2016/09/22

Cómo domino los impulsos - Psicología Malena Lede




La falta de control de los impulsos afecta gravemente la convivencia,  disminuye las oportunidades laborales y todas las relaciones.

Para vivir mejor, la templanza es el don que todos deberíamos desarrollar para lograr dominar los impulsos; porque es el descontrol el que provoca discordia.

Templanza es también lo que necesitamos cuando tenemos que enfrentar eventuales situaciones que se oponen a nuestras expectativas y nos frustran, y es la frustración la que genera violencia.

Todos estamos preparados para enfrentar experiencias difíciles, la clave es ser capaz de tomarse el tiempo suficiente para reflexionar  y no dejarse vencer por los impulsos.

La base de tener una conducta adecuada en cada situación que se presenta  es ser conscientes de lo que está pasando sólo en ese momento, sin revivir experiencias del pasado que son las que pueden perturbar la percepción de las circunstancias presentes.

La templanza es el arte de la moderación y la sobriedad;  significa controlar los deseos y subordinarlos a la razón en función al propio sistema de valores.

No se trata de ser cobarde y de renunciar a lo que se desea por temor sino de atreverse a ser lo suficientemente valiente para ganar la principal batalla que es la lucha con uno mismo. Además, la persona dominada por sus propias pasiones no es un ser libre, es esclavo de ellas.

Es necesario saber qué clase de vida se desea tener y qué estilo de vida se quiere elegir; imaginar cómo uno mismo quiere verse en el futuro, y ser capaz de comprometerse con una forma de ver el mundo que fortalezca los propios ideales y actuar en consecuencia.

La persona que se auto controla y logra desarrollar la templanza puede sentirse segura de que será respetada, su palabra será siempre bienvenida, generará confianza a su alrededor y nadie se atreverá a manipularla. Será capaz de no ceder al influjo de las necesidades creadas por la sociedad de consumo y tendrá pensamiento propio.

El primer paso para el control de impulsos es reconocer que no todos los deseos pueden ser satisfechos, darse cuenta que los sentidos engañan, que lo que parece imprescindible puede no ser necesario y que hay que aprender a ser flexible para poder cambiar de objetivo y adaptarse. 

El secreto es no vivir deseando lo que no se tiene, valorar más lo que sí se tiene, lo cotidiano, las cosas pequeñas, prestar más atención a lo que se hace y ser más agradecidos.

Malena Lede - Psicóloga 

2016/09/21

¿Quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos? (Pitágoras) - Psicología Malena Lede



Pitágoras, el más antiguo filósofo griego del siglo V antes de Cristo,  no dejó nada escrito pero se lo conoce a través de sus sucesores como un gran matemático que se atrevió a formular audaces hipótesis sobre Astronomía y Música.

A él se le atribuye haber utilizado la palabra “filosofo”, por primera vez, para aplicársela a sí mismo y poder definir con mayor precisión su oficio como observador desinteresado, de todas las cosas en general y sin detenerse en cada disciplina en particular, convencido de que la naturaleza puede ser conocida por la razón.

Ya en aquel entonces, a partir de sus agudas observaciones, podía intuir, con respecto al Cosmos, que la Tierra era redonda y que giraba alrededor de un “fuego central” (que no era el Sol); y con relación a la música, que también en la escala musical existían relaciones numéricas.

Los pitagóricos fueron los primeros en afirmar que la Tierra era un planeta entre otros y no el centro del Universo.

La filosofía, precursora de la ciencia, nace en Grecia con Pitágoras, influenciado por antiguas civilizaciones florecientes de esa época, como Babilonia y Egipto.

Pitágoras, como todos los filósofos pre socráticos, participaba de la misma concepción del orden natural, de la idea de que el hombre forma parte de la naturaleza y de que ésta se puede conocer; porque recién a partir de Sócrates, el pensamiento griego separa al hombre de la naturaleza y lo divide en cuerpo y alma, razón y espíritu.

Para Pitágoras los principios de las matemáticas son anteriores a las cosas, por lo tanto, el principio del universo no es un elemento sino el número, o sea que el Ser para la escuela pitagórica es el número.

Las relaciones numéricas son las que rigen la armonía de la naturaleza, explicable en base a construcciones matemáticas.

Por ejemplo, cada sonido musical está determinado por el número de vibraciones de las cuerdas de un instrumento.  De esta manera se relaciona algo físico como el sonido,  con una construcción del espíritu; o sea que el alma es al cuerpo como la combinación de las longitudes,  es a la cuerda.

Desde el punto de vista cosmológico, la armonía y el número también explican la relación entre los astros.

Que los números hayan sido los privilegiados en esta cosmovisión puede deberse al “misticismo”que se atribuye a la escuela pitagórica.

Es verdad que la música  representa una expresión humana en todas las culturas, incluso en las más primitivas,  independientemente de su desarrollo cultural, y que que ha ocupado un importante lugar en las prácticas litúrgicas y mágicas.

El conocimiento del pensamiento filosófico de Pitágoras nos permite confiar en que la naturaleza, de la que nosotros formamos parte y todo el Universo,  es una pluralidad ordenada y que su comportamiento, por obedecer a las matemáticas, es previsible y armonioso, como también podría serlo el orden social y la justicia si se rigiera por la razón.

El quiebre de la razón produce ausencia de discernimiento, fallas en la equidad, falta de respeto por la Ley, desorden y la pérdida de las garantías individuales. 

Malena Lede – Psicóloga
Fuente: “Pitágoras – La infancia de la filosofía” Víctor Gómez Pin 

2016/09/20

La libertad del hombre moderno - Psicología Malena Lede




Las doctrinas religiosas constituyeron durante muchos siglos una respuesta a las necesidades psicológicas de la humanidad.

Pero existe un doble aspecto de la libertad sin límites, porque junto al sentimiento de independencia de los vínculos tradicionales que genera, también hace que los individuos se sientan solos, aislados y que las dudas y la angustia los lleve a involucrarse en otras formas de sumisión y a la práctica de actividades de tipo compulsivas e irracionales.

Esta nueva forma de dependencia puede otorgarle al hombre más confianza en sí mismo y mayor capacidad de crítica, pero también puede volverlo más inseguro y atemorizado y llegar a transformarse en una carga pesada para el individuo.

Libre de los enemigos externos de la libertad, ahora  el individuo tiene que luchar consigo mismo.
Si bien es cierto que la auténtica religiosidad es la que está de acuerdo con la conciencia, lo que se ha perdido es la capacidad de tener fe en algo trascendente, más allá de la ciencia.

Por otro lado, todavía existen demasiadas interferencias para que los individuos se atrevan a pensar libremente por sí mismo, como la opinión pública, la propaganda, la necesidad imperiosa de adaptarse al entorno y el temor a ser distinto.

Todo esto nos conduce a pensar que es necesario partir de un nuevo concepto de libertad que le permita a los seres humanos realizarse plenamente y al mismo tiempo tener fe en sí mismos y en la vida.

Los avances tecnológicos y de la ciencia son innegables e inestimables para la humanidad, de modo que todo juicio crítico sobre la sociedad moderna no puede perder de vista el enorme progreso que ha significado para el desarrollo individual y social.

El individuo dejó de estar sujeto a su condición de nacimiento que determinaba su destino y ahora puede aspirar a una mejor posición personal más allá de los límites tradicionales.  Tiene la oportunidad de triunfar pero también de fracasar, porque es suyo el riesgo que tiene que asumir para demostrar sus habilidades y competir.

Este nuevo orden social exige aprender a contar con uno mismo sin muletas ocasionales, asumir la responsabilidad de las propias decisiones y también hacerle frente a la soledad más absoluta y a un inevitable sentimiento de impotencia.

La persona ha logrado poder pensar en forma individual pero quedó abandonado a sí misma, lejos del otro y de Dios; porque la libertad DE hacer lo que desea individualmente cortó todos sus vínculos.

El hombre y la mujer actual están solos, todo lo que hacen lo hacen para sí mismos; para servir a su propio interés y a su hedonismo.  Su única motivación son las ganancias materiales y el éxito personal, considerados fines en sí mismos; pero olvida que toda actividad sólo tiene significado y dignidad cuando favorece los fines de la vida, cuando somos importantes para alguien y somos capaces a la vez de hacerlo feliz..

Malena Lede – Psicóloga
Fuente: “El miedo a la libertad”; Erich Fromm