Publicado el 2018/03/19 por Psicóloga Malena Lede
LOS MIEDOS - Psicología Malena Lede
Publicado el 2017/05/14 por Psicóloga Malena Lede
Estoy solo o me siento solo - Psicología Malena Lede
Publicado el 2016/09/06 por Psicóloga Malena Lede
Cómo deshacerse del pasado - Psicología Malena Lede
Publicado el 2016/01/22 por Psicóloga Malena Lede
La búsqueda del placer sin límites - Psicología Malena Lede
Actualmente se vive una época hedonista centrada en la satisfacción de los deseos y ausente de reflexión, en la búsqueda de la felicidad a toda costa y esta filosofía apocalíptica lleva a querer aprovechar cada minuto como si fuera el último.
Pero a la vez, se respira un clima de hastío, aburrimiento y soledad que se trata de evitar con el uso de la tecnología y a través de los celulares y de las redes sociales, que permiten conectarse generalmente con personas que no se conocen personalmente y que pueden no ser quienes dicen que son.
Es evidente que la forma de comunicación humana ha cambiado y se ha vuelto mediática en detrimento del contacto físico.
El uso de la tecnología en todas partes priva a las personas de las experiencias directas, absorbe su tiempo, amenaza con ocupar el lugar de las vivencias reales y ahonda aún más el abismo entre las generaciones.
Este fenómeno no se puede parar y amenaza con adueñarse de nuestras vidas y a no poder desprendernos de un teléfono, único cordón umbilical que nos mantiene unidos al mundo.
De la cultura del trabajo se ha pasado en un abrir y cerrar de ojos, a la cultura del placer y del entretenimiento y a vivir los extremos sin evaluar las consecuencias de las acciones ni los riesgos.
El cambio de paradigma pone en primer lugar la felicidad personal, sólo por hoy y a toda costa, sin tener en cuenta al otro y sin ser conscientes de las consecuencias, porque se da por sentado que ya no hay futuro.
Las relaciones de pareja no resisten la etapa de madurez porque se pretende vivir siempre en un estado idílico permanente y porque estar en pareja se convierte en un obstáculo que impide el cumplimiento de los deseos mutuos. A nadie le interesa ponerse en el lugar del otro para poder comprenderlo porque todos están totalmente centrados en sí mismos.
La vida se ha vuelto un vulgar parque de diversiones donde los jóvenes y no tan jóvenes, circulan tristemente, sin saber dónde van.
Este estado de cosas, lejos de proporcionar felicidad produce apenas una satisfacción inmediata que luego se transforma en frustración y vacío de Ser, que conduce inexorablemente a la depresión y al aislamiento.
Está en cada uno de nosotros darle a la tecnología el lugar que le corresponde, y no permitirle que se apodere de nuestras vidas, de nuestros afectos, de nuestras emociones y decisiones y dejar de pensar, en el fin del mundo, sin ningún fundamento válido que lo sustente.
Conste que la humanidad ya vivió anteriormente experiencias que la hicieron pensar en el fin de los tiempos. Cuando se produjo el acercamiento del cometa Halley a principios del siglo XX, algunas personas se suicidaron; y al comienzo de la primera y de la segunda guerra mundial, el temor al fin del mundo lo provocaba el uso de nuevos armamentos cuyas consecuencias no se conocían.
Tenemos que tomar conciencia que al mundo en que vivimos lo hacemos nosotros y no echarle la culpa a otro, porque cada forma de pensar individual es capaz de expandirse como un virus e infectarnos a todos.
Malena
Publicado el 2015/11/30 por Psicóloga Malena Lede
Hay vida más allá de la pareja - Psicología Malena Lede
Para la mayoría, el rompimiento de una relación afectiva puede ser devastador, aunque a la vez implique el fin de una sucesión de experiencias difíciles, de cotidianas discusiones estériles y de mutuas recriminaciones y ofensas.
A veces la gente se acostumbra al sufrimiento y le parece que es la única forma de vivir, otras veces el temor a lo desconocido, a la soledad, a enfrentar la vida solos sin el respaldo de alguien al lado, va dilatando las decisiones y se acepta el atropello, la indiferencia, la infidelidad y hasta la violencia con tal de evitar el cambio.
Sin embargo, aunque la imaginación se empeñe en crear un futuro incierto, la realidad puede ser muy diferente y la vulnerabilidad los puede hacer invencibles.
¿Cuántas cosas no pueden hacer porque viven en pareja? Tendríamos que registrarlas para poder recurrir a ellas en el caso de tener que enfrentar la soledad, cualquiera que sea la causa.
El mundo es una fuente de oportunidades para desplegar creatividad, para trabajar, para aprender y también para disfrutar del ocio, cualquiera sea la edad que se tenga. La única barrera que se interpone entre toda la gama de posibilidades que existen es uno mismo.
La vida es una sucesión de muertes y resurrecciones, porque morimos como niños, como adolescentes, como jóvenes, como adultos y finalmente, los afortunados, mueren de viejos.
La soledad puede enseñarnos a vivir con nosotros mismos como nos plazca, permite que aprendamos a tomar decisiones autónomas, respetarnos como personas independientes, confiadas y seguras, afianzarnos en un nuevo rol y enfrentar la vida con valentía para emprender todos los días nuevos desafíos.
Siempre somos más capaces de lo que creemos pero el miedo es el que se interpone entre las ideas y los hechos; el que nos paraliza, nos vuelve inseguros y desconfiados.
Para vivir se necesita mucho más coraje que para morir, porque se sigue rindiendo examen todos los días y pagando la consecuencia de los errores, en cambio la muerte puede borrar todas las afrentas, los resentimientos, los rencores, porque todos necesitan reconciliarse con los muertos para poder enterrarlos.
La soledad es la oportunidad de conocer nuestros propios límites, de sorprendernos de nosotros mismos, de entablar nuevas relaciones, de amar libremente, de superarnos, de derribar viejos mitos, de atrevernos a ser quienes somos.
A veces la soledad puede ser nuestra mejor compañía y un duelo eterno la excusa para darnos por vencidos.
Malena
Publicado el 2015/11/17 por Psicóloga Malena Lede
Vivir sin culpas - Psicología Malena Lede
La culpa es un sentimiento inútil porque es lo mismo que llorar por la leche derramada, nos ata al pasado, entorpece el desarrollo, malogra las experiencias y hace la vida miserable.
Lo que si es saludable desarrollar es el sentido de la responsabilidad, reflexionando antes de actuar y siendo capaces de responder por nuestros errores.
La culpa hostiga a las personas que tienen baja su autoestima y pensamientos negativos, porque se castigan haciéndose reproches, viven lamentándose de sus errores y de esa manera agotan toda su energía, lo que les impide seguir adelante y emprender nuevos desafíos.
¿Cómo hacemos para superar los sentimientos de culpa por lo que creemos que hicimos mal y que pudimos haber hecho mejor?
Todo lo que hemos hecho en el pasado es lo único que pudimos hacer en ese momento de la vida, porque por alguna razón no pudimos hacer otra cosa. Claro que si ahora nos volviera a suceder algo igual, seguramente actuaríamos diferente, pero las circunstancias son distintas, hemos cambiado, madurado, crecido, podemos ver los problemas desde otras perspectivas, tenemos más paciencia, pensamos más antes de actuar, podemos evaluar con más eficacia las consecuencias de nuestros actos.
De nada sirve arrepentirnos del pasado porque no se puede cambiar pero si podemos aprender de él para no cometer los mismos errores dos veces.
Lo que no podemos cambiar es mejor aceptarlo, perdonarnos por los eventuales daños que hemos causado y estar dispuestos en el presente a responsabilizarnos por nuestros actos.
El perdón nos ayuda a empezar de nuevo, porque la carga del pasado que nos empeñamos en seguir llevando a cuestas, no nos permite ni continuar normalmente con la vida ni tener paz interior.
Cuando logramos estar en equilibrio podemos tener más conciencia de qué somos capaces y cuáles son nuestros límites. Ese avance en el autoconocimiento nos permite ser más conscientes, más bondadosos con nosotros mismos y con los demás, menos omnipotentes y aceptar que no todo es posible y que no podemos satisfacer a todos.
En la vida todos hacemos lo que podemos y lo que nos dejan hacer; y tenemos el derecho de elegir hacer lo que más nos agrada y lo que nos parece mejor en un momento dado.
Podemos equivocarnos y pagar caros nuestros errores, pero de ellos aprendemos.
Somos perfectibles pero no perfectos y estamos siempre aprendiendo, acumulando experiencias, atesorando recuerdos y cada uno a su tiempo tiene la oportunidad de superar sus propios límites.
Somos humanos y tenemos nuestros condicionamientos. Sufrimos la fragmentación de la vida moderna que nos empuja al consumismo, pero al mismo tiempo estamos obligados a escuchar la voz de la conciencia.
Es difícil no enajenarse en una realidad perversa que puede obligarnos a hacer lo que no queremos, pensar una cosa, decir otra y hacer otra y luego vivir amargados con la culpa.
Es tiempo de recobrar la razón en un mundo sin razón, perdonarnos y perdonar y recuperar la buena senda en un camino sin camino lleno de señales opuestas, aceptando nuestras limitaciones y las de los demás y confiando en nuestro propia reflexión.
Malena
Publicado el 2014/08/24 por Psicóloga Malena Lede
¿Me deprimo y me rindo o enfrento y avanzo?
Publicado el 2014/06/26 por Psicóloga Malena Lede
Correr o caminar para ser feliz
Todos los que comienzan a correr o a caminar en forma regular, sienten que sus vidas cambian en forma radical.
Lo que empieza siendo una tarea más de la semana para cumplir en forma mecánica con un fin específico, se transforma en una necesidad de auto superación que jamás hubieran imaginado.
Vencer la inercia es lo más difícil cuando la tendencia automática después del trabajo es sentarse en el living y prender el televisor, pero una vez comprometido con una actividad física el cuerpo comienza a pedir más y más y lo que empezó siendo una práctica obligada de una o dos veces por semana se convierte en una necesidad de todos los días. Es más, se espera esa salida con avidez para disfrutarla a pleno, movilizar la energía y sentirse más vivo.
La actividad física produce un cambio en el cuerpo y el espíritu, no sólo a los más jóvenes sino a todos aquellos que desean una transformación en sus vidas y están dispuestos a comenzar la aventura de competir consigo mismos.
Correr o caminar son los deportes más completos y divertidos; su práctica regular, mejora la circulación, los pulmones, los músculos y las articulaciones, permite controlar el apetito, ayuda a la digestión y al descanso, previene la osteoporosis, combate la celulitis y lo que es más importante, mejora notablemente el estado de ánimo, al generar una sensación de bienestar y plenitud.
Desde luego, cualquier práctica deportiva que recién se inicia tiene que hacerse de a poco y con el debido chequeo médico previo.
Si se elige correr o caminar, hay que comenzar con trechos cortos, e ir aumentando en forma progresiva, siendo las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde, los mejores momentos para esta práctica, siempre eligiendo ropa cómoda y calzado adecuado y sin olvidar una botella con líquido para beber.
Correr o caminar nos pone en contacto con la naturaleza y también con otras personas que tienen las mismas inquietudes; cambia la forma de ver la vida y ayuda a liberarse de los conflictos.
Para algunos, salir una hora a correr o caminar es una meditación en movimiento que los ayuda a encarar la vida con mejor disposición y mayor fortaleza; y es elegir un estilo de vida ya que lleva a modificar otras conductas poco saludables y a preferir una forma más sana de vivir.
Ya no se trata de lucir mejor sino de estar en mejores condiciones para correr o caminar largas distancias, de modo que un plan nutricional deja de ser un sacrificio para convertirse en la forma de lograr objetivos.
Los que tienen experiencia con esta práctica recomiendan correr en grupo para evitar deserciones o sobre exigencias, de modo que sumarse a un “running team” puede resultar ser una buena estrategia para iniciarse en esta actividad.
Es cuestión de buscar en Internet el grupo que les quede más cerca.
Malena
Publicado el 2014/03/26 por Psicóloga Malena Lede
Somos lo que comemos
Publicado el 2014/03/12 por Psicóloga Malena Lede
Cómo saber si tengo depresión
Publicado el 2014/03/06 por Psicóloga Malena Lede
Autoestima
Publicado el 2014/03/04 por Psicóloga Malena Lede
La Motivación y la Autoestima
Publicado el 2013/12/12 por Psicóloga Malena Lede
El Suicidio
Alrededor de novecientas mil personas se suicidan por año en todo el mundo, haciendo que el suicidio sea una de las tres primeras causas de fallecimientos entre personas entre 15 y 44 años.
El suicidio se relaciona principalmente con la depresión, sin embargo, algunos de los síntomas de esta enfermedad, suelen ser minimizados tanto por familiares como por los médicos.
Se sabe que la depresión es una de las enfermedades psiquiátricas más difundidas en el mundo en esta época y que el mayor peligro que representa para el paciente es el suicidio, sin embargo, los síntomas pueden no ser detectados a tiempo.
Estimaciones recientes muestran que un 90% de las personas que se suicidaron padecían de depresión.
Los factores de riesgo más importantes pueden ser genéticos, psiquiátricos, fisiológicos, familiares, sociales y culturales.
También las distintas circunstancias de la vida que resultan difíciles aceptar, como la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, la soledad, los cambios evolutivos, enfermedades físicas graves, quebrantos económicos, problemas de pareja, deudas, etc., contribuyen a acentuar el riesgo de cometer suicidio.
La mayoría de los suicidios suceden en poblaciones con niveles de ingresos bajos o medios.
Casi la mitad de los casos registrados en el mundo se producen en China e India, representando en esos países la segunda causa de mortalidad entre jóvenes de 15 a 29 años según datos suministrados por la OMS (Organización Mundial de la Salud).
Los medios de comunicación, como Internet, favorecen el efecto contagio de los suicidios, según revela un estudio realizado en el Centro para la Investigación del Suicidio de la Universidad de Oxford, publicado en 2012 en la revista “The Lancet”.
La probabilidad de que se produzca un suicidio aumenta considerablemente si la persona padece de un trastorno psíquico, principalmente depresión, alcoholismo o esquizofrenia.
Los trastornos del estado de ánimo, la inestabilidad emocional o las oscilaciones afectivas aumentan veinte veces el riesgo de cometer suicidio, con una mayor incidencia de suicidios entre las mujeres sin hijos; siendo las personas más vulnerables las que además de ser depresivas tienen una adicción.
En los varones alcohólicos el riesgo de suicidio aumenta seis veces con respecto al resto de la población y en cuanto a los que sufren una patología como la esquizofrenia el peligro de suicidio se da con mayor frecuencia en los pacientes jóvenes, que no conocen la enfermedad y creen no tener cura.
Cuando una persona a intentado suicidarse existe alta probabilidad de que lo vuelva a intentar.
Resumiendo, para que una persona decida suicidarse deben darse por lo menos dos factores que son determinantes, el factor orgánico y una situación de la vida que no puede superar.
El desánimo de una persona antes de quitarse la vida es de desesperación absoluta e irreversible.
Los familiares deben tener en cuenta los dichos de la persona en riesgo que pueden revelar su intención de suicidarse con mensajes indirectos o consumiendo hipnóticos o tranquilizantes.
La falta de motivación y de proyecto producen la pérdida del sentido de la vida, por lo que resulta más factible detectar la posibilidad del suicidio en personas que están atravesando esa situación vital.
Estas personas en riesgo necesitan apoyo permanente pero en la mayoría de los casos terminan aislándose totalmente.
Un diagnóstico precoz y un adecuado tratamiento psiquiátrico pueden reducir drásticamente los casos de suicidio en todo el mundo.
Malena
Fuente:”Mente y Cerebro”; “Suicidio”; Bárbara Schneider, psiquiatra, psicoterapeuta y docente de la Universidad Goethe en Fráncfort del Meno.
Publicado el 2013/11/19 por Psicóloga Malena Lede
¿Depresión o tristeza normal?
La tristeza es un estado emocional natural producido por una circunstancia de la vida, como una pérdida, un duelo, una frustración, una ausencia o por cualquier otra razón, y ésta será más o menos profunda según el modo de vivir las experiencias que tenga cada uno.
La tristeza se convierte en depresión cuando se prolonga más de lo normal en el tiempo y la persona no puede retomar su modo de vida habitual, lo que puede producir insomnio o exceso de sueño, deterioro de las relaciones y del rendimiento laboral, aislamiento, abandono de los hábitos higiénicos, pérdida de la memoria, ideas de suicidio o adicciones a los medicamentos, para dormir, para despertarse, etc.
Los seres humanos estamos diseñados para poder superar cualquier situación, por más difícil que sea, sin embargo, a veces, algunas personas pueden sufrir depresión después de un acontecimiento desfavorable, casi siempre debido a cierta predisposición que puede ser orgánica, o bien debido a una circunstancia adversa anterior que no ha sido elaborada del todo, permaneciendo latente en la psiquis y activándose ante cualquier otra experiencia negativa.
Todos estamos expuestos al dolor y si nos negamos a enfrentar el dolor tampoco podremos sentir alegría en su momento y viviremos como adormecidos de sentimientos.
Tenemos derecho a sentir tristeza y dolor cuando nos ocurren hechos tristes y a mejorarnos una vez superado el impacto emocional que provocan y si evitamos sentirnos afectados, será más difícil superar cualquier trance doloroso.
Existen distintos tipos de depresión según la clasificación de la medicina tradicional, que distingue diferentes formas de manifestación, como Distimia, Depresión reactiva, Trastorno Maníaco Depresivo o Bipolaridad, y otros.
Todos estos trastornos tienen en común un estado de tristeza profundo que no cambia y que afecta todos los niveles de la personalidad y de la vida de una persona.
El tratamiento ideal para estas personas es combinar los recursos de la medicina tradicional, con la administraciónlos psicofármacos, que pueden ser antidepresivos y a veces también ansiolíticos; con buenos resultados después de algunas semanas de suministrados, y además apoyo psicoterapéutico,
Los psicofármacos actúan sobre los síntomas, reforzando la capacidad de tolerancia y mejorando el estado de ánimo, pero pueden afectar otras áreas de la personalidad, como la concentración, el rendimiento laboral, la sexualidad, etc; y la psicoterapia profundiza sobre las causas y las características de la personalidad del paciente intentando reforzar los mecanismos de defensa necesarios para aceptar las circunstancias y ayudar a ampliar la perspectiva.
En la actualidad, algunas personas no están dispuestas a soportar una reacción de tristeza normal frente a una circunstancia que la justifique y suelen recurrir a los facultativos para que les recete algún medicamento para no sufrir, pero anular esta forma de reaccionar del cuerpo y de la mente no significa erradicarla definitivamente del sistema sino postergarla, lo que significa una amenaza en el futuro y una dependencia a las drogas para evitarla.
Es importante que un psiquiatra conozca bien al paciente y comprenda qué es lo que le pasa, su circunstancia vital, para poder hacer un buen diagnóstico diferencial, para poder reconocer con exactitud cuál es el trastorno anímico que aqueja a su paciente, si se trata de ser una tristeza normal o de una patología.
Malena
Publicado el 2012/10/15 por Psicóloga Malena Lede
Recursos útiles para la depresión
Publicado el 2010/05/17 por Psicóloga Malena Lede
La Depresión y el Cambio
Los cambios en la vida pueden producir una depresión, pero algunas veces pueden curarla, porque nunca es tarde para cambiar.
Ruth tenía 65 años y vivía sola. Tenía una hija que vivía en Israel con su esposo e hijos, y a pesar de insistirle a su madre que se fuera a vivir con ellos, jamás estuvo dispuesta a hacerle caso.
Ruth trabajaba en un estudio jurídico unas horas y además estaba jubilada.
Reunía con esos dos ingresos el dinero justo para sobrevivir, porque además tenía que pagar el alquiler de un pequeño departamento.
Vino a la consulta porque no podía dormir de noche y a la mañana tampoco podía levantarse para ir a trabajar. Le costaba vestirse y arreglarse, apenas comía y no tenía ganas de vivir.
Esa mañana había recibido una carta de su hija que le volvía a reiterar su deseo de que viajara a Israel y donde le mandaba el pasaje, aunque sea para visitarlas.
En Israel existía en ese momento un programa de ayuda a personas mayores que querían radicarse en ese país, que incluía la asignación de una vivienda independiente, más una pensión por edad avanzada mucho más alta de la que estaba percibiendo ahora.
A Ruth le costaba tomar la decisión, tener que iniciar una nueva vida en un país diferente, habituarse a otras costumbres, a otro idioma y a otra cultura.
Con el apoyo psicoterapéutico, pudo tomar la decisión y finalmente viajó para radicarse en ese país.
Unos meses después recibí una carta en la que me contaba sus peripecias, estaba de muy buen humor y ya no se acordaba que alguna vez había estado deprimida.
Había pasado un tiempo en un lugar de tránsito hasta que el gobierno le asignara un domicilio definitivo.
En esa circunstancia conoció a un exiliado ruso, un hombre más joven que estaba esperando la visa para viajar a Estados Unidos y vivió una aventura romántica que jamás olvidaría, porque se enamoró como una colegiala.
Ruth nunca se había enamorado. Había tenido dos maridos que habían sido dos fracasos, de los cuales se había separado al poco tiempo y se podía afirmar que no había conocido el amor.
Crió a su hija sola, decidiendo dedicarse a ella y a su trabajo y olvidarse de los hombres, dando por terminada su vida afectiva.
Sin embargo, un encuentro amoroso en un país desconocido, donde se puede llegar a vivir las experiencias de una manera diferente y liberarse de todas las inhibiciones, hizo desaparecer su depresión como por encanto y la hizo sentir más joven y feliz, aún sabiendo que él estaba de paso esperando la visa para radicarse en los Estados Unidos.
Vivió los meses más felices de su vida, disfrutando cada día como si fuera el último, hasta que se despidieron para siempre.
Sin embargo no se deprimió, por primera vez sentía que estaba viva, que no importaba los años que tuviera, que podía creer que siempre habría alguien que la vería diferente, que la muerte estaba lejos, muy lejos porque ahora le apostaba a la vida.
Le asignaron su nueva vivienda que colmó todas sus expectativas. No podía pedir más, estaba cerca de su hija y sus nietos, tenía su propia casa, estaba percibiendo la pensión que le correspondía, mucho más alta de la que cobraba de este país y además podía atreverse a soñar. Porque se dio cuenta que nunca es tarde para ser feliz, para ser amada y deseada y para cumplir los sueños, porque lo imposible se puede hacer realidad siempre cuando nos abrimos al cambio y no nos negamos a enfrentarlo para seguir viviendo.
Publicado el 2010/03/04 por Psicóloga Malena Lede
La Depresión, una futura pandemia
Este pronóstico pertenece a la Organización Mundial de la Salud, que advierte a todos los países sobre la necesidad de incrementar sus presupuestos para atender este problema que afecta el estado de ánimo, las relaciones interpersonales, la actividad laboral y el normal funcionamiento de la vida de una persona.
Aunque se trata de una enfermedad que puede llegar a ser muy grave, existen tratamientos eficaces tanto a nivel farmacológico como psicológico.
Aunque no se puedan registrar evidencias físicas de esta enfermedad que permita un diagnóstico por medio de un estudio clínico, existen numerosos síntomas asociados que hay que conocer para poder proceder a enfrentar este problema con los recursos más adecuados.
Se puede decir que alguien padece de depresión cuando presenta algunos de los siguientes síntomas:
Tristeza sin motivo aparente
Insomnio
Pérdida de interés en sus tareas habituales
Irritabilidad
Cansancio injustificado
Sentimientos de culpa
Falta de apetito
Falta de esperanza
Dificultades de atención y concentración
Ideas de suicidio
Fobias
Adicciones
De este estado no se puede salir sin ayuda, de modo que es importante realizar la consulta al médico de cabecera que será el que estimará la conveniencia de hacer la derivación al psiquiatra.
Para tratar esta afección, el tratamiento combinado es el ideal, o sea que el paciente deberá ser atendido por un profesional psiquiatra que será el que controlará la medicación, si fuera necesaria, y un psicoterapeuta, que realizará el apoyo psicológico.
Esta enfermedad puede ser endógena, denominada comúnmente bipolar, o puede ser reactiva, desarrollada a partir de un suceso traumático.
La afección bipolar puede ser controlada generalmente con la utilización de psicofármacos y psicoterapia, los síntomas son de mayor intensidad y puede ser recurrente, casi siempre ante situaciones de la vida difíciles de aceptar.
La depresión reactiva es la que se manifiesta a raíz de una pérdida severa o en etapas críticas del desarrollo, siendo sus síntomas más leves.
Victor Frankl, (1905-1997), médico neurólogo y psiquiatra vienés, desarrolló una teoría que denominó Logoterapia, mientras se encontraba prisionero en un campo de concentración nazi.
Perdió a toda su familia y él se salvó del exterminio porque era médico.
Se dio cuenta que los que morían en cautiverio, eran los que perdían la esperanza.
En esas condiciones infrahumanas, él pudo sobrevivir porque su teoría se transformó en su proyecto y en su razón para vivir.
Cuando la vida pierde significado y no se tiene nada por qué vivir, el ser humano se deprime y muere.
Su sistema terapéutico se adapta a las personas que sufren depresión y se basa en el principio de la búsqueda de significado.
Sólo se puede sobrellevar la adversidad, por más terrible que sea, cuando el hombre aún tiene esperanzas y algo por que vivir.
En un mundo donde las necesidades del hombre ya están satisfechas, es necesario elevar la percepción y salir del simple propósito de obtener más cosas materiales para ingresar a un nivel más alto y satisfacer las necesidades del alma.
La espiritualidad no se reduce a la religiosidad, sino que es todo aquello en la vida que logra trascender lo concreto, como el conocimiento de los los rodean, hacer el bien, amar y dar.
Publicado el 2009/12/10 por Psicóloga Malena Lede
La Felicidad y la Plenitud

"El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace". León Tolstoi.
Hay momentos en que podemos sentirnos plenos y felices, como cuando hacemos lo que nos gusta y lo disfrutamos hasta el punto de perder la noción del tiempo; satisfachos de nosotros mismos, o cuando nos relacionamos con alguien con quien podemos hablar de intereses mutuos, que sabe escuchar, con quien podemos compartir emociones, pensamientos y afinidades y con quien nos sentimos cómodos, o cuando somos capaces de apreciar la belleza.
Podemos decir que en esos momentos somos plenamente felices, porque la plenitud de la felicidad es una sensación en la garganta que nos impide a veces hablar y que solo se puede sentir, como si quisiéramos salirnos de nosotros mismos porque no nos basta el cuerpo para experimentarla.
El hombre en conflicto está condicionado al sufrimiento y toda conquista material le genera culpa en lugar de hacerlo feliz. Puede sentir el placer efímero del éxito que no es duradero ni genuino porque siempre viene acompañado del temor a la pérdida.
Vivir en estado de plenitud exige un cambio de actitud, un abandono, un estado de entrega, una renuncia a la esclavitud de nosotros mismos, a las frases hechas, a lo conocido y trillado, porque son nuestras propias estructuras de pensamientos las que nos esclavizan.
El estado de plenitud y felicidad borra los esquemas rígidos, la ansiedad y el estrés.
La felicidad es un estado emocional, sin embargo se registra en el intelecto que se aclara y adquiere mayor lucidez y creatividad.
El intelecto está siempre distraído pensando en las cosas y no puede centrarse en si mismo, para ver lo que es real, y esta condición le impide florecer libre de condicionamientos.
Conocer lo real y cuales son las distracciones que nos apartan de nosotros mismos es imprescindible para sentirse plenos.
Saber quien es uno, permite no apartarse del camino y de la oportunidad de alcanzar la plenitud de ser el que uno es y lograr por fin tener relaciones verdaderas.
Los problemas que se presentan son las señales que nos indican que estamos perdiendo la ruta y representa la oportunidad para recuperarla.
Distinguir entre el placer aparente y la felicidad genuina y decidirse a no ir detrás de la mayoría, haciendo lo que los otros hacen, copiando modelos, sumándose al rebaño, es lo que nos llevará a experimentar la plenitud.
La competencia es falta de creatividad y solo baja nuestra autoestima y nos llena de angustia, porque no existe la competencia cuando algo es genuino.
Estar centrado en uno mismo permite crear vínculos verdaderos, establecer relaciones firmes basadas en el afecto y la comprensión y no en intereses.
La felicidad es un estado de ánimo que es posible cuando se es capaz de ser el que uno es y se confía en uno mismo.
Decidir ser felices y plenos es una forma de pensar, una filosofía de vida, un compromiso y la mejor manera de estar bien con los demás.
El mayor obstáculo para lograrlo somos nosotros mismos con nuestros pensamientos rígidos.
El cambio debe ser interno no externo para ser feliz, porque todo lo externo nos esclaviza y la verdadera felicidad viene de adentro.
El afuera nos puede dar placeres pero la felicidad no puede depender de otras personas ni de las cosas.
Publicado el 2009/11/18 por Psicóloga Malena Lede
La Depresión, Flagelo de la Vida Moderna
La Organización Mundial de la Salud advierte que dentro de veinte años los casos de depresión superarán a los de cáncer y a los problemas cardiovasculares.
Frente a este panorama, mucho no se está haciendo en el mundo, pero afortunadamente se trata de una enfermedad que con el debido tratamiento se puede superar.
Es importante por lo tanto atender las señales que se presentan, que pueden anunciar un estado depresivo con antelación, como el hecho de no poder dormir o de dormir demasiado, tener desinterés, abulia, sentirse abatido, con falta de concentración y sin proyectos, con ideas persecutorias, o sentimientos de culpa.
Los cambios evolutivos son oportunidades en que se pueden producir estados depresivos, por ejemplo durante la menopausia, cuando además de la elaboración de la pérdida de la capacidad reproductiva hay que agregar los cambios hormonales que predisponen a sufrir alteraciones del estado de ánimo.
En la adolescencia se presentan casos de adicciones que también se relacionan con estados depresivos. Es un período de la vida que obliga a adaptarse a un nuevo esquema corporal y a relacionarse de una manera diferente, circunstancias que hacen sentir vulnerables a los jóvenes y los lleva a buscar refugio en el alcohol o las drogas si no son debidamente comprendidos.
Las complicaciones de la vida moderna, con exigencias cada vez mayores provocan en la gran mayoría un estado de tensión que cuando se hace crónico altera el normal funcionamiento del cuerpo y de la psique, principalmente cuando el balance entre lo que se tiene y se desea produce conflictos y frustración.
Salir de la depresión exige un replanteo existencial y una reestructuración de la personalidad a partir de nuevos parámetros y nuevos valores relativos, teniendo en cuenta los nuevos recursos.
Lo más importante es lograr volver a conectarse con nuevos proyectos, empezando con el cumplimiento de pequeñas metas y es conveniente rodearse de gente positiva, que esté comprometida con la vida, porque el entusiasmo se contagia.
La intención es el primer gran paso adelante para emprender nuevos desafíos, porque todo es posible.
La meditación es un instrumento de gran ayuda que despeja la mente y nos ayuda a conectarse con nuestras verdaderas potencialidades; y la visualización nos permite concentrarnos en los objetivos.
También es importante aprender a aceptar ayuda de los demás y no aislarse.
La imagen no es todo, pero puede ayudar mejorar la presencia, mantenerse pulcro y prolijo, rodeado de un ambiente acogedor, ordenado y agradable que reflejará en buena medida un mejor estado de ánimo; y por supuesto es indispensable estar dispuesto a realizar un tratamiento psicológico de apoyo.
Publicado el 2009/08/07 por Psicóloga Malena Lede
El Miedo a Vivir

El optimismo es un estado de ánimo que nos permite avanzar en la vida con la confianza suficiente como para no decaer frente a los obstáculos.
Creer en uno mismo y en el orden natural favorece nuestro desarrollo y crecimiento, nos quita los fantasmas del miedo y nos permite relacionarnos mejor.
Nuestra forma de pensar es la base de nuestro comportamiento, y si pensamos que no tenemos fuerza, que estamos agotados, que no podemos con todo lo que nos pasa, seguramente nos dejaremos vencer por los hechos, que de algún modo nosotros siempre provocamos.
Somos los artífices de nuestra vida y aunque no podamos hacer mucho por los demás, que también son dueños de sus destinos, tenemos la responsabilidad de nuestra vida, de hacer lo que tenemos la capacidad de hacer en este mundo para intentar dejarlo mejor de lo que estaba, antes que nos vayamos.
No necesitamos que nadie nos aliente ni nos apoye, porque estamos diseñados para hacer lo nuestro sin ayuda , porque los demás también tienen bastante que hacer con ellos mismos.
Somos lo que vamos haciendo de nosotros mismos, no lo que dicen los demás, ni las etiquetas que llevamos puestas desde chicos.
No tenemos límites ni fronteras, porque los límites siempre los ponemos nosotros y las fronteras también son imaginarias.
¿Por qué no aprovechar esta oportunidad que nos da la vida, sin importar lo que pase después cuando nos hayamos ido?
¿Acaso no es mejor haber intentado por lo menos hacer algo que quedarse quieto quejándose, cuestionándose, haciéndole la vida imposible a los demás, tratando de descifrar el misterio de la existencia o esperando que alguien nos de una mano para atrevernos a seguir adelante?
Todos nuestros proyectos nos están esperando impacientes, mientras nos quedamos mirando nuestro propio ombligo y nos convencemos que no vale la pena.
Arrancar es fácil, requiere romper la inercia y cambiar de rumbo, porque si nos quedamos varados en la banquina de nuestro pensamiento negativo, estamos obstaculizando el paso de los demás y no llegamos a ningún lado.
Nuestra actitud ayuda a los demás, porque no somos seres aislados y la buena onda se expande como reguero de pólvora.
Evitemos contribuir al malestar general, seamos frescos y nuevos todos los días, libres de ataduras que nos hemos impuestos nosotros mismos y de cargas del pasado que no necesitamos.
La mente es libre y nadie puede esclavizarla salvo nosotros mismos.
Hagamos lo posible para sentirnos orgullosos, para sorprendernos de lo que somos capaces, para maravillarnos de lo que podemos conseguir, solamente con nuestra intención, poniendo atención a las cosas que deseamos, que nos convienen y que nos hacen bien.
No nos dejemos vencer por el desaliento de otros ni nos confundamos con sus propios horizontes que no son los nuestros.
Ser valiente significa aprender a entregarse a la vida sin condiciones, sin estar a la defensiva, confiado y atento para hacer lo que nos corresponde con la mejor disposición de ánimo, hasta el último aliento y sin aflojar nunca.
Hoy mismo puede nacer la persona que realmente somos. Permitámosle nacer y crecer.















