2013/06/05

El agujero de gusano (Cuentos para pensar)



Según la teoría de la relatividad de Einstein, el tiempo no es absoluto sino relativo al espacio, por lo tanto, desde el punto de vista teórico, el hombre podría viajar en el tiempo a través de un agujero de gusano y conectarse con otro espacio y otro tiempo, o con otro universo.

Un agujero de gusano sería un camino alternativo más rápido en el hiperespacio, dimensión que produce la gravedad y la distorsión del tiempo.

Se podría viajar al futuro pero no al pasado, porque un viaje al pasado podría producir la paradoja de impedir que naciéramos y si eso ocurriera, no existiríamos, por lo tanto, tampoco podríamos viajar al futuro.

Pero como la realidad supera no sólo la ficción sino también cualquier teoría, cierto día sucedió un hecho sin explicación en una línea de subterráneos de la ciudad de Buenos Aires, relacionado con todo esto.

Esa mañana Ramiro tomó el subte de la línea “D” en la Estación Plaza Italia, como lo hacía habitualmente.

Se sentó en el primer asiento del primer vagón, desde donde podía ver las vías por donde circulaban los trenes, porque siempre le había gustado observar cómo penetraban desafiantes la sombría oscuridad del túnel hasta emerger en la lejana claridad que anunciaba la siguiente estación.

Pero ese día, de pronto, el tren aceleró su marcha de una manera inusual hasta adquirir proporciones dantescas; las luces del túnel se convirtieron en rayas y todos los pasajeros quedaron suspendidos en el aire como si estuvieran en un ambiente de ingravidez.

Por fin, fue descendiendo la velocidad hasta que el tren paró; pero ya no estaba sobre las vías ni en el túnel sino en plena calle de una extraña ciudad que parecía haber surgido de una novela de ciencia ficción.

Todos salieron del tren como sonámbulos, sin poder creer lo que les estaba pasando mientras observaban con curiosidad a algunos transeúntes que eran transportados por cintas mecánicas por las veredas.

Vehículos de todos los tamaños surcaban los cielos a distintas alturas y al llegar a sus destinos se posaban suavemente sobre altas plataformas.

Una poderosa luz los iluminó desde arriba dejándolos inmóviles; eran fuerzas de seguridad locales, que al descubrir la extraña formación y sus pasajeros, habían acudido para indagar sobre su procedencia.

Todos fueron interrogados y posteriormente los inspectores pudieron comprobar que se trataba de viajeros en el tiempo, usuales en esa época.

Ramiro había leído que los agujeros de gusano pueden aparecer y desaparecer rápidamente y que viajar en el tiempo a través de ellos era algo imposible, sin embargo, al ser rescatados por esos hombres, se enteraron que imprevistamente, debido a un fenómeno astrofísico, se habían trasladado a la Tierra, pero mil años en el el futuro y que habían aterrizado en un nuevo continente, emergido en el medio del Océano Atlántico.

La mayoría de los pasajeros del tren estaba demasiado excitada por los acontecimientos como para sentir nostalgia del pasado. Al contrario, tenían avidez de conocimientos y no cesaban de hacer preguntas.

La Tierra era un solo país y no había fronteras, sin embargo, cada grupo étnico era libre de mantener sus antiguas tradiciones, su religión, sus idiomas o dialectos.

No existía el trabajo como forma de ganarse la vida, sino la posibilidad de desarrollar las propias capacidades individuales sin fines de lucro.

Sólo trabajaban los líderes, elegidos por una computadora según su trayectoria y sus conocimientos específicos, cuya tarea era el diseño de la administración durante su gestión.

Existían dos posturas políticas opuestas que se alternaban automáticamente, para la ejecución de un plan de acción cada cuatro años, siendo su única tarea cambiar el programa de la computadora y vigilar su funcionamiento, dado que era la máquina la que tomaba las decisiones.

Como las computadoras tenían la velocidad de la luz, eran invulnerables, por lo tanto era imposible la corrupción en ese contexto; y porque además, ya no existía más el dinero sino las tarjetas de crédito y como el avance de la tecnología y el descubrimiento de una fuente inagotable de energía sin costo alguno, lo permitía, todos gozaban de amplio crédito.

El alto nivel de conciencia logrado por el hombre, lo mantenía totalmente dedicado a la creatividad, el arte, la música, el esparcimiento, los amigos y la familia, de modo que al no ser sus necesidades materiales prioritarias y disponiendo de tiempo para criar a sus hijos, fueron desterrados para siempre la violencia, el hábito del consumo de drogas, el afán de acumular cosas y de competir; la envidia y la ambición; y con el tiempo también fueron desapareciendo los dramas familiares, las discusiones, el maltrato, el robo y el asesinato.

Las antiguas cárceles se convirtieron en museos, porque ya no había más presos, representando esos edificios los patéticos recuerdos de antiguas civilizaciones salvajes que se mataban unos a otros por la posesión de territorios, por creencias religiosas, por ideas políticas o por dinero.

Los pasajeros de la formación que desapareció en el viaje desde la Estación Plaza Italia hacia Palermo, podían volver, porque ya existía la tecnología disponible para hacerlo, sin embargo, rechazaron por unanimidad la propuesta, porque decidieron quedarse, aunque tuvieran que desprenderse de todo lo conocido y de sus afectos.

Malena

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