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LOS MIEDOS - Psicología Malena Lede


Detrás de todos los miedos se esconde el miedo a lo desconocido, o sea a la muerte.

El temor a la muerte que caracteriza a la depresión es la sombra que perturba la vida de estos pacientes.

El problema es que lo opuesto a la muerte, que es la vida, también se teme,   porque representa enfrentar la responsabilidad y la culpa que es lo que se quiere evitar a toda costa.

El depresivo tiene miedo de aceptar la soledad por lo tanto intenta por todos los medios de aferrarse a otros.

El miedo a la muerte es el resultado de no poder enfrentar la realidad de la propia finitud, agravado por la incapacidad para seguir viviendo.

El insomnio, por ejemplo, síntoma muy común en la depresión, es el miedo a dejarse llevar sin oponer resistencia. 

Porque dormir también es soñar, o sea un estado en que una persona se puede permitir más libertades y vivir experiencias tan vívidas como las de la vigilia, pero también es una forma de muerte; porque nos exige abandonarnos al sueño y pasar el umbral de la realidad.

Sin embargo, soñar es la oportunidad de poder conectarse con la propia sombra, compensar lo no vivido y recuperar el equilibrio.

El miedo a entregarse por completo al sueño impide dormir cuando no hay confianza ni capacidad de entrega y cuando la propia mortalidad representa un tema importante.

El sueño y el orgasmo se parecen porque exigen abandono y entrega y porque  ambos representan pequeñas muertes que se viven como peligrosas.

En cuanto al despertar,  es un nuevo nacimiento que si se teme a la responsabilidad puede resultar tan angustioso como el temor a la  muerte.

Vivir es estar en la búsqueda de lo nuevo y tener la oportunidad de aprender, es poder saciar el hambre de conocimiento para llenar el vacío interior con experiencias, es aceptar estar en un mundo heterogéneo y en perpetuo conflicto y es estar preparado para reconocer la inevitable soledad.

Malena Lede – Psicóloga

Fuente: “La enfermedad como camino”; Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke.

Estoy solo o me siento solo - Psicología Malena Lede




La soledad se puede vivir de muchas maneras según cómo se ha evolucionado y cómo se han vivido las relaciones desde la infancia.

Sabemos que una persona se puede sentir sola aún rodeado de mucha gente, pero más que soledad lo que se suele experimentar es falta de amor, incomprensión, sentirse fuera de lugar y sin la posibilidad de conectarse afectivamente con los demás.

Este sentimiento de aislamiento puede producir mucha tristeza y falta de motivación para vivir.

Desde el nacimiento tenemos necesidad de compañía ya sea para sobrevivir pero también para relacionarnos con otros.

La falta de amor en la niñez produce graves efectos en una persona y hasta puede ocasionarle la muerte, pero cuando somos mayores y somos más independientes, comenzamos a desarrollar nuevas capacidades y gran parte de nuestras necesidades afectivas trascienden el ámbito familiar y se satisfacen socialmente.

A veces, con la edad, las relaciones cambian o se pierden y puede surgir un sentimiento de insatisfacción y desconcierto difícil de superar sin una mayor apertura de la perspectiva,  que es lo que permite el cambio hacia un mayor autoconocimiento. 

Sin embargo, no siempre las personas encuentran la forma de adaptarse a la ausencia de personas significativas y a reencontrarse consigo mismos para poder aprender a cuidarse y disfrutar de la soledad.

Sentirse feliz no depende del mundo exterior, porque la verdadera felicidad viene de adentro, estando en paz con uno mismo, sin presiones externas y atreviéndose a ser quien uno es.

Todos en algún momento de la vida pueden haber experimentado un sentimiento de soledad y el hecho de sentirse incomprendido o deprimido; y a veces esa experiencia ha sido el motor para animarse a hacer lo que siempre quisieron y tantas obligaciones no les permitieron.

La soledad puede hacer mucho daño cuando las personas se sienten víctimas de una realidad que creen no haber buscado y que los sorprende siendo más vulnerables.

La clave para salir de esta encrucijada es distinguir cuáles son los problemas de comunicación que nos impiden relacionarnos con nuestros seres queridos que los hace mantenerse alejados, elevar la autoestima, creer que somos dignos de ser amados y aceptar con humildad el modo de relación que en este momento de la vida los demás nos ofrecen.

Malena Lede - Psicóloga

Cómo deshacerse del pasado - Psicología Malena Lede





Si pudiéramos vacunarnos contra la nostalgia, los prejuicios, los malos recuerdos y todas las experiencias nefastas del pasado, podríamos vivir más felices el presente y tener más confianza en el futuro.

No se trata de olvidar sino de aceptar todo lo que pasó, para poder seguir viviendo sin mochilas emocionales que nos pesan demasiado.

La mente percibe en forma subjetiva, por eso no existen dos personas que vivan una misma experiencia de la misma forma. Una sola palabra puede herir a alguien como un cuchillo y a otro le puede resultar indiferente o incluso agradable.

Las experiencias traumáticas nos marcan para toda la vida, sin embargo es posible deshacerse de esas emociones negativas.

Eso es lo que trata de hacer el Psicoanálisis, rescatar los traumas del pasado que parecen olvidados pero que se han reprimido; e intentar revivirlos para poder elaborarlos adecuadamente.

Elaborar un trauma del pasado significa revivir esa experiencia y expresar ahora la emoción que le corresponde, porque lo que se ha reprimido y afecta a una  persona no es la experiencia en sí misma sino la emoción que se reprimió y en su momento no se expresó.

Un duelo no se elabora cuando no se puedo expresar el dolor, casi siempre para no sufrir.

Expresar el sufrimiento no es fácil porque a nadie le gusta sufrir; muchos racionalizan lo acontecido y reprimen su dolor. ( Esa pareja no me convenía, era un hombre inmaduro, miraba a otras mujeres, no tenía ambición, etc.) 

Los duelos terminan cuando se ha podido integrar la desaparición de esa persona  a la personalidad y se puede continuar viviendo con eso.

La pérdida del amor es un duelo, en ese caso la persona no muere pero desaparece de nuestras vidas para siempre.

El duelo normal por una persona muy cercana puede durar aproximadamente desde un año hasta dos años.  Cuando se prolonga más de ese tiempo ya se trata de un duelo patológico que puede alterar el futuro de la persona.

La primera reacción a un duelo por abandono es la negación, o sea, no poder aceptar que esa persona se haya ido. (Esto no está pasando).

La segunda forma de reaccionar es con agresividad.  (Esto no me lo merezco).

La tercera respuesta frente al dolor del abandono es la negociación.  (Si vuelve prometo que todo va a ser diferente).

La cuarta es la depresión, cuando se comienza a entender el acontecimiento y se puede sentir tristeza.

La quinta es la aceptación, cuando la persona ha podido expresar su dolor, ha incorporado su pérdida y puede seguir con su vida.



Malena Lede (Psicóloga)
Fuente: "On death an dying"; Elizabeth Kübler-Ross


La búsqueda del placer sin límites - Psicología Malena Lede



Actualmente se vive una época hedonista centrada en la satisfacción de los deseos y ausente de reflexión, en la búsqueda de la felicidad a toda costa y esta filosofía apocalíptica lleva a querer aprovechar cada minuto como si fuera el último.

Pero a la vez, se respira un clima de hastío, aburrimiento y soledad que se trata de evitar con el uso de la tecnología y a través de los celulares y de las redes sociales, que permiten conectarse generalmente con personas que no se conocen personalmente y que pueden no ser quienes dicen que son.

Es evidente que la forma de comunicación humana ha cambiado y se ha vuelto mediática en detrimento del contacto físico.

El uso de la tecnología en todas partes priva a las personas de las experiencias directas, absorbe su tiempo, amenaza con ocupar el lugar de las vivencias reales y ahonda aún más el abismo entre las generaciones.

Este fenómeno no se puede parar y amenaza con adueñarse de nuestras vidas y a no poder desprendernos de un teléfono, único cordón umbilical que nos mantiene unidos al mundo.

De la cultura del trabajo se ha pasado en un abrir y cerrar de ojos, a la cultura del placer y del entretenimiento y a vivir los extremos sin evaluar las consecuencias de las acciones ni los riesgos.

El cambio de paradigma pone en primer lugar la felicidad personal, sólo por hoy y a toda costa, sin tener en cuenta al otro y sin ser conscientes de las consecuencias, porque se da por sentado que ya no hay futuro.

Las relaciones de pareja no resisten la etapa de madurez porque se pretende vivir siempre en un estado idílico permanente y porque estar en pareja se convierte en un obstáculo que impide el cumplimiento de los deseos mutuos. A nadie le interesa ponerse en el lugar del otro para poder comprenderlo porque todos están totalmente centrados en sí mismos.

La vida se ha vuelto un vulgar parque de diversiones donde los jóvenes y no tan jóvenes, circulan tristemente, sin saber dónde van.

Este estado de cosas, lejos de proporcionar felicidad produce apenas una satisfacción inmediata que luego se transforma en frustración y vacío de Ser, que conduce inexorablemente a la depresión y al aislamiento.

Está en cada uno de nosotros darle a la tecnología el lugar que le corresponde, y no permitirle que se apodere de nuestras vidas, de nuestros afectos, de nuestras emociones y decisiones y dejar de pensar, en el fin del mundo, sin ningún fundamento válido que lo sustente.

Conste que la humanidad ya vivió anteriormente experiencias que la hicieron pensar en el fin de los tiempos. Cuando se produjo el acercamiento del cometa Halley a principios del siglo XX, algunas personas se suicidaron; y al comienzo de la primera y de la segunda guerra mundial, el temor al fin del mundo lo provocaba el uso de nuevos armamentos cuyas consecuencias no se conocían.

Tenemos que tomar conciencia que al mundo en que vivimos lo hacemos nosotros y no echarle la culpa a otro, porque cada forma de pensar individual es capaz de expandirse como un virus e infectarnos a todos.
Malena



Hay vida más allá de la pareja - Psicología Malena Lede



Para la mayoría, el rompimiento de una relación afectiva puede ser devastador, aunque a la vez implique el fin de una sucesión de experiencias difíciles, de cotidianas discusiones estériles y de mutuas recriminaciones y ofensas.

A veces la gente se acostumbra al sufrimiento y le parece que es la única forma de vivir, otras veces el temor a lo desconocido, a la soledad, a enfrentar la vida solos sin el respaldo de alguien al lado, va dilatando las decisiones y se acepta el atropello, la indiferencia, la infidelidad y hasta la violencia con tal de evitar el cambio.

Sin embargo, aunque la imaginación se empeñe en crear un futuro incierto, la realidad puede ser muy diferente y la vulnerabilidad los puede hacer invencibles.

¿Cuántas cosas no pueden hacer porque viven en pareja? Tendríamos que registrarlas para poder recurrir a ellas en el caso de tener que enfrentar la soledad, cualquiera que sea la causa.

El mundo es una fuente de oportunidades para desplegar creatividad, para trabajar, para aprender y también para disfrutar del ocio, cualquiera sea la edad que se tenga. La única barrera que se interpone entre toda la gama de posibilidades que existen es uno mismo.

La vida es una sucesión de muertes y resurrecciones, porque morimos como niños, como adolescentes, como jóvenes, como adultos y finalmente, los afortunados, mueren de viejos.

La soledad puede enseñarnos a vivir con nosotros mismos como nos plazca, permite que aprendamos a tomar decisiones autónomas, respetarnos como personas independientes, confiadas y seguras, afianzarnos en un nuevo rol y enfrentar la vida con valentía para emprender todos los días nuevos desafíos.

Siempre somos más capaces de lo que creemos pero el miedo es el que se interpone entre las ideas y los hechos; el que nos paraliza, nos vuelve inseguros y desconfiados.

Para vivir se necesita mucho más coraje que para morir, porque se sigue rindiendo examen todos los días y pagando la consecuencia de los errores, en cambio la muerte puede borrar todas las afrentas, los resentimientos, los rencores, porque todos necesitan reconciliarse con los muertos para poder enterrarlos.

La soledad es la oportunidad de conocer nuestros propios límites, de sorprendernos de nosotros mismos, de entablar nuevas relaciones, de amar libremente, de superarnos, de derribar viejos mitos, de atrevernos a ser quienes somos.

A veces la soledad puede ser nuestra mejor compañía y un duelo eterno la excusa para darnos por vencidos.

Malena

Vivir sin culpas - Psicología Malena Lede



La culpa es un sentimiento inútil porque es lo mismo que llorar por la leche derramada, nos ata al pasado, entorpece el desarrollo, malogra las experiencias y hace la vida miserable.

Lo que si es saludable desarrollar es el sentido de la responsabilidad, reflexionando antes de actuar y siendo capaces de responder por nuestros errores.

La culpa hostiga a las personas que tienen baja su autoestima y pensamientos negativos, porque se castigan haciéndose reproches, viven lamentándose de sus errores y de esa manera agotan toda su energía, lo que les impide seguir adelante y emprender nuevos desafíos.

¿Cómo hacemos para superar los sentimientos de culpa por lo que creemos que hicimos mal y que pudimos haber hecho mejor?

Todo lo que hemos hecho en el pasado es lo único que pudimos hacer en ese momento de la vida, porque por alguna razón no pudimos hacer otra cosa. Claro que si ahora nos volviera a suceder algo igual, seguramente actuaríamos diferente, pero las circunstancias son distintas, hemos cambiado, madurado, crecido, podemos ver los problemas desde otras perspectivas, tenemos más paciencia, pensamos más antes de actuar, podemos evaluar con más eficacia las consecuencias de nuestros actos.

De nada sirve arrepentirnos del pasado porque no se puede cambiar pero si podemos aprender de él para no cometer los mismos errores dos veces.

Lo que no podemos cambiar es mejor aceptarlo, perdonarnos por los eventuales daños que hemos causado y estar dispuestos en el presente a responsabilizarnos por nuestros actos.

El perdón nos ayuda a empezar de nuevo, porque la carga del pasado que nos empeñamos en seguir llevando a cuestas, no nos permite ni continuar normalmente con la vida ni tener paz interior.

Cuando logramos estar en equilibrio podemos tener más conciencia de qué somos capaces y cuáles son nuestros límites. Ese avance en el autoconocimiento nos permite ser más conscientes, más bondadosos con nosotros mismos y con los demás, menos omnipotentes y aceptar que no todo es posible y que no podemos satisfacer a todos.

En la vida todos hacemos lo que podemos y lo que nos dejan hacer; y tenemos el derecho de elegir hacer lo que más nos agrada y lo que nos parece mejor en un momento dado.

Podemos equivocarnos y pagar caros nuestros errores, pero de ellos aprendemos.

Somos perfectibles pero no perfectos y estamos siempre aprendiendo, acumulando experiencias, atesorando recuerdos y cada uno a su tiempo tiene la oportunidad de superar sus propios límites.

Somos humanos y tenemos nuestros condicionamientos. Sufrimos la fragmentación de la vida moderna que nos empuja al consumismo, pero al mismo tiempo estamos obligados a escuchar la voz de la conciencia.

Es difícil no enajenarse en una realidad perversa que puede obligarnos a hacer lo que no queremos, pensar una cosa, decir otra y hacer otra y luego vivir amargados con la culpa.

Es tiempo de recobrar la razón en un mundo sin razón, perdonarnos y perdonar y recuperar la buena senda en un camino sin camino lleno de señales opuestas, aceptando nuestras limitaciones y las de los demás y confiando en nuestro propia reflexión.

Malena




¿Me deprimo y me rindo o enfrento y avanzo?



Sin duda lo más fácil frente a la adversidad es rendirse y deprimirse, en lugar de elegir enfrentarla para seguir avanzando.

Deprimirse es victimizarse y renunciar a asumir la responsabilidad de los actos, ya sea inculpando a otros o lamentándose de la mala suerte.

Ser negativo es más cómodo;  es como abrir el paraguas antes que llueva,  por temor al fracaso por falta de tolerancia a la frustración y poca resistencia a la crítica.

Pero un instante lo puede ser todo y decidimos rendirnos frente a ese hecho puntual sin tener en cuenta que se trata sólo de un fragmento de la larga cadena de nuestras experiencias vividas, con el poder de cambiar nuestra perspectiva y de hacernos perder el rumbo.

No todo en esta vida puede ser tan prolijo y perfecto sin ningún altibajo, porque la realidad tiene aristas que no siempre son armónicas y que hay que saber aceptar.

Sin embargo vivimos tomando decisiones en base a circunstancias fortuitas sin considerar la posibilidad de intentar tener una visión más amplia que nos permita darle el justo valor a  las cosas negativas que nos pasan y aprovechar esa circunstancia para crecer con el dolor.

Hay personas que se rinden antes de ser vencidos, porque para decidirse a luchar por su ideal necesitan estar seguros de no fracasar.  No saben que si esperan estar seguros no harán nada, porque la seguridad no existe y  sólo cuentan con su fuerza interior.

Vivimos en una época que exige éxitos rápidos en que los lentos van quedando atrás en la vertiginosa carrera incomprensible contra el tiempo.  Como consecuencia surge el estrés y la depresión,  la falta de amor y de compromiso.

El estrés es querer y no poder, es pretender vivir a un ritmo acelerado e insostenible tratando de cumplir con todo lo irrelevante pero sacrificando lo esencial, que son los afectos.

Con la depresión desaparece el espíritu de iniciativa y se pierden el ánimo, la salud, los objetivos y hasta la vida activa.

La falta de amor y de compromiso es no saber darle su lugar a los sentimientos.

La vida es un salto al vacío sin red; y hay que lanzarse y trascender las dificultades  con fe,  que es el poder que nos sostiene;   con voluntad, que es el pilar en que se basan las grandes obras; y con amor para ser dignos de ser humanos.

Malena
Fuente: “No te rindas”;  Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría, Madrid. 

Correr o caminar para ser feliz


Todos los que comienzan a correr o a caminar en forma regular, sienten que sus vidas cambian en forma radical.

Lo que empieza siendo una tarea más de la semana para cumplir en forma mecánica con un fin específico, se transforma en una necesidad de auto superación que jamás hubieran imaginado.

Vencer la inercia es lo más difícil cuando la tendencia automática después del trabajo es sentarse en el living y prender el televisor, pero una vez comprometido con una actividad física el cuerpo comienza a pedir más y más y lo que empezó siendo una práctica obligada de una o dos veces por semana se convierte en una necesidad de todos los días. Es más, se espera esa salida con avidez para disfrutarla a pleno, movilizar la energía y sentirse más vivo.

La actividad física produce un cambio en el cuerpo y el espíritu, no sólo a los más jóvenes sino a todos aquellos que desean una transformación en sus vidas y están dispuestos a comenzar la aventura de competir consigo mismos.

Correr o caminar son los deportes más completos y divertidos; su práctica regular, mejora la circulación, los pulmones, los músculos y las articulaciones, permite controlar el apetito, ayuda a la digestión y al descanso, previene la osteoporosis, combate la celulitis y lo que es más importante, mejora notablemente el estado de ánimo, al generar una sensación de bienestar y plenitud.

Desde luego, cualquier práctica deportiva que recién se inicia tiene que hacerse de a poco y con el debido chequeo médico previo.

Si se elige correr o caminar, hay que comenzar con trechos cortos, e ir aumentando en forma progresiva, siendo las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde, los mejores momentos para esta práctica, siempre eligiendo ropa cómoda y calzado adecuado y sin olvidar una botella con líquido para beber.

Correr o caminar nos pone en contacto con la naturaleza y también con otras personas que tienen las mismas inquietudes; cambia la forma de ver la vida y ayuda a liberarse de los conflictos.

Para algunos, salir una hora a correr o caminar es una meditación en movimiento que los ayuda a encarar la vida con mejor disposición y mayor fortaleza; y es elegir un estilo de vida ya que lleva a modificar otras conductas poco saludables y a preferir una forma más sana de vivir.

Ya no se trata de lucir mejor sino de estar en mejores condiciones para correr o caminar largas distancias, de modo que un plan nutricional deja de ser un sacrificio para convertirse en la forma de lograr objetivos.

Los que tienen experiencia con esta práctica recomiendan correr en grupo para evitar deserciones o sobre exigencias, de modo que sumarse a un “running team” puede resultar ser una buena estrategia para iniciarse en esta actividad.

Es cuestión de buscar en Internet el grupo que les quede más cerca.

Malena

Somos lo que comemos



Los últimos estudios sobre nutrición revelan que el ácido omega 3 influye en el estado de ánimo e incluso es posible que un aumento de consumo de pescado en la dieta nos preserve de padecer enfermedades mentales, como la depresión, las psicosis y las conductas impulsivas.

En cambio, el exceso de grasas hidrogenadas y azúcar, no sólo afectan el humor sino también el aprendizaje.

Todos nos sentimos mucho mejor después de una buena comida, por lo tanto, es obvio que funcionemos mejor, que nuestro rendimiento sea mayor y que tenderemos a ser más amigables y amables con los demás.

Sin embargo, pocos son los que prestan atención a esta premisa y se castigan con una dieta desequilibrada, comen irregularmente cualquier cosa a cualquier hora y casi nunca se sientan a comer.

Numerosos estudios realizados sobre la influencia de la alimentación en la salud mental y el estado de ánimo corroboran que la falta de conducta alimentaria conduce a un aumento de peso, a un deficiente funcionamiento del aparato digestivo, a la depresión y a un estado anímico caracterizado por permanente irritabilidad, agresividad e infelicidad.

El endocrinólogo Frederik Nyström, de la Universidad de Linköping, realilzó en 2010 un experimento bajo condiciones controladas,  con 18 voluntarios, dispuesto a probar esta hipótesis.

Se sometió a los sujetos durante un mes, a una dieta de comida rápida en grandes cantidades, con casi el doble de las calorías que consumían habitualmente, y además deberían evitar realizar mucho movimiento o esfuerzos físicos.

Una vez realizada esta experiencia, se pudo observar que la mayoría no aumentó de peso según lo esperado pero si estaban casi todos de pésimo estado de ánimo y cuanto más comían peor se sentían.

Según constató el equipo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, las grasas trans de las papas fritas y las alitas de pollo no sólo perjudica al cuerpo, también desencadena estados depresivos.  En cambio, una dieta rica en grasas saludables, por ejemplo del aceite de oliva y del pescado, parecían provocar el efecto contrario.

También se hizo un estudio controlado en el que participaron doscientos reclusos de un centro de detención en los Países Bajos.   A un grupo se les suministró un complejo vitamínico rico en minerales y ácidos grasos omega tres mientras que otro grupo sólo recibió un placebo. Se constató que aunque ni ellos ni los celadores sabían qué tipo de cápsulas había ingerido cada uno, los actos violentos y los disturbios que ocasionaban disminuyeron en forma drástica.

Otro estudio realizado en la Universidad de Oxford con delincuentes de una  prisión juvenil escocesa mostró un resultado similar.

En los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos también se comprobó que los alcohólicos violentos se mostraron menos agresivos luego de haber sido sometidos a una dieta con complementos alimenticios.

Por lo tanto, existen fundamentos como para afirmar que los ácidos grasos insaturados producen un efecto positivo sobre el estado de ánimo beneficiando a las personas con depresión o con trastorno máníaco depresivo (bipolares), e incluso mejoran los síntomas en el trastorno límite de personalidad (TLP), tal como lo asegura Mary Zanarini, de la Escuela Médica de Harvard, después de un estudio realizado con diez mujeres con TLP que recibieron suplemento alimenticio de ácidos grasos insaturados.

En los últimos cien años ha aumentado espectacularmente el consumo de grasas trans en el mundo occicental mientras que el de ácidos grasos omega tres ha disminuido.   Este fenómeno podría explicar el aumento de enfermedades depresivas en los países altamente desarrollados.

Los ácidos grasos omega tres resultan imprescindibles para el normal funcionamiento del cerebro y aunque son vitales para el organismo,  el cuerpo no puede sintetizarlos por sí mismo, por lo que es necesario incluirlos en la alimentación, por ejemplo,  mediante un incremento del consumo de pescado (como mínimo dos veces por semana),  semillas de lino o nueces.

Los ácidos grasos omega tres también reducen el riesgo de sufrir hipertensión, infarto de corazón, arritmias y enfermedades reumáticas.

Malena
Fuente: “Mente y Cerebro, No.61/2013; “Alimento para la psique” 

Cómo saber si tengo depresión



La depresión es la enfermedad grave más difundida en todo el mundo. 

La gran paradoja es que cuanto más los seres humanos mejoran su calidad de vida más vacíos se sienten y menos sentido le ven a la vida.

La depresión se puede manifestar a través de distintos síntomas.  Los más característicos son, decaimiento físico y mental, estado de ánimo triste, malhumor,  falta de atención y de memoria, pesimismo, desinterés, bloqueo emocional, bajo rendimiento laboral e intelectual, ideas de suicidio, pérdida del sentido de la vida, desesperanza, baja autoestima, sentimiento de culpa, aislamiento, y estrés.  Si alrededor de cinco de estos síntomas se mantienen en el tiempo significa que se puede estar padeciendo de depresión.

La tristeza se distingue de la depresión porque es un estado transitorio que tiene un motivo que la justifique.  Puede ser una pérdida grave, el cambio de una etapa de la vida, un desengaño amoroso, una desilusión, etc.

La depresión puede ser cíclica y aparecer después de un período de gran euforia, alternándose en forma crónica estos estados de ánimo opuestos en lapsos más o menos largos de tiempo.

Las personas con características de personalidad depresiva suelen padecer de depresión en algún momento de su vida por lo que si reconocen sus síntomas es recomendable consultar con un especialista en psiquiatría.

La personalidad depresiva se caracteriza por una gran sensibilidad frente a la frustración,  tendencia derrotista,  negativismo, inseguridad, falta de iniciativa y por una visión de la realidad pesimista.

Estas personas son muy susceptibles a la crítica y tienen dificultades para relacionarse socialmente, condiciones que hacen que se potencie el riesgo de caer en una depresión.

Las personas depresivas tienen toda su energía centrada en sí mismas y no pueden trasladar algo de esa energía a ningún interés externo.  Por eso, una de las formas de recuperarse es comenzar a establecer alguna forma de conexión con el medio que le permita desarrollar sus capacidades específicas e intentar relacionarse de modo satisfactorio.

Existen tratamientos efectivos contra la depresión, como la terapia con psicofármacos que suele dar resultados espectaculares y la psicoterapia.

La psicoterapia es más efectiva cuando se combina con el tratamiento con psicofármacos.

El secreto de esta enfermedad para recuperar la salud es abrirse al mundo, poner energía en las cosas, salirse de sí mismo y conectarse con los demás, atreviéndose a vivir las experiencias que necesita para tener una vida más plena con optimismo y esperanza.

Malena

Fuente: “Escuchando al Prozac”; Peter Kramer.

Autoestima



Básicamente, la autoestima es la capacidad de sentirse satisfecho consigo mismo, es tener la sensación subjetiva del propio merecimiento, de estar consciente de las propias habilidades y competencias y del lugar que se ocupa en el mundo, es estar conforme con la trayectoria recorrida, con las cualidades que se tienen y con la forma personal de tomar decisiones;  y es sentirse orgulloso del respeto que se recibe de los demás.

El experto en autoestima Ramón Gaja Jaumeandreu, psicólogo, fundador y director del Instituto Superior de Estudios Psicológicos de Barcelona, en su libro “Bienestar, autoestima y felicidad” explica los seis pilares básicos que sostienen la autoestima.

1) La autosatisfacción, o sea tener conciencia de los logros y de la propia capacidad para enfrentar los desafíos a lo largo de la vida, que implica estar conforme con el propio desempeño y con las actitudes.

Este autor coincide en sostener,  que los pensamientos negativos producen emociones negativas y propone que la mejor manera para mejorar ese estado emocional,  es mantenerse activo todo el tiempo posible  para evitar pensar, planificando actividades que resulten gratificantes, las que luego tienden a volver a repetirse.

2) La competencia, que significa la capacidad de reconocer el resultado de nuestras acciones y valorarlas, ya que no es el fracaso en sí el que nos derrota sino la baja autoestima que hace que no se pueda enfrentar la frustración llevando a un individuo a desconfiar de sí mismo y a evitar los retos.

3) El merecimiento,  que es el juicio de valor que hace una persona de sí mismo en base a su competencia, es algo positivo tanto para sí mismo como para los demás que da como resultado la auto aceptación y la aceptación de los otros.

4) El respeto, tanto por uno mismo como por los demás y el cuidado de las relaciones interpersonales que aumentan la tolerancia a la crítica y a la frustración.

5) El relativismo, porque nada es absoluto y  existe la flexibilidad como para reconocer que nadie ni nada es perfecto y porque no se deben minimizar los logros anteponiendo los fracasos.

6) El éxito, considerado como un estímulo para proponerse metas y cumplirlas, levantan la autoestima, pero no necesariamente grandes éxitos a largo plazo sino la satisfacción que brindan los logros más pequeños que pueden hacerse posibles a corto plazo.

La esperanza es lo que nos mantiene vivos y en movimiento.  El que no tiene ningún proyecto sólo vegeta como una planta, pero como humano sólo sobrevive como un náufrago a merced de las olas.

Malena

Fuente: “Bienestar, autoestima y felicidad; Ramón Gaja Jaumeandreu.

La Motivación y la Autoestima



En las grandes ciudades cada vez son más los que toman antidepresivos, y no son pocos en el mundo los que se suicidan.  Los motivos pueden ser muchos y apenas atendibles,  pero para la gran mayoría, los problemas más comunes que no pueden resolver son: la soledad si son dependientes,  no poder parecerse a los demás, no tener lo que tienen otros, no ocupar posiciones en la sociedad que desean,  o sea, que no pueden aceptarse tal cual son y no son capaces de hacer algo desde sus límites.

Todos tenemos limitaciones para alcanzar nuestros objetivos, algunos más que otros, sin embargo, la gran diferencia es que los que logran destacarse del resto en alguna actividad o trabajo conocen bien sus habilidades y se dedican de lleno a desarrollar todo su potencial sin pretender hacer otra cosa.

Cualquier etapa de la vida puede ser el momento de aventurarse a ser quien uno es, porque la esperanza es lo último que se pierde y lo importante es tener siempre un proyecto e intentar cumplirlo.

Nick Vujicic, nacido en 1982, en Melbourne, Australia, brinda el testimonio conmovedor de su vida, como ejemplo de que el espíritu del hombre puede superar cualquier discapacidad física, aún la más severa,  y trascenderla con creces.

Nació sin brazos y sin piernas, con solamente dos pies deformes con los cuales aprendió a trasladarse solo sin ayuda.

Sus padres hicieron lo posible para que aprendiera a ser independiente y a darle sentido a su existencia, para que a su vez él mismo pudiera ayudar a otras personas con discapacidades físicas.

La fuerza del espíritu hizo que Nick se convirtiera en un exitoso orador motivacional, en un predicador cristiano, y en el director de la organización para personas con discapacidades físicas “Life without limits”.

Como destacado conferencista recorrió todo el mundo llevando el mensaje desde su experiencia de vida, para motivar a los demás a superarse y a valorarse desde el enfoque cristiano. 

También escribió dos libros y es protagonista del film de corto metraje titulado “El circo de las mariposas”.

Sin brazos y sin piernas Nick puede nadar, desplazarse con agilidad, atender sus necesidades básicas sin ayuda, bajar y subir escaleras, manejar lancha con motor, hacer surf, esquiar, usar la patineta y hacer una gran cantidad de cosas, hasta las más increíbles, que muchos no logran hacer con sus extremidades normales.

Su vida se convirtió en un desafío permanente, el desafío de ser la mejor versión de él mismo,  desde sus limitaciones.

Aprendamos de Nick a valorar todo lo que somos y todo lo que tenemos y seamos capaces de reflejar al mundo nuestro verdadero ser esencial quitándonos la máscara de quien supuestamente tenemos que ser para ser aceptados.

La depresión surge cuando una persona pierde el sentido de su vida, cuando cree que no tiene ningún valor por ser quien es, cuando no acepta su condición ni su físico y cuando se siente culpable por todo eso.

Somos todos diferentes y no nos podemos comparar con otro, solamente nos podemos comparar con nuestro propio potencial que si lo conocemos es el que nos guía a realizar su más completo desarrollo.

Malena

El Suicidio


Alrededor de novecientas mil personas se suicidan por año en todo el mundo, haciendo que el suicidio sea una de las tres primeras causas de fallecimientos entre personas entre 15 y 44 años.

El suicidio se relaciona principalmente con la depresión, sin embargo, algunos de los síntomas de esta enfermedad, suelen ser minimizados tanto por familiares como por los médicos.

Se sabe que la depresión es una de las enfermedades psiquiátricas más difundidas en el mundo en esta época y que el mayor peligro que representa para el paciente es el suicidio, sin embargo, los síntomas pueden no ser detectados a tiempo.

Estimaciones recientes muestran que un 90% de las personas que se suicidaron padecían de depresión.

Los factores de riesgo más importantes pueden ser genéticos, psiquiátricos, fisiológicos, familiares, sociales y culturales.

También las distintas circunstancias de la vida que resultan difíciles aceptar, como la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, la soledad, los cambios evolutivos, enfermedades físicas graves, quebrantos económicos, problemas de pareja, deudas, etc., contribuyen a acentuar el riesgo de cometer suicidio.

La mayoría de los suicidios suceden en poblaciones con niveles de ingresos bajos o medios.

Casi la mitad de los casos registrados en el mundo se producen en China e India, representando en esos países la segunda causa de mortalidad entre jóvenes de 15 a 29 años según datos suministrados por la OMS (Organización Mundial de la Salud).

Los medios de comunicación, como Internet, favorecen el efecto contagio de los suicidios, según revela un estudio realizado en el Centro para la Investigación del Suicidio de la Universidad de Oxford, publicado en 2012 en la revista “The Lancet”.

La probabilidad de que se produzca un suicidio aumenta considerablemente si la persona padece de un trastorno psíquico, principalmente depresión, alcoholismo o esquizofrenia.

Los trastornos del estado de ánimo, la inestabilidad emocional o las oscilaciones afectivas aumentan veinte veces el riesgo de cometer suicidio, con una mayor incidencia de suicidios entre las mujeres sin hijos; siendo las personas más vulnerables las que además de ser depresivas tienen una adicción.

En los varones alcohólicos el riesgo de suicidio aumenta seis veces con respecto al resto de la población y en cuanto a los que sufren una patología como la esquizofrenia el peligro de suicidio se da con mayor frecuencia en los pacientes jóvenes, que no conocen la enfermedad y creen no tener cura.

Cuando una persona a intentado suicidarse existe alta probabilidad de que lo vuelva a intentar.

Resumiendo, para que una persona decida suicidarse deben darse por lo menos dos factores que son determinantes, el factor orgánico y una situación de la vida que no puede superar.

El desánimo de una persona antes de quitarse la vida es de desesperación absoluta e irreversible.

Los familiares deben tener en cuenta los dichos de la persona en riesgo que pueden revelar su intención de suicidarse con mensajes indirectos o consumiendo hipnóticos o tranquilizantes.

La falta de motivación y de proyecto producen la pérdida del sentido de la vida, por lo que resulta más factible detectar la posibilidad del suicidio en personas que están atravesando esa situación vital.

Estas personas en riesgo necesitan apoyo permanente pero en la mayoría de los casos terminan aislándose totalmente.

Un diagnóstico precoz y un adecuado tratamiento psiquiátrico pueden reducir drásticamente los casos de suicidio en todo el mundo.

Malena
Fuente:”Mente y Cerebro”; “Suicidio”; Bárbara Schneider, psiquiatra, psicoterapeuta y docente de la Universidad Goethe en Fráncfort del Meno.

¿Depresión o tristeza normal?


La tristeza es un estado emocional natural producido por una circunstancia de la vida, como una pérdida, un duelo, una frustración, una ausencia o por cualquier otra razón, y ésta será más o menos profunda según el modo de vivir las experiencias que tenga cada uno.

La tristeza se convierte en depresión cuando se prolonga más de lo normal en el tiempo y la persona no puede retomar su modo de vida habitual, lo que puede producir insomnio o exceso de sueño, deterioro de las relaciones y del rendimiento laboral, aislamiento, abandono de los hábitos higiénicos, pérdida de la memoria, ideas de suicidio o adicciones a los medicamentos, para dormir, para despertarse, etc.

Los seres humanos estamos diseñados para poder superar cualquier situación, por más difícil que sea, sin embargo, a veces, algunas personas pueden sufrir depresión después de un acontecimiento desfavorable, casi siempre debido a cierta predisposición que puede ser orgánica, o bien debido a una circunstancia adversa anterior que no ha sido elaborada del todo, permaneciendo latente en la psiquis y activándose ante cualquier otra experiencia negativa.

Todos estamos expuestos al dolor y si nos negamos a enfrentar el dolor tampoco podremos sentir alegría en su momento y viviremos como adormecidos de sentimientos.

Tenemos derecho a sentir tristeza y dolor cuando nos ocurren hechos tristes y a mejorarnos una vez superado el impacto emocional que provocan y si evitamos sentirnos afectados, será más difícil superar cualquier trance doloroso.

Existen distintos tipos de depresión según la clasificación de la medicina tradicional, que distingue diferentes formas de manifestación, como Distimia, Depresión reactiva, Trastorno Maníaco Depresivo o Bipolaridad, y otros.

Todos estos trastornos tienen en común un estado de tristeza profundo que no cambia y que afecta todos los niveles de la personalidad y de la vida de una persona.

El tratamiento ideal para estas personas es combinar los recursos de la medicina tradicional, con la administraciónlos psicofármacos, que pueden ser antidepresivos y a veces también ansiolíticos; con buenos resultados después de algunas semanas de suministrados, y además apoyo psicoterapéutico,

Los psicofármacos actúan sobre los síntomas, reforzando la capacidad de tolerancia y mejorando el estado de ánimo, pero pueden afectar otras áreas de la personalidad, como la concentración, el rendimiento laboral, la sexualidad, etc; y la psicoterapia profundiza sobre las causas y las características de la personalidad del paciente intentando reforzar los mecanismos de defensa necesarios para aceptar las circunstancias y ayudar a ampliar la perspectiva.

En la actualidad, algunas personas no están dispuestas a soportar una reacción de tristeza normal frente a una circunstancia que la justifique y suelen recurrir a los facultativos para que les recete algún medicamento para no sufrir, pero anular esta forma de reaccionar del cuerpo y de la mente no significa erradicarla definitivamente del sistema sino postergarla, lo que significa una amenaza en el futuro y una dependencia a las drogas para evitarla.

Es importante que un psiquiatra conozca bien al paciente y comprenda qué es lo que le pasa, su circunstancia vital, para poder hacer un buen diagnóstico diferencial, para poder reconocer con exactitud cuál es el trastorno anímico que aqueja a su paciente, si se trata de ser una tristeza normal o de una patología.

Malena

Recursos útiles para la depresión




En esta época, la depresión es una de las afecciones más difundidas en el mundo.

Aunque las condiciones de vida de la gente hayan mejorado en el planeta, existen en muchas personas un estado de ansiedad y de insatisfacción interna del que no se pueden liberar, cuya causa no siempre se puede atribuir a las condiciones desfavorables del ambiente, ya que la mayor incidencia de esta enfermedad se produce en quienes suelen tener todas sus necesidades materiales satisfechas.

La vida en las grandes ciudades obliga a vivir rodeados de personas anónimas e inaccesibles; son miles los que como sombras pululan por todas partes pero sin la posibilidad de establecer contacto.

El fantasma de la soledad y el aislamiento nos acosa a todos y muchos están destinados a pasar la mayor parte de su tiempo en instituciones  o en sus hogares, sin la compañía de familiares directos ni amigos, ya sea porque no los tienen o porque están todos trabajando.

Los que más sufren este síndrome son los ancianos, que en esta etapa de la vida son los que disfrutan más de la compañía y de la seguridad y contención que les brinda la familia.

Fuera del ámbito de la medicina, el único camino que se ha perdido  que hay que recuperar,  es la conexión con uno mismo.

El autoconocimiento es lo que puede devolver a las personas el gusto por la vida y permitirles comprender las condiciones de su existencia.

El autoconocimiento nos hace dar cuenta de que nos hemos convencido de que toda fuente de gratificación es externa; sin embargo, existe una forma de satisfacción interna que es más genuina y duradera, que sólo se puede conocer cuando se toma conciencia  de lo efímeras que resultan las distracciones, escapes, entretenimientos y actividades externas.

Cada vez que se disfruta de un placer externo, éste dura poco y luego se torna de poco interés, restableciéndose en el interior el estado de necesidad que prevalecía anteriormente.

Esta realidad que experimenta todo ser humano, lo aleja de la paz interior y lo obliga a una permanente búsqueda de satisfacciones.

A medida que se va experimentando este conocimiento esencial, se comienza a producir una apertura mental que hace que una persona disfrute de la misma forma de cualquier experiencia, sea cual sea, sin importar los distintos valores que le adjudicaba anteriormente. 

Esto es posible porque la plenitud interna no depende de lo que está ocurriendo afuera sino de la forma en que se perciben internamente las cosas.

La mente, está llena de pensamientos, de imágenes, de situaciones, de encuentros que la cargan de expectativas.

Si vaciamos la mente de esos contenidos y renunciamos a todas nuestras expectativas, cada momento será algo nuevo, una sorpresa inesperada y única.

Levántense cada día sin pensar en nada y al agradecer todo lo que tienen y lo que son,  tendrán las fuerzas suficientes como para comenzar el día con optimismo y para poder percibir el presente como una oportunidad, la oportunidad de estar vivos.

Todos podemos hacer una meditación que a la vez sea sanadora, mediante la imposición de manos,  para sentirnos mejor y comenzar a creer en nuestro poder interno.

En posición de sentado, llevar las palmas de ambas manos sobre la cabeza durante tres minutos; luego colocarlas sobre los ojos, la misma cantidad de tiempo; después a ambos lados de la cabeza y luego continuar la aplicación de ambas manos sobre la garganta;  sobre el pecho; sobre el abdomen antes del ombligo, y finalmente debajo del ombligo.

Cada una de estas posiciones debe tener una duración de tres minutos.  Pueden hacerlo todos los días durante 21 días  y podrán comprobar que mejorará su estado de ánimo.

Basta de resistirse y luchar para que las cosas sean como desean y no como son, abandonen el control y entréguense a lo que es,  que sin duda será mucho mejor que lo que ustedes quieren. 

La Depresión y el Cambio




Los cambios en la vida pueden producir una depresión, pero algunas veces pueden curarla, porque nunca es tarde para cambiar.

Ruth tenía 65 años y vivía sola. Tenía una hija que vivía en Israel con su esposo e hijos, y a pesar de insistirle a su madre que se fuera a vivir con ellos, jamás estuvo dispuesta a hacerle caso.

Ruth trabajaba en un estudio jurídico unas horas y además estaba jubilada.

Reunía con esos dos ingresos el dinero justo para sobrevivir, porque además tenía que pagar el alquiler de un pequeño departamento.

Vino a la consulta porque no podía dormir de noche y a la mañana tampoco podía levantarse para ir a trabajar. Le costaba vestirse y arreglarse, apenas comía y no tenía ganas de vivir.

Esa mañana había recibido una carta de su hija que le volvía a reiterar su deseo de que viajara a Israel y donde le mandaba el pasaje, aunque sea para visitarlas.

En Israel existía en ese momento un programa de ayuda a personas mayores que querían radicarse en ese país, que incluía la asignación de una vivienda independiente,  más una pensión por edad avanzada mucho más alta de la que estaba percibiendo ahora.

A Ruth le costaba tomar la decisión, tener que iniciar una nueva vida en un país diferente, habituarse a otras costumbres, a otro idioma y a otra cultura.

Con el apoyo psicoterapéutico, pudo tomar la decisión y finalmente viajó para radicarse en ese país.

Unos meses después recibí una carta en la que me contaba sus peripecias, estaba de muy buen humor y ya no se acordaba que alguna vez había estado deprimida.

Había pasado un tiempo en un lugar de tránsito hasta que el gobierno le asignara un domicilio definitivo.

En esa circunstancia conoció a un exiliado ruso, un hombre más joven que estaba esperando la visa para viajar a Estados Unidos y vivió una aventura romántica que jamás olvidaría, porque se enamoró como una colegiala.

Ruth nunca se había enamorado. Había tenido dos maridos que habían sido dos fracasos, de los cuales se había separado al poco tiempo y se podía afirmar que no había conocido el amor.

Crió a su hija sola, decidiendo dedicarse a ella y a su trabajo y olvidarse de los hombres, dando por terminada su vida afectiva.

Sin embargo, un encuentro amoroso en un país desconocido, donde se puede llegar a vivir las experiencias de una manera diferente y liberarse de todas las inhibiciones,  hizo desaparecer su depresión como por encanto y la hizo sentir más joven y feliz, aún sabiendo que él estaba de paso esperando la visa para radicarse en los Estados Unidos.

Vivió los meses más felices de su vida, disfrutando cada día como si fuera el último, hasta que se despidieron para siempre.

Sin embargo no se deprimió, por primera vez sentía que estaba viva, que no importaba los años que tuviera, que podía creer que siempre habría alguien que la vería diferente, que la muerte estaba lejos, muy lejos porque ahora le apostaba a la vida.

Le asignaron su nueva vivienda que colmó todas sus expectativas. No podía pedir más, estaba cerca de su hija y sus nietos, tenía su propia casa, estaba percibiendo la pensión que le correspondía, mucho más alta de la que cobraba de este país y además podía atreverse a soñar.  Porque se dio cuenta que nunca es tarde para ser feliz,  para ser amada y deseada y para cumplir los sueños, porque lo imposible se puede hacer realidad siempre cuando nos abrimos al cambio y no nos negamos a enfrentarlo para seguir viviendo.

La Depresión, una futura pandemia

Dentro de veinte años, la depresión será la enfermedad más difundida y superará a los trastornos cardíacos y el cáncer.

Este pronóstico pertenece a la Organización Mundial de la Salud, que advierte a todos los países sobre la necesidad de incrementar sus presupuestos para atender este problema que afecta el estado de ánimo, las relaciones interpersonales, la actividad laboral y el normal funcionamiento de la vida de una persona.

Aunque se trata de una enfermedad que puede llegar a ser muy grave, existen tratamientos eficaces tanto a nivel farmacológico como psicológico.

Aunque no se puedan registrar evidencias físicas de esta enfermedad que permita un diagnóstico por medio de un estudio clínico, existen numerosos síntomas asociados que hay que conocer para poder proceder a enfrentar este problema con los recursos más adecuados.

Se puede decir que alguien padece de depresión cuando presenta algunos de los siguientes síntomas:

Tristeza sin motivo aparente

Insomnio

Pérdida de interés en sus tareas habituales

Irritabilidad

Cansancio injustificado

Sentimientos de culpa

Falta de apetito

Falta de esperanza

Dificultades de atención y concentración

Ideas de suicidio

Fobias

Adicciones

De este estado no se puede salir sin ayuda, de modo que es importante realizar la consulta al médico de cabecera que será el que estimará la conveniencia de hacer la derivación al psiquiatra.

Para tratar esta afección, el tratamiento combinado es el ideal, o sea que el paciente deberá ser atendido por un profesional psiquiatra que será el que controlará la medicación, si fuera necesaria, y un psicoterapeuta, que realizará el apoyo psicológico.

Esta enfermedad puede ser endógena, denominada comúnmente bipolar, o puede ser reactiva, desarrollada a partir de un suceso traumático.

La afección bipolar puede ser controlada generalmente con la utilización de psicofármacos y psicoterapia, los síntomas son de mayor intensidad y puede ser recurrente, casi siempre ante situaciones de la vida difíciles de aceptar.

La depresión reactiva es la que se manifiesta a raíz de una pérdida severa o en etapas críticas del desarrollo, siendo sus síntomas más leves.

Victor Frankl, (1905-1997), médico neurólogo y psiquiatra vienés, desarrolló una teoría que denominó Logoterapia, mientras se encontraba prisionero en un campo de concentración nazi.

Perdió a toda su familia y él se salvó del exterminio porque era médico.
Se dio cuenta que los que morían en cautiverio, eran los que perdían la esperanza.

En esas condiciones infrahumanas, él pudo sobrevivir porque su teoría se transformó en su proyecto y en su razón para vivir.

Cuando la vida pierde significado y no se tiene nada por qué vivir, el ser humano se deprime y muere.
Su sistema terapéutico se adapta a las personas que sufren depresión y se basa en el principio de la búsqueda de significado.

Sólo se puede sobrellevar la adversidad, por más terrible que sea, cuando el hombre aún tiene esperanzas y algo por que vivir.

En un mundo donde las necesidades del hombre ya están satisfechas, es necesario elevar la percepción y salir del simple propósito de obtener más cosas materiales para ingresar a un nivel más alto y satisfacer las necesidades del alma.

La espiritualidad no se reduce a la religiosidad, sino que es todo aquello en la vida que logra trascender lo concreto, como el conocimiento de los los rodean, hacer el bien, amar y dar.

La Felicidad y la Plenitud



"El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace". León Tolstoi.

Hay momentos en que podemos sentirnos plenos y felices, como cuando hacemos lo que nos gusta y lo disfrutamos hasta el punto de perder la noción del tiempo; satisfachos de nosotros mismos, o cuando nos relacionamos con alguien con quien podemos hablar de intereses mutuos, que sabe escuchar, con quien podemos compartir emociones, pensamientos y afinidades y con quien nos sentimos cómodos, o cuando somos capaces de apreciar la belleza.

Podemos decir que en esos momentos somos plenamente felices, porque la plenitud de la felicidad es una sensación en la garganta que nos impide a veces hablar y que solo se puede sentir, como si quisiéramos salirnos de nosotros mismos porque no nos basta el cuerpo para experimentarla.

El hombre en conflicto está condicionado al sufrimiento y toda conquista material le genera culpa en lugar de hacerlo feliz. Puede sentir el placer efímero del éxito que no es duradero ni genuino porque siempre viene acompañado del temor a la pérdida.

Vivir en estado de plenitud exige un cambio de actitud, un abandono, un estado de entrega, una renuncia a la esclavitud de nosotros mismos, a las frases hechas, a lo conocido y trillado, porque son nuestras propias estructuras de pensamientos las que nos esclavizan.

El estado de plenitud y felicidad borra los esquemas rígidos, la ansiedad y el estrés.

La felicidad es un estado emocional, sin embargo se registra en el intelecto que se aclara y adquiere mayor lucidez y creatividad.

El intelecto está siempre distraído pensando en las cosas y no puede centrarse en si mismo, para ver lo que es real, y esta condición le impide florecer libre de condicionamientos.

Conocer lo real y cuales son las distracciones que nos apartan de nosotros mismos es imprescindible para sentirse plenos.

Saber quien es uno, permite no apartarse del camino y de la oportunidad de alcanzar la plenitud de ser el que uno es y lograr por fin tener relaciones verdaderas.

Los problemas que se presentan son las señales que nos indican que estamos perdiendo la ruta y representa la oportunidad para recuperarla.

Distinguir entre el placer aparente y la felicidad genuina y decidirse a no ir detrás de la mayoría, haciendo lo que los otros hacen, copiando modelos, sumándose al rebaño, es lo que nos llevará a experimentar la plenitud.

La competencia es falta de creatividad y solo baja nuestra autoestima y nos llena de angustia, porque no existe la competencia cuando algo es genuino.

Estar centrado en uno mismo permite crear vínculos verdaderos, establecer relaciones firmes basadas en el afecto y la comprensión y no en intereses.

La felicidad es un estado de ánimo que es posible cuando se es capaz de ser el que uno es y se confía en uno mismo.

Decidir ser felices y plenos es una forma de pensar, una filosofía de vida, un compromiso y la mejor manera de estar bien con los demás.

El mayor obstáculo para lograrlo somos nosotros mismos con nuestros pensamientos rígidos.

El cambio debe ser interno no externo para ser feliz, porque todo lo externo nos esclaviza y la verdadera felicidad viene de adentro.

El afuera nos puede dar placeres pero la felicidad no puede depender de otras personas ni de las cosas.





La Depresión, Flagelo de la Vida Moderna




La depresión es un trastorno que avanza como el tiempo, porque cada día hay más gente que consulta por este motivo, presentando síntomas como fobias, irritabilidad, desazón, insomnio, angustia o ansiedad, y que deben ser medicados con psicofármacos principalmente por el hecho de que en esta afección existe el peligro del suicidio.

La Organización Mundial de la Salud advierte que dentro de veinte años los casos de depresión superarán a los de cáncer y a los problemas cardiovasculares.

Frente a este panorama, mucho no se está haciendo en el mundo, pero afortunadamente se trata de una enfermedad que con el debido tratamiento se puede superar.

Es importante por lo tanto atender las señales que se presentan, que pueden anunciar un estado depresivo con antelación, como el hecho de no poder dormir o de dormir demasiado, tener desinterés, abulia, sentirse abatido, con falta de concentración y sin proyectos, con ideas persecutorias, o sentimientos de culpa.




Los cambios evolutivos son oportunidades en que se pueden producir estados depresivos, por ejemplo durante la menopausia, cuando además de la elaboración de la pérdida de la capacidad reproductiva hay que agregar los cambios hormonales que predisponen a sufrir alteraciones del estado de ánimo.

En la adolescencia se presentan casos de adicciones que también se relacionan con estados depresivos. Es un período de la vida que obliga a adaptarse a un nuevo esquema corporal y a relacionarse de una manera diferente, circunstancias que hacen sentir vulnerables a los jóvenes y los lleva a buscar refugio en el alcohol o las drogas si no son debidamente comprendidos.

Las complicaciones de la vida moderna, con exigencias cada vez mayores provocan en la gran mayoría un estado de tensión que cuando se hace crónico altera el normal funcionamiento del cuerpo y de la psique, principalmente cuando el balance entre lo que se tiene y se desea produce conflictos y frustración.

Salir de la depresión exige un replanteo existencial y una reestructuración de la personalidad a partir de nuevos parámetros y nuevos valores relativos, teniendo en cuenta los nuevos recursos.

Lo más importante es lograr volver a conectarse con nuevos proyectos, empezando con el cumplimiento de pequeñas metas y es conveniente rodearse de gente positiva, que esté comprometida con la vida, porque el entusiasmo se contagia.

La intención es el primer gran paso adelante para emprender nuevos desafíos, porque todo es posible.

La meditación es un instrumento de gran ayuda que despeja la mente y nos ayuda a conectarse con nuestras verdaderas potencialidades; y la visualización nos permite concentrarnos en los objetivos.


También es importante aprender a aceptar ayuda de los demás y no aislarse.

La imagen no es todo, pero puede ayudar mejorar la presencia, mantenerse pulcro y prolijo, rodeado de un ambiente acogedor, ordenado y agradable que reflejará en buena medida un mejor estado de ánimo; y por supuesto es indispensable estar dispuesto a realizar un tratamiento psicológico de apoyo.

El Miedo a Vivir




El optimismo es un estado de ánimo que nos permite avanzar en la vida con la confianza suficiente como para no decaer frente a los obstáculos.

Creer en uno mismo y en el orden natural favorece nuestro desarrollo y crecimiento, nos quita los fantasmas del miedo y nos permite relacionarnos mejor.

Nuestra forma de pensar es la base de nuestro comportamiento, y si pensamos que no tenemos fuerza, que estamos agotados, que no podemos con todo lo que nos pasa, seguramente nos dejaremos vencer por los hechos, que de algún modo nosotros siempre provocamos.

Somos los artífices de nuestra vida y aunque no podamos hacer mucho por los demás, que también son dueños de sus destinos, tenemos la responsabilidad de nuestra vida, de hacer lo que tenemos la capacidad de hacer en este mundo para intentar dejarlo mejor de lo que estaba, antes que nos vayamos.

No necesitamos que nadie nos aliente ni nos apoye, porque estamos diseñados para hacer lo nuestro sin ayuda , porque los demás también tienen bastante que hacer con ellos mismos.

Somos lo que vamos haciendo de nosotros mismos, no lo que dicen los demás, ni las etiquetas que llevamos puestas desde chicos.

No tenemos límites ni fronteras, porque los límites siempre los ponemos nosotros y las fronteras también son imaginarias.

¿Por qué no aprovechar esta oportunidad que nos da la vida, sin importar lo que pase después cuando nos hayamos ido?

¿Acaso no es mejor haber intentado por lo menos hacer algo que quedarse quieto quejándose, cuestionándose, haciéndole la vida imposible a los demás, tratando de descifrar el misterio de la existencia o esperando que alguien nos de una mano para atrevernos a seguir adelante?

Todos nuestros proyectos nos están esperando impacientes, mientras nos quedamos mirando nuestro propio ombligo y nos convencemos que no vale la pena.

Arrancar es fácil, requiere romper la inercia y cambiar de rumbo, porque si nos quedamos varados en la banquina de nuestro pensamiento negativo, estamos obstaculizando el paso de los demás y no llegamos a ningún lado.

Nuestra actitud ayuda a los demás, porque no somos seres aislados y la buena onda se expande como reguero de pólvora.

Evitemos contribuir al malestar general, seamos frescos y nuevos todos los días, libres de ataduras que nos hemos impuestos nosotros mismos y de cargas del pasado que no necesitamos.

La mente es libre y nadie puede esclavizarla salvo nosotros mismos.

Hagamos lo posible para sentirnos orgullosos, para sorprendernos de lo que somos capaces, para maravillarnos de lo que podemos conseguir, solamente con nuestra intención, poniendo atención a las cosas que deseamos, que nos convienen y que nos hacen bien.

No nos dejemos vencer por el desaliento de otros ni nos confundamos con sus propios horizontes que no son los nuestros.

Ser valiente significa aprender a entregarse a la vida sin condiciones, sin estar a la defensiva, confiado y atento para hacer lo que nos corresponde con la mejor disposición de ánimo, hasta el último aliento y sin aflojar nunca.

Hoy mismo puede nacer la persona que realmente somos. Permitámosle nacer y crecer.