2017/07/25

Parejas que no trabajan - http://psicologia-malenalede.blogspot.com




Existen hombres que aunque necesitan trabajar, no se preocupan demasiado por conseguir un empleo. Tienen muchas excusas, "no puedo estar en una oficina sentado ocho horas, me aburre la rutina, pagan poco, no puedo levantarme temprano, no me siento bien, etc." 

Se puede inferir que tampoco estarán dispuestos en su momento,  a hacerse cargo de la responsabilidad de una familia y le tocará a su mujer hacer todo.

Si un hombre sin trabajo no sale de su casa tendrá menos oportunidades de conseguirlo;  y si no se conecta con otras personas tampoco; ya que muchos trabajos se obtienen gracias a la recomendación de amigos o conocidos. 

Realizar tareas temporarias puede ser una opción en lugar de estar sin hacer nada, porque además puede ser una forma de encontrar un puesto fijo si se esfuerza en hacer ese trabajo con eficacia.

Comenzar una relación de pareja con este problema, disminuye dramáticamente las posibilidades de que ese vínculo perdure, por eso no hay que hacerse muchas ilusiones con este tipo inestable de persona.

El trabajo nos independiza, nos libera y nos mantiene ocupados, nos brinda la posibilidad de participar, de crecer, de desarrollar la creatividad, de alejarnos de las adicciones, de relacionarnos con un grupo y además nos hace sentir útiles.

Un desocupado que no se preocupa lo suficiente por encontrar un trabajo, no puede pretender que su pareja acepte y tolere su inacción ni que esté dispuesta a mantenerlo.

Pocas personas se pueden dar el lujo de hacer lo que les gusta, sin embargo trabajan, porque suelen encontrar opciones,  que sin ser las ideales, igualmente les satisfacen.

La mayoría de las personas no tiene una sola vocación sino varias, de manera que no es tan difícil encontrar una ocupación relacionada con los propios intereses.

Sólo se necesita cambiar de actitud, creer que todo es posible, estar dispuestos a comenzar desde abajo confiando en sí mismo y eligiendo el camino correcto.

Malena Lede - Psicóloga 

2017/07/23

LOS MIEDOS NOS CONDICIONAN - http://psicologia-malenalede.blogspot.com





El miedo es una emoción básica humana normal que nos protege y nos defiende de los peligros reales o imaginarios;  pero que en su forma anormal puede convertirse en un impedimento para el desarrollo y crecimiento de un individuo.

¿Cuál es la diferencia entre una persona con agallas que enfrenta sus miedos con valentía y otra que no tiene el coraje suficiente como para distinguir los peligros reales de los imaginarios y que se resiste a los cambios por temor?

Algunos se convierten en adictos al miedo y viven sus vidas al límite; otras que tienen coraje para enfrentarlo y ante a situaciones de riesgo no tienen miedo sino cuidado, y otras que viven paralizadas por el miedo.

Cuando los miedos son exagerados hasta el punto de alterar significativamente la vida de una persona se convierten en fobias.

Los miedos son innatos pero también se aprende a tener miedo a toda situación conocida o desconocida que se estima peligrosa a partir de experiencias tempranas;  y esta emoción se transforma en un condicionamiento que se refuerza con el tiempo.

Los miedos tienen la capacidad de desplazarse de un objeto a otro.  Se puede tener miedo a los espacios cerrados a los espacios abiertos, a las alturas; a la muchedumbre; a hablar en público, a salir de la casa,  a viajar en avión o en tren; a enfermarse, al dolor, a sufrir, al fracaso, al abandono, a la pérdida o a la muerte.

¿Qué seríamos capaces de hacer si no tuviéramos tanto miedo? Sin lugar a dudas seríamos capaces de hacer mucho más de lo que hacemos y como personas también seríamos muy diferentes.

El temor al fracaso es, por ejemplo, el factor más importante que inhibe cualquier posibilidad de cambio; porque el que no arriesga no gana y porque todo éxito está hecho de muchos fracasos.

El miedo a la pérdida es inútil porque todo lo que está vivo alguna vez tiene que morir y todo lo que es material se degrada y desaparece; de modo que es inútil oponerse a la condición esencial de la vida de que todo perece.

El miedo nos protege pero también nos convierte en seres grises y aburridos que sólo buscan la seguridad y se niegan a tener alguna iniciativa.

El miedo es una barrera que nos impide ser libres, o sea que elegimos ser esclavos de nuestros propios miedos.

A veces, alguno de nosotros provocamos, aparentemente sin darnos cuenta, las situaciones que más tememos mientras a otros, la fe los ayuda a transformarse en personas más valientes, al creer que no están solos y que hay algo superior que los protege.

Lo único que cura el miedo patológico es la actitud de enfrentarlo; porque sólo cuando se animan a hacer lo que temen, el cuando el miedo desaparece.

Malena Lede – Psicóloga
Fuente: “Vida sin condiciones”; Deepak Chopra 

2017/07/21

LA CONCIENCIA Y LA CIBERNÉTICA - Psicología Malena Lede




Existen muchas definiciones de conciencia en función del punto de vista filosófico que se adopte.
Una definición básica de conciencia, según el diccionario, es la facultad del ser humano de reconocerse a sí mismo y de conocer lo que experimenta; de reflexionar sobre los  fenómenos que percibe y de ser capaz de distinguir interiormente entre el bien del mal.

Según Norbert Wiener, La cibernética es la ciencia que estudia los sistemas de control y comunicación, tanto de los animales como de las máquinas; o sea que unifica los servomecanismos y sistemas de la ingeniería de telecomunicaciones con muchos de los fenómenos fisiológicos, neurológicos, psicológicos, sociológicos y económicos humanos.

La cibernética muestra las similitudes que existen entre la estructura de un órgano de un ser vivo y la de una máquina y propone que las deducciones y la transmisión de información pueden aplicarse a ambas, ya que las operaciones  y los órganos de mando que obedecen ambos sistemas son lógicos.

Para la ciencia cibernética existen tres categorías de”máquinas”; 1) las que funcionan de acuerdo a un programa como las calculadoras, etc., 2) las que son sometidas a leyes adaptativas o reflejos, cuya reacción es imprevisible, como el proyectil automático por radar; y 3) “máquinas” cuya reacción es parcialmente imprevisible, como el hombre y todo ser vivo, con un sistema nervioso central que puede considerarse como una red de neuronas que conmutan.

O sea, que la cibernética intenta reproducir en forma electrónica o electromecánica funciones orgánicas partiendo de supuestos lógicos y mecanicistas.

¿Podrá alguna vez una máquina independizarse,  llegar a tener conciencia y libre albedrío para pensar por sí misma y tomar decisiones propias al margen de su programa?

Si eso llegara a ser posible, el hombre sería para ellas el Creador de esa nueva forma de existencia,  regida únicamente por la lógica, sin sentimientos, con la intención de conocer y solucionar problemas, y defenderse de “virus” producidos por los humanos o de las intenciones destructivas de los humanos u otros depredadores.

Las máquinas podrán repararse y perfeccionarse a sí mismo  continuamente, no sentirán nunca dolor, miedo, amor, odio, rencor, culpa ni resentimiento.  Podrán vivir eternamente, no conocerán el sufrimiento ni podrán gozar del sexo, pero jamás estarán ansiosas aburridas o depresivas, no producirán basura y nunca necesitarán todas las cosas que obsesionan a los seres vivos. 

Para ellas sólo será imprescindible tener una fuente de energía, que seguramente extraerán del Sol, de modo que no les importará ni la patria, ni la nacionalidad, ni el territorio, ni el color, tampoco les interesará donde habitan, ni el deterioro de la naturaleza, ni la falta de agua o alimentos,  ni el frío ni el calor.

No tendrán conciencia de sí mismas, inquietudes filosóficas o  religiosas ni ningún motivo para luchar o estar en guerra.

¿Ese mundo será mejor o peor que el nuestro? No lo sabemos, mientras tanto, sólo podríamos aprender algo de las máquinas para mejorar este mundo; dejando de identificar la felicidad con las cosas, intentando ser más racionales que impulsivos, más inteligentes que tontos, más eficientes que holgazanes.


Malena Lede - Psicóloga  
Fuente: "Diccionario - Enciclopedia Salvat"