2019/06/09

VIRTUOSOS o NO VIRTUOSOS - PSICÓLOGA MALENA LEDE

Muchos aspiramos a ser virtuosos, entendiendo por virtuosismo lograr vivir con honestidad, siendo bondadosos, justos, generosos, teniendo respeto por la autoridad,  coraje para afrontar la adversidad y dominio de nosotros mismos. Sin embargo, esto no es nada fácil, en un mundo que ha perdido los valores, lleno de personas individualistas que sólo piensan en sí mismas.

No sólo es difícil ser virtuoso porque vivimos rodeados de malas intenciones sino porque todas nuestras buenas intenciones tienen que luchar contra nuestras propias pasiones que llegan a superar la razón.

Benjamín Franklin, nacido en Boston en 1706, fue un genio y también un hombre exitoso, se destacó en distintas áreas entre ellas la electricidad (inventó el pararrayos), en los negocios, en la política y hasta en la diplomacia.

Él estaba convencido que todo lo que había obtenido había sido gracias a  haber llevado una vida virtuosa.  No se trataba de tratar de ser un puritano reprimiendo su sexualidad, ni de hacer donaciones a los pobres, ni de ser masoquista, sino de hacer una vida buena dedicada a realizar todo su potencial y el potencial de todo las cosas que veía a su alrededor para poder aprovecharlo.

Franklin cuenta en su autobiografía, que las virtudes se pueden aprender mediante la repetición y estaba convencido que gracias a haber llevado una vida lo más virtuosa posible había sido muy feliz hasta su muerte a los ochenta años.

Llegó a admitir que aunque muchas veces falló en su intento de perfección, le resultaba igualmente eficaz para el éxito de sus empresas cultivar la apariencia de la virtud aunque ocasionalmente no fuera la verdadera naturaleza de su carácter.

Claro que esto no era ninguna novedad ya que tanto Buda , como Confucio, otras religiones,  los filósofos griegos y la mayoría de las culturas sostenían el mismo principio.con respecto al comportamiento virtuoso y a la felicidad que proporcionaba.

Todos estos pensadores consideraban que la educación moral otorgaba la sabiduría de poder distinguir lo correcto de lo incorrecto de cada situación y hacía más feliz la vida de los seres humanos.

Actualmente, los valores humanos ya no son parte de la educación, por lo tanto si las experiencias no brindan un marco de comportamiento adecuado para la supervivencia general y particular, estamos criando futuros psicópatas.

La experiencia nos enseña que cada comportamiento tiene una consecuencia y que son pocos los que devuelven bien por mal; que tenemos que evitar ser deshonestos, injustos, egoístas o crueles porque todo vuelve multiplicado y que antes de actuar en forma impulsiva tenemos que razonar.

Los antiguos sabían lo que actualmente confirman los algoritmos; que si no cometemos delitos y respetamos las leyes y no nos relacionamos con criminales o ladrones es altamente improbable que suframos un ataque violento.  Lo dicen las cifras que proporcionan las computadoras, que no pueden mentir.











 



2019/06/03

LA VIDA ÚTIL SE ALARGA - PSICOLOGÍA MALENA LEDE

Actualmente es común ver a mucha gente mayor moviéndose en la ciudad con destreza y soltura, realizando trámites, yendo a los bancos, viajando en transporte público,  haciendo compras, disfrutando de viajes turísticos, tomando café en los bares e incluso participando de la vida activa realizando algún trabajo remunerado.

Es un hecho que la vida útil de la gente se está prolongando, a pesar del estrés, de la comida chatarra, de la contaminación, de los problemas económicos y de la soledad, que es la más nociva de las condiciones que pueden llegar a sufrir los mayores.

Sin embargo, el hueco que dejan los hijos que se van, a pesar del peso de los años, se va llenando de nuevas alternativas que alivian el hecho de quedarse solo y que le dan un nuevo sentido a la vida.

Los ancianos hoy en día concurren a gimnasios, hacen yoga o taichi, se reúnen, realizan todo tipo de actividades culturales, estudian idiomas y hasta son capaces de comenzar carreras universitarias y terminarlas.

Se produce la paradoja de ver ancianos muy activos que todavía quieren seguir creciendo y a la vez  jóvenes sin rumbo y sin motivación, que no logran interesarse por nada, que sólo piensan en salir con sus amigos que como ellos también no se deciden a hacer algo útil con sus vidas, y que se pasan el día durmiendo hasta tarde, tomando cerveza, o frente a la pantalla de un televisor viendo películas apocalípticas, mientras  la vida pasa a su lado sin que apenas se den cuenta.

Su vida afectiva tiene las mismas características de la comida rápida, de disfrutar sin saborear, y tratando a las personas como cosas para usar y tirar.

No se comprometen, no se casan, no crean vínculos sólidos, sólo tocan y se van, porque piensan en general que todavía tienen mucho tiempo por delante para atarse a alguien, para trabajar en serio, para tener hijos, para animarse a ser adultos de una buena vez.

Aunque la vida se haya prolongado, los ciclos de la vida no se han modificado y antes de darse cuenta ya son demasiado grandes para tener parejas todavía fértiles y tener hijos chicos,porque además se han acostumbrado a no tener ataduras, y a vivir una vida vacía sin ningún sentido trascendente.

La vida ha cambiado en muchas áreas y eso está bien, existen mayores posibilidades de acceder al confort, de viajar, de divertirse, de disfrutar de muchas cosas interesantes, siempre que ese cambio favorable no implique el fin de la familia, la falta de compromiso en el trabajo y los condene a todos a una vida solitaria y egocéntrica.

Los seres humanos son sociales, no pueden sobrevivir solos, necesitan a los otros para poder expresarse e identificarse y para llegar a distinguirse..

El hedonismo es un callejón sin salida y sólo satisface fugazmente porque luego, a veces demasiado tarde, crece la necesidad de volver a la realidad, de conectarse con los otros y de crear vínculos, de comprometerse con una actividad que permita expresar la propia vocación y así tener la oportunidad de participar para crear nuevas realidades que hagan posible un mundo mejor.

2019/03/31

EXTRANJEROS QUE INGRESAN AL PAÍS Y ARGENTINOS QUE EMIGRAN - Psicología Malena Lede

Actualmente vienen a radicarse en Argentina muchos inmigrantes, tanto de países limítrofes como también de otros países de Sudamérica.

Afortunadamente para nuestro país, desde el punto de vista económico, ingresan personas jóvenes, hecho que sin duda alguna nos beneficia en muchos sentidos.


Argentina tiene un gran potencial económico sin embargo cuenta con una población reducida,  no obstante su extraordinaria riqueza,  la mayoría concentrada en la capital del país, .


Las corrientes de inmigrantes y también de emigrantes siempre han existido, muchas veces por cuestiones políticas y también económicas, fenómeno que a mi entender, lejos de perjudicarnos nos enriquece.


Los jóvenes que emigran tienen la oportunidad de conocer otras culturas; porque una cosa es leer lo que dicen los libros o los periódicos y otra muy diferente insertarse personalmente en ciudades lejanas y desconocidas,  con diferentes costumbres, distintas historias y en los que se hablan otros idiomas.


La experiencia de vivir en otro país exige un proceso de adaptación que no siempre es fácil pero que la mayoría está dispuesta a enfrentar aún viéndose obligados a desempeñar actividades que tal vez jamás estaría dispuesta a realizar estando en su propio país.


Así es probable que muchos egresados de prestigiosas universidades que han logrado no sin esfuerzo un título académico estén dispuestos a desempeñarse como personal de servicio, lava platos, meseros, niñeros etc., en otros países,  con tal de tener la oportunidad de vivir esa experiencia.


Viajar por placer no es una posibilidad que pueden tener todos; pero viajar con el propósito de trabajar haciendo cualquier actividad sin prejuicio alguno para conocer el mundo y recorrerlo puede estar al alcance de muchos que no temen enfrentarse con lo desconocido y que pueden confiar ciegamente en si mismos.


Desempeñarse en tareas manuales, como lavar platos, cocinar, limpiar casas, servir las mesas de los restaurantes, o trabajar en el campo, pueden ser experiencias que permite valorar más la propia condición personal y comprender las de otros menos afortunados.


Vivir en otros países nos enseña a valorar mucho más el propio lugar donde se ha nacido; comprender mejor los cambios, las dificultades, los obstáculos y cada momento histórico.


Hay quienes solamente aprenden a comportarse en forma civilizada conociendo otros lugares, con leyes más estrictas, que se cumplen, donde existe más respeto entre las personas y donde no se tolera con tanta liviandad el delito.


No todos los que emigran suelen quedarse definitivamente; muchos vuelven enriquecidos por valiosas experiencias y con mayor madurez para enfrentar la vida en su propio país viéndolo con otros ojos, los ojos de la experiencia que son los que más ven con claridad las diferencias.