Publicado por Malena el jueves 15 de marzo de 2012

Reality chino de condenados a muerte


El reality chino de condenados a muerte es un programa de televisión que se emite por un canal estatal chino con la anuencia de las autoridades, que ven en él una forma eficaz de desalentar los delitos graves.

La entrevistadora, Din Yu, ya se ha enfrentado a doscientos presos que próximamente serán ejecutados, y continúa todos los sábados, contando con más de cuarenta millones de espectadores, y con un alto rating que se incrementa cuando es más inminente la ejecución; haciendo que este programa sea todo un éxito.

Este tema vuelve a provocar la reflexión sobre los límites del exhibicionismo en televisión, al poner en evidencia, en este caso, la falta de respeto por la desesperada situación de los prisioneros condenados a muerte, con el objetivo de satisfacer la morbosa e incomprensible curiosidad de tanta gente ávida de conocer los aberrantes delitos que cometieron, los motivos que tuvieron para hacerlo y cómo se sintieron después de haberlos cometido; y deleitándose de poder ser testigos de la forma en que enfrentan los protagonistas sus últimos días de vida; además de actualizar la interminable polémica sobre la real eficacia de la pena de muerte.

Este fenómeno nos confirma una vez más que estamos viviendo la época de la reivindicación de los anti héroes, seres anónimos que ahora también se hacen famosos por acceder al patíbulo y que tienen su oportunidad frente a las cámaras, que le brindan sus minutos de fama gracias a sus crímenes.

El anti héroe es una figura que estamos acostumbrados a ver tanto en el cine como en la televisión desde hace mucho tiempo, que surge cuando el héroe pasa a ser un personaje retro, con una imagen anticuada de nobleza poco creíble, dispuesto a morir por sus ideales y completamente identificado con su misión patriótica; dejando como consecuencia la idea de que el hombre bueno no existe, que sólo existe el hombre reprimido, que es incapaz de dar rienda suelta a sus instintos, encubiertos detrás de una máscara de hipocresía.

El relativismo ha barrido con todos los valores y nos ha dejado expuestos a las circunstancias y el anti héroe tiene vía libre para actuar, sin ningún marco de referencia, solamente guiado por sus pasiones e instintos, demostrando que más vale una vida breve haciendo las mil y una que morir de viejo respetando un código ético.

Es una forma de retroceder en la evolución volviendo al sálvese quien pueda, la ley de la selva, del más fuerte, del más violento, del más sanguinario, del mafioso que se juega porque desprecia la vida y no tiene nada que perder.

De este modo, la juventud, convencida de que la realidad es lo que muestra la televisión, justifican su propia inoperancia adoptando la filosofía nihilista de que todo es corrupción, que todos son como los que se hacen famosos perdiendo su dignidad, o como los políticos que se cambian de bando según su conveniencia o como los criminales que exhiben sus miserias sin ningún propósito, para poder optar por el camino más fácil, el que no exige ningún esfuerzo, el que lleva a apropiarse de lo que ha logrado otro con su esfuerzo.

Los responsables de esos programas de televisión amarilla, no se dan cuenta que están escupiendo para arriba, porque seguramente tendrán hijos y a los hijos no se los puede engañar y llegan a ser los jueces más implacables.




Publicado por Malena el lunes 12 de marzo de 2012

La Enfermedad, un misterio para descifrar


Un enfermo es alguien que cree haber sido atacado por algo extraño a él y lucha para liberarse.

La medicina moderna tiene el mismo concepto, trata de atacar la enfermedad como si viniera de afuera, con cirugía, drogas o radiación, para destruirla, prestando atención a los síntomas y sin indagar sobre el sentido de esos síntomas.

Una enfermedad puede ser un mensaje cifrado que hay que saber interpretar.

Puede ser la forma que tiene el cuerpo de descargar el estrés acumulado durante mucho tiempo, la falta de la capacidad para cambiar de rol; la dificultad para aceptar las distintas etapas de la vida o debida a la obsesión por cumplir con las expectativas culturales.

La mayoría teme enfermarse y gran parte de los que se enferman se mueren más de miedo que de la enfermedad que los aqueja.

Un cuento sufí lo ilustra claramente.

Estando un sabio sufí sentado meditando a la vera de un camino, de pronto se sorprendió al ver pasar una sombra.

Le preguntó quién era y dónde se dirigía. La sombra le contestó que era la peste y que se dirigía al poblado a matar a mil habitantes.

A los pocos días el sabio vio pasar a un hombre que huía del poblado; y con curiosidad le preguntó dónde se dirigía. Éste le dijo que el pueblo había sido atacado por la peste y que ya habían muerto más de treinta mil personas.

Poco tiempo después vio regresar del pueblo a la peste y entonces aprovechó para reprocharle que lo había engañado, que en lugar de mil personas había matado a treinta mil.

Entonces la sombra le contestó, que ella sólo había matado a mil; y que el resto había muerto de miedo.

El miedo es el que nos impulsa a luchar contra la enfermedad en lugar de entenderla y descifrar lo que está tratando de decir.

Una enfermedad nos dice que hemos perdido la paz porque nos aferramos a cosas perdidas, o porque no aceptamos los cambios ni la frustración, o por cualquier cosa que no podemos incorporar a nuestras vidas.

Sin embargo, es posible recuperar la salud si nos damos cuenta de cuál es el conflicto que nos enferma y realizamos un drástico cambio en la vida, dejando de sufrir por los hijos que ya no están, aceptando el fracaso o las pérdidas o que la pareja nos engañan y ya no nos aman.

La enfermedad nos están diciendo que dejemos de lamentarns por lo que hemos perdido y que empecemos de nuevo; que dejemos ya de ser madres de niños pequeños cuando ya son grandes; y que aceptemos ser mujeres maduras; que es necesario liberarse de las parejas cuando nos engañan o si ya no nos aman, que tenemos que atrevernos a cambiar de valores relativos que fueron útiles en otra etapa y ser capaces de cambiar de vida.

Podemos curar nuestro cuerpo si curamos nuestra alma, siendo capaces de cambiar de roles y volviendo a nacer como seres diferentes.

Las enfermedades son útiles porque nos enseñan cosas que tenemos que aprender.

En una terapia psicológica no puede quedar nada oculto, hay que decir todo, porque si no, el paciente no se cura. Hay que ver la relación que hay entre los síntomas y el conflicto y entender que es necesario resolverlo, aceptar lo inevitable y empezar de nuevo.

Fuente: “El milagro de curarnos”; doctor Fernando Callejón.




Publicado por Malena el jueves 8 de marzo de 2012

Mi pareja no me atrae sexualmente




Algunos lectores me comentan que después de algunos pocos años de relación su pareja ya no los atrae sexualmente, en cambio en otros aspectos, continún sintiéndose muy a gusto con ellas, como grandes amigos. El problema es que tienen el conflicto de que no se animan a abandonarlas porque por otro lado disfrutan de su compañía.

Si el sexo es lo que ha unido a una pareja, también el sexo la volverá a separar. Porque no es el sexo el que lleva al amor sino que es el amor el que lleva al sexo.

Amar a alguien en particular no es solamente sentir pasión, es también sentir compasión, generosidad, ternura y deseos de cuidarlo.

Todo eso es un combo y no viene separado.

En esta época, en la que todo el mundo está fragmentado, también el amor sufre esta división, por un lado el sexo y por otro el amor romántico.

Esta separación es típica de los adolescentes que no pueden unir la atracción sexual con el amor romántico, entonces por un lado tienen una novia que respetan y por otro, otra para llevar a la cama.

Esa es una etapa de la adolescencia que se caracteriza por la disociación entre el sexo y el amor, que es normal cuando uno es aún adolescente.

En la madurez, se debe lograr poder amar y desear sexualmente a la misma persona y no continuar teniendo actitudes de adolescente, que aún está buscando su identidad y no puede vincularse en forma total con ninguna persona.

Sin embargo, como todo en la vida, las relaciones amorosas van cambiando con los años, no siempre empeoran, en el mejor de los casos, cuando se trata de amor verdadero, mejoran, se pasa a una etapa en la cual se puede disfrutar más plenamente de la pareja; pero en muchos otros casos, lamentablemente, comienza el aburrimiento, porque se trata de una relación sin fundamento, inconsistente, algo que no es genuino, falso, que sólo se basa en el sexo; y que no deja nada.

Es saludable ser honesto con uno mismo y con el otro, hablar claro antes de iniciar una relación, definir las intenciones, aclarar que no se desean compromisos a largo plazo y no ejercer el conocido : "Toco y me voy", que deja tantos desengaños, tantas desilusiones, aunque los responsables no sean dignos de merecerse absolutamente nada.