta se debe a que se encuentra atravesando un momento de su vida en que se ve obligado a tomar decisiones importantes y se siente inseguro, por lo que le pareció oportuno realizar una psicoterapia breve para aclarar sus ideas y poder elegir lo mejor para su futuro.

Su personalidad es introvertida, habla poco de sí mismo y le cuesta mantener una conversación.  Dice que no cree en los psicólogos pero se da cuenta que está atravesando una crisis.

No confía en nadie como para compartir sus problemas y además no quiere dar una imagen de debilidad.

Le pregunto si recuerda alguno de sus sueños y me dice que sí, y que recientemente había tenido un sueño extraño que lo intrigó.

Soñó que era de noche y se encontraba en el medio de un campo desierto bajo un hermoso cielo estrellado.  En esa noche oscura, estaba acostado sobre el pasto húmedo rodeado de un silencio inquietante, sólo quebrado por el canto de los grillos, cuando de pronto, de la nada, apareció en el horizonte un objeto circular iluminado que en un primer momento lo atemorizó pero que luego lo llenó de curiosidad.

La extraña aparición se acercaba a gran velocidad, sin embargo él, en lugar de huir se quedó quieto observando,  casi sin respirar.

La nave, de proporciones gigantescas,  avanzó rápidamente hasta quedar suspendida unos minutos sobre él; pero luego, inexplicablemente, se alejó a una velocidad vertiginosa, y desapareció en el horizonte.

En ese momento él, que estaba paralizado de terror, se despertó.

Me preguntó qué significado podía tener ese sueño, si es que es verdad que los sueños expresan las emociones inconscientes.

La aclaré que los sueños tienen un significado simbólico y que esos símbolos tienen el mismo significado para toda la humanidad, pero que lo que difiere en cada uno es la interpretación según su circunstancia.

Un OVNI simboliza el temor a lo desconocido, ninguno sabe si existen realmente o si son producto de la imaginación. Un lugar deshabitado es el símbolo de la soledad, la noche simboliza el fin de algo y estar acostado y quedar paralizado y sin poder reaccionar ante los hechos, significa impotencia.

En su caso particular, conociendo los símbolos, él mismo puede darse cuenta de lo que significa para él su propio sueño.

En este momento de su vida en que tiene que tomar decisiones importantes y cambiar su vida, tiene miedo porque ese cambio significa tener que vivir algo nuevo y desconocido para él.  Se siente sólo para tomar una decisión y se da cuenta que termina una etapa de su vida y que comienza otra pero no tiene la fuerza necesaria como para enfrentar ese cambio.

La  vida nos exige una dosis de audacia para no conformarnos con la comodidad de lo conocido y decidirnos a cambiar en el momento en que se presenta la oportunidad. 
Tenemos que estar atentos y dispuestos y no dejar pasar las oportunidades cuando se presentan, porque es probable que éstas no se vuelvan a repetir.

Nadie nos puede decir qué es lo que tenemos que hacer porque esa es la tragedia del hombre, tener que elegir él mismo, sin muletas ocasionales, quién quiere ser.  No le puede preguntar a nadie porque también tiene que elegir a quién preguntarle y ya sabe de  antemano lo que le va a aconsejar.

El cambio es inevitable y no lo podemos eludir, porque estar vivo significa crecer, cambiar y avanzar hacia un estado superior y ese crecimiento depende de nosotros.
Malena                                                          









Sueños lúcidos


Algunas veces, los sueños pueden ser agradables pero también tan inverosímiles y terroríficos que mientras los estamos soñando podemos reconocer que no son reales e incluso hasta podemos ser capaces de modificar su contenido sin despertarnos, en un nivel de conciencia entre el sueño y la vigilia.

Cuando una persona se da cuenta mientras sueña de que lo vivido en sus sueños no es real se puede decir que ha tenido una experiencia de sueño lúcido y esto lo experimentan ocho de cada diez personas por lo menos una vez en la vida.

Los sueños nos hacen vivir una realidad diferente en la que predominan las emociones intensas y aunque todos tenemos sueños diferentes, algunos de ellos se asemejan a los de la mayoría de las personas, pero desde el marco teórico del psicoanálisis, su significado inconsciente puede ser diferente.

La investigación más exhaustiva de los sueños fue la que realizó Sigmund Freud, quien sostenía que el contenido de los sueños es la “vía regia” al inconsciente, o sea que el sueño es la mejor forma de llegar a conocer los deseos reprimidos inconscientes, inclusive una pesadilla, ya que el inconsciente, que es puro instinto, no tiene moral.

El sueño se desarrolla en el presente y el soñante mientras sueña, no tiene conciencia, ni tiene en cuenta las consecuencias de sus actos.

Los sueños se producen en la fase REM (rapid eye movement) del dormir, o sea cuando se puede observar a través de los párpados cerrados el movimiento rápido de los ojos que indica que el soñante está visualizando escenas oníricas y una serie de imágenes en movimiento. También se escuchan sonidos o conversaciones e incluso nos oímos a nosotros mismos hablando, a veces en otros idiomas.

Las investigaciones con personas sordas de nacimiento muestran que algunos refieren oír hablar a otras personas y qué cosas dicen, aunque jamás hayan percibido en sus vidas señales acústicas.

Los sueños lúcidos acontecen en ciertos estados intermedios de la conciencia, en los cuales el cerebro reflexiona sobre lo experimentado durante la vigilia.

Por lo general nunca recordamos exactamente el sueño que hemos tenido porque la memoria produce distorsiones.

Los sueños en general son involuntarios y los sueños lúcidos también y con frecuencia resultan perturbadores.

Los científicos están estudiando en qué medida los sueños lúcidos pueden ser utilizados en las terapias para tratar los desequilibrios emocionales de los pacientes, como por ejemplo ayudar a disminuir la ansiedad generalizada y algunas fobias.

Por otro lado, los sueños lúcidos podrían facilitar el dominio de complejos movimientos del cuerpo ya que durante la fase onírica todos podemos ser capaces de realizar verdaderas hazañas, de tener destrezas extraordinarias, de volar, de saltar a gran altura, atravesar paredes y hasta de hacer desaparecer objetos.

Malena

Fuente: “Mente y Cerebro”; No.62/2013; “Sueños lúcidos”; Úrsula Voss; profesora de psicología en la Universidad Johann Wofgang Goethe en Fráncfort del Meno.

Sonambulismo y Crimen



El sonambulismo es un trastorno del sueño conocido como parasomnia No REM, o sea que no incluye movimientos oculares rápidos, que son los característicos movimientos que se registran cuando un individuo sueña.

A veces, en este estado, entre el sueño y la vigilia, se pueden cometer hechos trágicos.

Esto es lo que ocurrió con un paciente del Centro Regional de Alteraciones del Sueño de Minnesota, Estados Unidos, que era sonámbulo desde la infancia.

Este joven de 26 años, casado, concurrió a la consulta porque parecían haberse intensificado sus síntomas. Solía despertar a su esposa con empujones y se incorporaba diciendo cosas sin sentido, pero luego, cuando se despertaba, no recordaba nada.

Los médicos resolvieron realizarle un EEG (electroencefalograma) durante la noche mientras dormía, pero, durante el sueño se quitó los electrodos que marcaban el registro violentamente, arrancándose también mechones de pelo, pero sin despertarse.

El resultado del estudio confirmó el diagnóstico presuntivo y le recetaron ansiolíticos.

Como esa medicación no le había dado resultados significativos, volvió a la consulta y el médico le aumentó la dosis.

Después de esa visita el paciente no volvió, pero varios meses después, los médicos recibieron una carta de la fiscalía de ese distrito que informaba que dos días después de su última visita al médico, había sido detenido como sospechoso de la muerte de su esposa y deseaban saber si ese crimen podría estar relacionado con su trastorno.

Claro que les resulta difícil de creer a los jueces y a los jurados que alguien acusado de un delito grave, lo explique sosteniendo que lo hizo en estado de inconsciencia, mientras estaba dormido.

Actualmente, la ciencia ya no concibe fronteras tajantes entre los distintos estados de sueño sino que después de más de veinte años de investigaciones parece ser un fenómeno gradual.

Aunque se trata de un tipo de delito bastante raro, la revista científica sobre neurociencias, en 2010, investigó 21 casos homicidios en estas circunstancias, de los cuales un tercio de los acusados fueron absueltos.

Sin embargo, en Estados Unidos existen cuarenta millones de personas con este trastorno, y solamente un dos por ciento, según una encuesta realizada en los años noventa, cometieron delitos graves.

La auténtica parasomnia puede impulsar a un individuo a realizar actos inconscientes, sin intención ni motivación, por lo que, desde el punto de vista legal, el acusado tiene el derecho de ser considerado absuelto.

Por lo tanto, durante un juicio no se trata solamente del delito que cometió un acusado en estos casos sino también cuál era su real estado de conciencia.

Malena

Fuente: “Investigación y Ciencia”; Edición española de “Scientific American”; Número Monográfico; Noviembre 2012; “Más allá de los límites de la ciencia”; “Delitos oníricos”; James Vlahos; periodista independiente que ha escrito para National Geographic Adventure, Popular Science y New York Times Magazine.

Las Pesadillas en Niños y Adolescentes



Soñar es necesario porque ayuda a mantener el equilibrio psicológico. Sigmund Freud, por ejemplo, sostiene que los sueños son deseos inconscientes que no pueden satisfacerse en la vida de vigilia.

Para Freud, aunque sea difícil de creer, las pesadillas también cumplen los deseos más escondidos en el fondo del psiquismo.

Los deseos inconscientes no tienen moral porque pertenecen a los instintos más primitivos, por lo tanto hasta una amorosa madre puede soñar que se le muere su hijo, por el beneficio secundario que le reportaría, ya que los hijos pequeños pueden esclavizar a una madre y no permitirle hacer lo que desea.

Durante el sueño, la psique libera su deseo de libertad y sin ningún principio moral o inhibición alguna, el sueño proyecta una solución extrema.

Las madres proyectan en sus hijos sus propios miedos, cuando son aprensivas o asustadizas, pero el miedo a la oscuridad es común en todos los niños, independientemente de la experiencia.

La oscuridad hace desaparecer tanto a las cosas como a las personas, por lo tanto el niño pequeño, que solamente puede experimentar el tiempo presente, no está en condiciones de pensar que todo vuelve a aparecer cuando se enciende la luz.

Todo niño necesita seguridad y calmar su necesidad de protección, y a veces esas necesidades no están del todo satisfechas.

Las pesadillas pueden aparecer después de una situación de crisis, que puede ser la separación de los padres, o la fantasía de perderlos; el fallecimiento de una persona cercana, una mudanza, el primer día de clase, cambios de escuela, como así también el temor a perder afecto cuando nace un hermanito.

También influyen las películas que ven por televisión o en el cine, cada día más realistas y violentas, con monstruos o estruendosos efectos especiales, que sin ninguna duda regresan mientras duermen, ya que en su mayor parte, el contenido de los sueños se refiere a experiencias vividas durante el día.

Es común que un niño tímido sea más miedoso y reprimido y que tenga pesadillas.

Lo mejor en estos casos es fortalecer su autoestima y la seguridad en sí mismo procurándole la posibilidad de tener una vida social más activa, por ejemplo, invitando a amiguitos a la casa, haciéndolo socio de un club donde pueda aprender a nadar, a practicar deportes de equipo y estar con chicos de su edad para que pueda socializar y adquirir mayor confianza.

La violencia familiar también es causa de pesadillas. El inconsciente no olvida y los sueños representan la forma de manifestar su contenido; y como no tiene moral puede imaginar las escenas más terribles.

Las pesadillas de los adolescentes se relacionan con la eclosión de la sexualidad, los deseos sexuales y el desconocimiento de los propios instintos.

Algunos adolescentes pueden temer sus propios pensamientos y no quieren dormir solo, siendo frecuentes en los varones las poluciones nocturnas.

En esta etapa, si los padres no están dispuestos a despejar todas sus dudas y a hablar abiertamente sobre sexualidad con sus hijos, es conveniente el apoyo psicoterapéutico.

Vivimos una época cargada de contradicciones, mientras por un lado parece no haber límite para la procacidad, el descaro y la insolencia; por otro existen todavía temas considerados todavía “tabú”, como el sexo, de los que muchos no pueden hablar cara a cara con sus hijos.

Malena

La Interpretación de los Sueños




Los pueblos de la antigüedad clásica relacionaban los sueños con el mundo mitológico, portadores de revelaciones divinas o malignas, cuyo contenido era principalmente premonitorio.

Para Aristóteles, los sueños se rigen por las leyes del espíritu humano y constituye la actividad anímica que tiene lugar durante el reposo.

Este filósofo reconocía que los sueños aumentan los estímulos que se perciben durante el descanso; por ejemplo, un leve incremento de la temperatura en las extremidades puede manifestarse en el sueño como si camináramos sobre el fuego, por esta razón, el fenómeno onírico puede anticipar alteraciones físicas que no se advierten en estado de vigilia.

Filósofos anteriores a Aristóteles consideraban al sueño una inspiración de los dioses y distinguían dos clases: los valiosos y verdaderos que nos sirven como advertencia o nos revelan el porvenir; y los sueños engañosos cuyo propósito es desorientar o perjudicar al individuo.

Macrobio y Artemidoro clasificaban los sueños en dos clases: la primera influida por lo que ocurre en el presente o el pasado sin significado premonitorio; y la segunda como determinante del porvenir que incluía: el oráculo directo recibido en el sueño; la predicción de un acontecimiento futuro y el sueño simbólico para ser interpretado.

La máxima autoridad de la antigüedad sobre la interpretación de los sueños fue Artemidoro de Dalcis, cuya extensa obra aún se conserva.

La teoría del origen sobrenatural de los sueños aún la mantienen quienes apoyan en su fe religiosa el misterio de los sueños.

Hoy en día es común que el juicio ingenuo de un sujeto lo lleve a aceptar que durante el sueño, el durmiente puede trasladarse a un mundo distinto.

Para el fisiólogo Burdach, el sueño nos libera de los trabajos, dolores y placeres de la vida diurna.

J.H. Fichte, considera a los sueños un poder de la naturaleza,  auto curativo del espíritu.

Por su parte, L. Strümpell piensa que el soñante le puede dar la espalda al mundo de la vigilia, se pierde la memoria del orden de la conciencia despierta y de su funcionamiento normal.

Sin embargo, otros autores no están de acuerdo con esta afirmación y opinan que al contrario, la mayoría de los sueños se refieren a la vida ordinaria y no nos liberan de ella.

Para Jessen el contenido de los sueños está determinado por la personalidad, la edad, el sexo, la posición, la cultura y el estilo de vida de un sujeto y por los acontecimientos y aprendizajes de su pasado.

El filósofo J.G.Maas afirma que el contenido de los sueños se refiere principalmente a los objetos que despiertan las más ardientes pasiones.
Según lo que desea un sujeto serán sus sueños, el que ambiciona gloria soñará con los laureles y el que está enamorado con el objeto de su amor.

El sueño tiene el poder de acceder a recuerdos que en el estado de vigilia estaban totalmente olvidados y esto tiene una singular importancia.

Hildebrandt es uno de los autores que han observado esta circunstancia y que manifiesta que el sueño vuelve a presentar fielmente reproducidos, acontecimientos lejanos que ocurrieron en la etapa más temprana de la vida.

No obstante, la mayoría de los sueños se inspiran en lo que ha ocurrido durante el día y aquellos que nos resultan más difíciles de recordar pueden tener un significado simbólico relacionado con experiencias traumáticas del pasado.

Fuente: “Obras Completas de Sigmund Freud”, Tomo I; “La literatura científica sobre los problemas oníricos”. 

Los Sueños y la Conciencia




Cuando nos dormimos perdemos la conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor; sin embargo, en la fase del sueño REM o MOR (movimientos oculares rápidos) que es cuando soñamos,  la actividad del cerebro es similar a la que manifiesta durante la vigilia.  Quiere decir,  que durante nuestras experiencias oníricas,  el cerebro es consciente de ellas.

Los sueños son percepciones sensorio motoras que se pueden recordar pero que también se olvidan fácilmente.  En ellos se puede ver, oír y tocar y vivir experiencias en distintos lugares, que parecen reales, en las que se tiene una participación activa, porque se puede hablar, amar, luchar, caminar, correr, volar, etc., pero en un mundo de ensueño.

Sin embargo, aunque somos conscientes de estas experiencias, esta conciencia no es la misma a la de la vigilia, porque cuando los sucesos de un sueño resultan inverosímiles parece estar ausente en la persona,  la capacidad de crítica o reflexión que existe para cuestionarse esas extravagancias o situaciones,  como lo hacemos al estar despiertos.

Todas las personas sueñas, incluso otros mamíferos como el perro o el gato.

Los seres humanos podrían recordar sus sueños si lo evocan inmediatamente después de despertarse y lo escriben o cuentan a otra persona.  Solamente de esa manera pueden persistir en la memoria.

Sigmund Freud sostenía que los sueños tienen la función de cumplir los deseos reprimidos y por esa razón constituyen el mejor camino para conocer los contenidos inconscientes.

Sin embargo, las investigaciones realizadas durante las últimas décadas han revelado que también se producen visiones en la fase de sueño profundo, pero más cortas y más parecidas a imágenes o pensamientos que a experiencias muy vívidas con un argumento.

Sin embargo, el sonambulismo y las pesadillas se dan solamente durante el sueño profundo (no REM), por lo tanto ya no se considera que el estado REM, de movimientos oculares rápidos sea la única manifestación de estar soñando.

Los sueños nos revelan que aún cuando dormimos, el cerebro puede tener percepciones y conciencia de ellas.

Los sueños aún siguen siendo una gran incógnita; es difícil comprender cómo se puede vivir en un sueño una situación como si fuera real, sin tener el estímulo correspondiente externo.

La percepción también es un fenómeno que se presta a distintas interpretaciones, ya que los ojos por ejemplo, pueden ver pero no percibir un objeto.  Este fenómeno se puede comprobar cuando tenemos ciertas expectativas de una imagen en el cerebro y la realidad no condice con ellas.

Por ejemplo, si estamos buscando algo que creemos tiene  determinadas características, si su forma difiere en algún aspecto podemos llegar a no verlo aunque esté bien visible.

Algunas teorías sostienen que la percepción se basa en los conocimientos previos además de la información sensorial, por lo que en sí misma constituye un acto de inferencia con un sentido propio.

El cerebro tiene un funcionamiento económico y tiende a construir regularidades que producen los hechos, las cuales dejan una huella en la memoria que servirán de hipótesis en situaciones que se asemejan.  De esta manera la actividad neuronal descansa.

Estos estudios nos permiten comprobar hasta qué punto la subjetividad interviene en la percepción y en qué medida puede influir en la creatividad y en la forma de ver el mundo.

Fuente: “Mente y Cerebro”;  “Estados oníricos y conciencia”; Christof Koch, Instituto de Tecnología de California. 

El Sentido de los Sueños




Existen distintas teorías e interpretaciones sobre el sentido y la estructura de los sueños y sobre el significado que ocultan detrás del velo de una apariencia absurda, increíble y fantástica.

Algunas personas no pueden distinguir entre los sueños y la realidad y aunque este fenómeno no les ocurre a todos, hay pensadores que se han detenido a estudiar este fenómeno para intentar establecer un criterio para diferenciarlos; mientras tanto, utilizan el sentido común.

Para Aristóteles (384-322 antes de Cristo), los sueños son experiencias distintas de la vigilia, aunque guardan una relación con ella y expresan las mismas necesidades emocionales de la persona despierta.

Aristóteles descarta la noción común en esa época, de que los sueños son experiencias sobrenaturales.

Marco Tulio Ciceron (106-43 a.C.), también se opone a esta idea y propone que eventualmente podrían tener la validez de los mitos, pero no ser fuente de conocimiento porque en ellos no existe el razonamiento.  Los sueños sólo vuelven a elaborar la vigilia en otro estado mental.

Para Descartes (1596-1650), la memoria es la clave de los sueños, porque es incapaz de organizar las visiones de los sueños, tal como ocurre en la vigilia; y utiliza este argumento para demostrar que está despierto.

Bertrand Russell (1872-1970), piensa que existe la posibilidad de que la vigilia sea una larga pesadilla, o sea un mal sueño y que esta opinión no puede refutarse con pruebas sólidas.  Los sueños son erráticos, sin uniformidad; como Descartes, Russell considera que aparecen como un reflejo de la realidad pero menos organizado.

Sigmund Freud (1856-1939), en “La interpretación de los sueños”, afirma que los sueños ayudan a mantener el equilibrio de la vida psíquica perturbado por las exigencias sociales que no les permiten a los individuos satisfacer sus deseos reprimidos.  La energía se libera a través de los sueños, que constituyen el plano imaginario donde se cumplen esos deseos.

Sin embargo, aún en los sueños existe censura, por eso se estructuran mediante símbolos que son uniformes para toda la humanidad pero que tienen diferente interpretación según la persona.

Según Freud, la estructura de los sueños tiene dos mecanismos básicos: la condensación, o sea que los deseos y las experiencias son condensadas en un objeto o situación; y el desplazamiento, que quiere decir que un elemento puede encubrir otro.

Para Carl Gustav Jung (1875-1961), los sueños constituyen la forma en que el individuo se puede conectar con su mente inconsciente, que es un reflejo profundo de la personalidad.  Esta condición hace posible encontrar soluciones a los problemas de la vida de vigilia y favorecer el crecimiento emocional. 

Como Freud, Jung acepta que los sueños tienen un contenido latente y considera que cada individuo posee los recursos necesarios para entenderlos.

Jung descubrió que los símbolos de los sueños aparecen en todas las personas en todas las épocas y culturas, como en los mitos;  y los llamó arquetipos, considerándolos la manifestación de un inconsciente colectivo.

En la década de los años setenta, dos investigadores, Allan Hobson y Robert McCarley de la Universidad Harvard, proponen una hipótesis conocida como teoría de activación-síntesis, que cuestiona en forma radical la teoría psicoanalítica y las de sus seguidores.

Para estos científicos, los sueños son producto de impulsos eléctricos del cerebro  activados por rastros de experiencias registradas en la memoria; pero esas imágenes no representan las historias que recordamos sino que son construidas cuando volvemos al estado de vigilia, porque la mente racional se esfuerza por darle un sentido.

Esta teoría continúa prevaleciendo a nivel científico y es una de la más aceptada.

Lyotard, en el ensayo Réve que incluye la Encyclopaedia Universalis explica que desde Heráclito (s.IV. a.C) hasta Hegel (s.XIX), hubo muchos intentos para entender los sueños desde el punto de vista de la razón, pero cualquier esfuerzo fracasa porque su poca claridad impide expresarlos en lenguaje inteligible.  Esta dificultad ha impedido establecer criterios para distinguirlos de la realidad, como ocurre con la ilusión y la verdad.  Como Michael de Montaigne, Lyotard no ve tampoco que la vigilia sea tan pura y despejada.

Fuente: “Muy Interesante”; 08/2010; “De Teorías e interpretaciones”; Georgina Vega.

Los Sueños y el Inconsciente según Jung





El inconsciente para Jung tiene una estructura personal y colectiva y se expresa de manera simbólica.

Los símbolos producidos por el inconsciente tienen tanto un efecto sanador como destructivo, y su interpretación depende del soñante.

Jung calculaba que durante su vida había interpretado más de ochenta mil sueños y pudo observar que todos podían en algún grado tener significado y que formaban parte de una gran red de factores psicológicos.

Además, descubrió que los sueños parecen tener cierto orden y continuidad que él denomina proceso de individuación.

En ese modelo de soñar aparecen las tendencias individuales que si les prestamos atención señala las características individuales del desarrollo psíquico.

Este proceso no es voluntario sino natural y en los sueños está representado por el árbol.

Jung llama si mismo o psique total al centro organizador, desde donde emanan las imágenes oníricas, y lo distingue del Ego diciendo que éste es sólo una parte pequeña de toda la psique.

Desde siempre el hombre por instinto sabe que su centro interior existe. Los griegos lo denominaban “daimon” , los egipcios le decían alma-ba y los romanos lo llamaban “genius”.

En comunidades tribales creían que era un espíritu protector que se encarnaba en un animal o cosa.

Los indios naskapi, que aún hoy en día habitan los bosques de la península del Labrador, confían en su voz interior, un compañero que se encuentra en su corazón y que es eterno; y que sólo abandona al sujeto en el momento de su muerte o tal vez antes, para reencarnar en otro ser.

Los nativos de esa tribu, que le dan gran importancia a sus sueños y tratan de interpretarlos y probar su veracidad, se vinculan íntimamente con ese ser interior, fuente de favores y de sueños prometedores.

Para ellos, seguir las instrucciones de sus sueños es una obligación además de la necesidad de proyectar su contenido a través del arte.

Los naskapi afirman que lo que más los acerca a su ser interior son los actos de amor y de generosidad; mientras que las mentiras y la deslealtad los aleja.

Los sueños para los naskapi son una fuente de sabiduría para manejarse con plena capacidad en el mundo natural, llegando a predecir el tiempo y a recibir guía en su cacería.

El sí mismo de Jung es la guía interior que es diferente de la personalidad consciente y que se manifiesta en los sueños.

En un principio el si mismo es sólo una posibilidad que puede emerger apenas un poco o bien que puede desarrollarse normalmente a lo largo de la vida.

El desarrollo del si mismo depende de hasta qué punto está el ego dispuesto a escuchar.

El propósito del proceso de individuación es la realización del hombre individual, que sólo se hace real cuando el individuo se conecta con su si mismo y se da cuenta quién es él.

De manera que el hombre puede participar en forma consciente en su propio desarrollo psíquico si presta atención a su interioridad, que se manifiesta como una experiencia subjetiva suprapersonal que interviene activamente en forma creativa, cuando el ego abandona toda intención voluntaria y decide entregarse a ese impulso de desarrollo.

Por eso, aunque sea difícil entenderlo con nuestra mente occidental, es necesario despojar a los proyectos de toda actitud o valoración práctica.

Porque la mayor hazaña humana es el simple hecho de cumplir con nuestro destino dando prioridad a las demandas inconscientes antes que a cualquiera de nuestras ideas utilitarias.

Fuente: “El Hombre y sus Símbolos”, Carl G. Jung, Biblioteca Universal Caralt, Barcelona, 1977.