2018/06/19

NUNCA ES TARDE PARA EMPEZAR DE NUEVO - Psicóloga Malena Lede




La gente se enferma cuando no puede adaptarse a los cambios; cuando experimenta una gran frustración; cuando deja de aprender; cuando sufre una grave pérdida; cuando alguien importante en su vida lo engaña; cuando se siente aislada, cuando la vida deja de tener sentido.

Claro que también existen factores externos que nos enferman como por ejemplo la contaminación, el alcohol, las drogas, los desastres naturales, las guerras,  las enfermedades transmisibles, la pobreza o  la violencia.

En cuanto a los accidentes, Sigmund Freud decía, no sin razón,  que “todo accidente es un acto deliberado”.  O sea que estamos predispuestos a tener un accidente cuando tenemos alguna preocupación grave o cuando nos deprimimos y perdemos las esperanzas.

O sea que podríamos evitar muchas enfermedades si fuéramos capaces de adaptarnos a las circunstancias adversas que nos tocan vivir y si tenemos el coraje de empezar de nuevo.

“La edad madura es la edad de la cultura”, decía Carl Gustav Jung, es el momento ideal para dedicarse exclusivamente a uno mismo, cuando las obligaciones de la juventud han terminado y somos los únicos dueños del tiempo que nos queda.

Los estudios en psiconeuroendocrinología que es la ciencia que investiga las relaciones entre el sistema nervioso, las glándulas y la forma de vivir las experiencias han descubierto que los acontecimientos que no podemos aceptar pueden producirnos serios desequilibrios orgánicos y por lo tanto enfermarnos.

La Neurología afirma que el cerebro es plástico y sigue desarrollándose en la medida que lo utilizamos, las neuronas no mueren, como antes se creía,  siguen naciendo, y  las conexiones nerviosas se multiplican con la experiencia, permitiéndonos a cualquier edad ser creativos y tener la capacidad para hacer nuevas relaciones.

Hay que tener muy en cuenta que nunca dejamos de crecer y que  cada vez que tenemos dificultad para adaptarnos el cuerpo también la tiene; por lo tanto resulta imprescindible aceptar los cambios para seguir viviendo.

2018/06/18

COMO MEJORAR LA ATENCIÓN - Psicología Malena Lede



En esta época acelerada que nos toca vivir, no tenemos tiempo para concentrarnos ni para pensar antes de actuar; y menos todavía para escuchar a los demás.

Cuando se pierde la capacidad de escuchar, se deterioran las relaciones, se interrumpe la comunicación y se comienzan a percibir las primeras señales de depresión y aislamiento.

Prestar atención es indispensable para lograr una comunicación efectiva, para retener la información que nos llega, comprender el mundo y lo que  los demás nos quieren transmitir.

La capacidad de prestar atención se puede mejorar si aprendemos a detenernos a observar mejor todo lo que está pasando a nuestro alrededor.

Atender significa concentrarse en un objeto o en una persona,  no solamente en forma global sino también en todos sus detalles e intentar interactuar con ese objeto o con esa persona en forma activa e interesada.

Un ejercicio práctico ayuda a mejorar la atención.  Se trata de elegir un objeto cualquiera y observarlo detenidamente sin dejar de reparar en todos sus detalles y luego tratar de recordarlos.

También resulta útil escuchar atentamente las noticias por radio o televisión durante cinco minutos y luego escribir todo lo que recuerdan.

Las personas que no pueden prestar atención suelen ser hiperactivas, acostumbran a hacer varias cosas al mismo tiempo y a sentir verdadera satisfacción cumpliendo con todas las ocupaciones que tienen registradas en sus agendas.

El tiempo no les alcanza para llevar a cabo todos sus ambiciosos planes y se conducen como si estuvieran huyendo hacia adelante.

Por supuesto no pueden relajarse ni descansar ni desaprovechar un minuto de su tiempo, lo que les provoca malestares estomacales, presión alta y dolores musculares.

Lamentablemente, nuestra cultura premia a las personas activas y rápidas  aunque sean superficiales, ya que todas las cosas que se hacen ahora son para satisfacer necesidades inmediatas y  para que  se vuelvan obsoletas en poco tiempo.

La comida rápida, la moda efímera, los entretenimientos pasajeros, las relaciones ocasionales, los viajes relámpago donde se seguirá el mismo ritmo de vida imparable;  nos van condicionando a  prestar atención sólo a nuestras más mínimas necesidades y a dejar de lado cualquier otra cosa.

El celular se ha convertido en el cordón umbilical que nos permite conectarnos con todo el mundo sin comprometernos en absoluto con ninguno.

2018/06/12

UNA DISTRACCIÓN FATAL - Psicóloga Malena Lede


Los seres humanos somos falibles e imperfectos y desgraciadamente a veces podemos cometer graves errores que pueden  malograr la vida de nuestros seres más queridos.

Una impactante noticia del exterior nos estremece: la hija más pequeña de sólo 19 meses, de un conocido esquiador europeo, durante una recepción, muere ahogada en una pileta.

Lamentablemente estos accidentes, que se podrían evitar,  son frecuentes.

Los niños ponen a prueba los cuidados más rigurosos, desean explorar, tener nuevas experiencias, divertirse tanto como nosotros, por eso pueden desaparecer de la vista de sus mayores en un instante, más cuando son pequeños.

Las piletas son trampas mortales para los niños, por eso existen en muchos países reglamentaciones que exigen que las piscinas deben contar con una baranda protectora que sólo permita el acceso por un lugar determinado y que cubra el resto del perímetro.

Claro que en una casa elegante, la pileta, además de ser un lugar para disfrutar, también tiene un valor decorativo, a lo que muchos propietarios no están dispuestos a renunciar,  con el grave peligro que ello implica tanto para la propia familia como para las visitas.

Estas experiencias dejan secuelas que no se borran fácilmente y un sentimiento de culpa en todos los responsables que de uno u otro modo los acosará el resto de sus vidas.

Los traumas por accidentes siempre son difíciles de olvidar principalmente porque se podían haber evitado.

No se puede confiar en un niño de menos de dos años en un lugar que no es su casa, ni actuar como si no existiera.

Conozco a una madre que perdió a una hija de tres años al caer de una terraza mientras la empleada doméstica colgaba la ropa.

La empleada adoraba a esa niña, sin embargo, sólo bastó un minuto o menos para que ocurriera la tragedia.

Es cierto que en este mundo estamos todos en la cuerda floja y no siempre podemos controlarlo todo, pero creo que tenemos que tener más conciencia de los riesgos que existen a nuestro alrededor y de nuestras responsabilidades como padres.